Olympia es uno de los desnudos más famosos de la historia del arte. La obra de Manet salió de París por segunda vez en un período de casi ciento cincuenta años para ser exhibida en el Museo de Pushkin de Moscú, donde la pieza del pintor parisino ha sido recibida con gran revuelo.

Irina Antonova, la presidenta del Pushkin, se siente sumamente complacida con la llegada de Olympia al museo moscovita, es la segunda vez que logran llevar una pieza emblemática del arte occidental a las instalaciones de su pinacoteca, ya que en el año 1974 lo lograron con La Gioconda de Leonardo Da Vinci, pieza que integra la colección permanente del Louvre.

Desde la presencia de La Gioconda en el Pushkin, a mediados de la década de los setenta, el museo ruso ha optado por un formato que se ha convertido en la clave de su éxito: exponer a una gran pieza central de renombre y reconocimiento internacional, acompañada de algunas obras de menor relevancia para contextualizar la muestra.

En el caso de Olympia, la directora del Pushkin lo considera una pieza fundamental en la que Manet no sólo introduce los primeros atisbos del Impresionismo, sino que además prepara el terreno para el surgimiento del arte moderno. Antonova la llama “la muerte de los dioses”, pues equipara a Venus con una mujer de carne y hueso, de “profesión concreta (prostituta).”

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