Quizá la culpa de que ‘Secaderos‘ no me gustara como yo esperaba no sea de la película, sino mía propia. ¿Una obra española que mezcla la denuncia social, el ambiente rural tan propio de los últimos años y el fantástico? Suena extremadamente bien.

El problema es que la propia cinta se siente descompensada, y se centra más en el pesimismo y la rutina de ese pueblo granadino que en la parte más interesante y corta: la de esa niña que conoce a un monstruo formado de hojas de tabaco.

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Mi vecino Nicotoro

Cada una de las pocas escenas en las que aparece el monstruo, un pequeño gran prodigio de la técnica con un diseño arrebatador, es imposible no pensar en ‘Mi vecino Totoro’: la inocencia infantil rodeada de drama adulto que permite ver criaturas fantásticas que el resto no pueden, formadas, precisamente, por el destino, modo de vida y al mismo tiempo prisión de todos los que viven allí, en una industria cercana a desaparecer pero que aún resiste, como si fueran los últimos de su raza.

Sin embargo, su directora, la debutante Rocío Mesa, acaba centrándose más en la unidad de esa familia granadina, la protección de la naturaleza y los adolescentes atrapados en un mundo que no es todavía el suyo (y quizá nunca lo sea). La mezcolanza no es sutil ni está fabricada bordando con maestría, sino que parecen más unas ideas engoladas unas con otras, sin preocuparse de que emplasten correctamente y con la poca visión de hacer de menos a lo único que consigue hacerla original.

Secaderos

En los últimos años, y aunque su directora opine que solo han sido tres, hemos vivido un boom de películas rurales de todo tipo y color, desde cine costumbrista (‘Alcarràs’) hasta retratos de la modernidad chocando con la tradición (‘20.000 especies de abejas’) o incluso historias de psicópatas machete en ristre (‘Cerdita’). Una película de fantasía al mejor estilo Miyazaki hubiera sido un añadido espléndido a este pequeño universo que no tiene por qué encerrarse en sus propios tópicos y gastarse tan rápido como parece que lo está haciendo.

‘Secaderos’ se seca pronto

‘Secaderos’ es frustrante. Y no por sus puntos en común con el cine independiente español de los últimos años, o porque resuelva algunas situaciones de manera más abrupta que otros de sus coetáneos, sino por motivos puramente cinematográficos: los actores no profesionales no terminan de levantar la película y en ocasiones se asemeja más a una obra de teatro amateur y, al final del día, no hay ninguna escena con la que acabes enamorado o se te grabe en la cabeza.

Secad

Esta película es. Existe. Y está bien que lo haga, pero en su intento por dar un golpe en la mesa y cambiarlo todo en el género se ha quedado en tierra de nadie. Tiene momentos fabulosos (el viaje repleto de psicodelia, todas las secuencias deudoras del anime) pero se diluyen en un metraje que no termina de contar nada realmente y que nos suena a reiterativo. No es necesariamente culpa de Mesa: como he dicho al principio, el culpable de que la película no me apasionara soy yo y mis expectativas.

Al final, el cuento fantástico que el espectador desea ver queda reducido a la mínima expresión y la realidad mágica solo se deja ver en ocasiones, como si fuera el anexo de una cinta que, de otra manera, no conseguiría aportar nada al cine español rural de los últimos años. Y es una pena, porque la relación entre esa adolescente atrapada que sueña con ir más allá de las montañas y de esa niña que ve el pueblo como su parque de atracciones veraniego podría haber sido especial, sensible y única dentro de su antagonismo solo aparente.

Sin embargo, el guion no termina de atinar, como teniendo miedo de sumergirse totalmente en la fantasía e imbuirse de un espíritu Ghibli cuya capa más sólida le habría venido mucho mejor. ‘Secaderos’ está creada con mucho cariño en su interior, pero ni la mitad del olfato cinematográfico que podría tener: abre una vía más que interesante para el futuro del cine de género patrio pero se conforma con, simplemente, dejarla así y no terminar de pulirla. Quizá en la siguiente. Ojalá.

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