Los móviles de Calder son una escultura cinética con movimiento que fue creada por el artista y escultor Alexander Calder que por lo general cuelga del techo (los que no cuelgan, se llaman “standing mobile”, algo así como “móvil de pie”). Estos  móviles están compuestos por piezas que suelen tener formas abstractas, y son movidos por un motor o simplemente por las corrientes de aire.

 Entre los datos curiosos que pueden tener esta obra se encuentra que  esta escultura animada fija nuestra atención y estimula nuestra imaginación de las personas que la observan, y aunque en la actualidad numerosas marcas comerciales utilizan el principio del móvil de Calder para sus campañas publicitarias. En Lieja, la ciudad belga junto al Mosa, existe un móvil de Calder, cuyos movimientos están coordinados con unos juegos de luz y de música.

Es importante que sepamos que Alexander Calder fue un ingeniero y escultor estadounidense que durante su carrera artística se trasladó a París en los años 20 y comenzó a crear figuras de animales en madera y alambre. 

A medida que fue pasando el tiempo pasó de algo simple hasta llegar a la abstracción, donde  descubrió que ganaban en dinamismo si se movían en realidad. Es allí donde nacieron sus innovadores móviles o chupin (juguetes móviles colgantes), que acabarían por ser el germen de la escultura cinética.

Sus móviles (bautizados así por Marcel Duchamp) eran complejas estructuras de formas orgánicas abstractas, que por lo general se encuentran suspendidas en el aire, donde se balancean de forma suave y armónica. El movimiento rotatorio, casi imperceptible, consigue que las piezas de esas esculturas van cambiando de forma, haciendo infinitas esculturas de una sola.

A su vez el artista se interesó por las sombras que proyectaban sus móviles, tan cambiantes como la pieza en sí, por lo que empezó a cuidar la iluminación de los espacios expositivos. Además, otro factor interesante y novedoso fue el sonido, y lo tuvo en cuenta en sus obras, ya que estas estructuras chocaban unas con otras.

Una influencia básica en su obra, además de Arp, fue la de Mondrian, artista que le causó un gran impacto por su serena sencillez y sus colores puros. A modo casi de homenaje, Calder apenas se sirvió de colores en su obra. Negros y blancos fueron sus favoritos, con el añadido ocasional de los tres primarios y un par de secundarios. Sin duda esta obra artística ha transcendido en el tiempo y aún se mantiene vigente.

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