Ganador del Premio Nacional de Escultura de Venezuela en 1951, estudió en La Haya desde los 15 años; de nacionalidad neerlandesa y residenciado en Venezuela desde que se rehusó a servir a la milicia en 1947.

Dibujante por naturaleza y claro amante de las formas femeninas, comenzó su ejercicio como dibujante al llegar y residenciarse en Coro Estado Falcón al noroccidente de Venezuela. Posterior a esta experiencia se residencia en Caracas y a partir de algunos galardones comienza como profesor de Diseño en la Universidad Central de Venezuela.

«La vida es como un círculo y cuando uno se pone más viejo, empieza a pensar en su juventud», afirma. Se conoce que en vida fue un amante de las formas y el vacío, quiso establecer en cada una de sus «formas» la trascendencia que deja las Bellas Artes.

Viajará a Boston para residenciarse a inicios de la década del sesenta, aquí trabajará como aprendiz del escultor Pieter Starreveld.

Sus obras se han mostrado en todos los continentes. Abundaron los premios en vida y ahora luego de su reciente desaparición, en enero de este año, su legado cobra aún más fuerza: «Si yo desaparezco eso (sus obras) se queda».

Una forma de comunicarse, una cosa personal y una verdad que se va encontrando poco a poco, es lo que Zitman valora a la hora de fundir.

Esculpiendo mediante modelado, este artista nos regresa a la técnica muy poco valorada en las artes. Sin cincel ni martillo sus trabajos fueron mayormente dedicados a la figura femenina.

Con 89 años se despidió de la vida y solo fue a los 40 donde comenzó a esculpir, pero no le faltaron años para dejar un gran legado: «El universo femenino me quedó corto», destacó.

Hoy rendimos homenaje a un virtuoso del diseño de muebles, del dibujo y de la escultura. Recordamos además su espíritu de búsqueda, donde la mujer buscó la proyección obsesiva de la belleza en las manos del artista.

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