En plena ola de calor, el suelo de las terrazas puede sobrecalentarse con las altas temperaturas, convirtiendo esos espacios al aire libre en lugares incómodos que invitan a quedarse dentro del hogar al frescor del aire acondicionado. Hacer una buena elección de materiales a la hora de pavimentar los espacios exteriores es fundamental para hacer de ellos espacios duraderos, habitables y confortables en los que poder caminar descalzo incluso durante los momentos más calurosos del año.

Al escoger materiales naturales para los suelos, no solo favorecemos la comodidad, sino que también estamos garantizando una mayor eficiencia energética del hogar, reduciendo la dependencia de sistemas artificiales de enfriamiento. Una forma óptima de rebajar la factura de la electricidad y contribuir a un menor impacto medioambiental.

En este artículo enumeraremos cuatro opciones naturales y sostenibles para diseñar una terraza duradera, fresca y estética para el verano:  la piedra natural, la madera y el corcho.

Terraza con pavimento de piedra natural (travertino) de Cupa Stone.

La piedra natural

La piedra natural es un material altamente versátil tanto por sus propiedades como por la amplia gama de estilos en los que se comercializa. Mármoles, travertinos, areniscas, pizarras, calizas y cuarcitas se adaptan a cualquier necesidad de diseño, ofreciendo revestimientos eficientes con un bajo impacto ambiental y una larga vida útil.

Uno de los motivos por los que este material resulta idóneo para el diseño de espacios exteriores es su adaptabilidad a todo tipo de diseños. Se pueden encontrar piedras naturales en todo tipo de colores, desde blancos, beige o amarillos, hasta grises, marrones y negros.

También existen diversos acabados, siendo los más frecuentes el natural, el pulido, el abujardado, el apomazado o el envejecido. De entre ellos, el acabado natural ofrece un aspecto más rústico que conjuga a la perfección con la naturaleza. En el caso de exteriores con piscina, el acabado envejecido es una opción muy acertada, ya que genera una superficie antideslizante.

Sus propiedades naturales, entre ellas su resistencia a la flexión, su capacidad de aislamiento y su alta dureza, hacen de la piedra natural un producto de gran durabilidad, incluso ante condiciones exteriores adversas como pueden ser las altas temperaturas.

Además, este tipo de material se caracteriza por una fácil limpieza y una escasa necesidad de mantenimiento, una gran ventaja a tener en cuenta a la hora de diseñar espacios exteriores.

La madera

Los suelos de madera son una apuesta tradicional que nunca pasa de moda, con la que crear ambientes elegantes y acogedores. Este material no solo es parte de la naturaleza, sino que su utilización en los hogares permite reducir en gran medida el consumo en calefacción y aire acondicionado, ya que la madera no es un puente térmico, sino un aislante, lo que hace que la vivienda se mantenga fresca durante el verano y templada en invierno, consiguiendo así una mayor eficiencia energética.

En el mercado se puede encontrar madera de diferentes tipos y texturas. El ipé o el cedro son las mejores para colocar en zonas húmedas mientras que el abeto o el pino pueden ser más recomendables en zonas de exteriores con baja humedad. Todas ellas ofrecen acabados únicos con los que sentirnos conectados con la naturaleza.

A pesar de ser un material muy resistente, la madera sí requiere de un buen mantenimiento para aumentar su durabilidad, a diferencia de la piedra natural. Por ejemplo, este tipo de suelos son más sensibles a los ataques de insectos por lo que es importante aplicarle los tratamientos de prevención adecuados.

Además, como parte de su proceso natural, la madera tiende a cambiar su tonalidad con el paso de los años. Esto no supone un gran inconveniente, pero es un aspecto estético a tener en cuenta.

Terraza con tarima de madera. Imagen: Cupa.

El corcho

Otra opción sostenible para pavimentar espacios exteriores puede ser el corcho, un material 100% natural y 100% reciclable ya que su composición imputrescible y su resistencia a las variaciones atmosféricas le proporciona un ciclo de vida ilimitado.

Su estructura alveolar consigue que este material sea muy resistente a las altas temperaturas y a las sequías. Además, el corcho mantiene idénticas propiedades aislantes durante todo su ciclo de vida por lo que nos permitirá disfrutar de una terraza fresca durante muchos años.

Si tenemos niños, esta puede ser una excelente opción ya que su superficie blanda amortigua las caídas. De hecho, es el material estrella en los parques infantiles.

Otro de sus puntos fuertes es que su componente principal, la suberina, funciona como un insecticida natural. Esto hace que los suelos de corcho sean resistentes al crecimiento y la colonización de organismos, contribuyendo a incrementar la salubridad del ambiente.

Como desventajas a tener en cuenta, el corcho se puede rayar con mayor facilidad que otros materiales, por lo que puede que no sea la mejor opción si tenemos mascotas que puedan clavar en él sus uñas. Además, al igual que ocurre con la madera, si tienen una exposición muy directa al sol, los suelos de corcho cambiarán su tonalidad llegando incluso a decolorarse si no reciben un buen mantenimiento.

Suelo de corcho en terraza. Imagen: terra.org

Contar con un suelo aislante en los espacios exteriores ofrece beneficios notables en términos de confort, ahorro energético, durabilidad y sostenibilidad. Materiales naturales como la pizarra, la piedra natural, la madera y el corcho ofrecen una solución eficaz para crear exteriores agradables y habitables en los que mantenernos frescos durante las olas de calor al tiempo que fomentamos la sostenibilidad de nuestros hogares.

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