El cemento es el segundo material más consumido en el planeta por detrás del agua. Se trata además del material fabricado por el ser humano más abundante de la historia. Las cantidades de cemento que se utilizan cada año para edificar nuevas construcciones ascienden a cientos de miles de toneladas. Está por todas partes: nuestros hogares, carreteras y en casi todas nuestras infraestructuras.

Los principales motivos de su popularidad son su bajo coste, la sencillez de su producción y su buen resultado en la construcción: es altamente resistente y confiable.

Un proceso de fabricación altamente contaminante

Pero toda moneda tiene dos caras, y las bondades del cemento pasan totalmente a un segundo plano al tratarse de uno de los materiales más contaminantes del planeta. Poniéndolo en cifras, cada kilogramo que producimos de cemento implica la emisión de medio kilogramo de CO2 a la atmósfera. Entre el 5 y el 10% del total de emisiones del mundo proviene de la fabricación de este material.

Son varios los factores por los que la fabricación de cemento supone tal volumen de emisiones:

  • Durante la fabricación del cemento, se utiliza piedra caliza (carbonato de calcio) como materia prima principal. Para obtener el cemento, la piedra se calienta a altas temperaturas en un horno en un proceso llamado calcinación. Esto se logra a través de la quema de combustibles fósiles como el carbón o el gas natural. Durante este proceso, que requiere un gran consumo de energía, el carbonato de calcio se descompone en óxido de calcio (cal viva) y dióxido de carbono (CO2).
  • Además de la piedra caliza, se agregan otros materiales, como arcilla, arena y minerales para mejorar las propiedades del cemento. Estos materiales también pueden requerir procesos energéticamente intensivos para su extracción y procesamiento, lo que suma todavía más a las emisiones generales asociadas con el cemento.
  • Transporte y logística: El cemento y sus materias primas suelen ser transportados largas distancias desde los lugares de extracción y producción hasta los sitios de construcción. El transporte de estos materiales también consume combustibles fósiles y genera emisiones adicionales de CO2.

Leilac: en búsqueda de de la reducción de emisiones

Ante la cada vez más amenazante alarma climática, el Acuerdo de París estableció el objetivo de lograr la neutralidad en emisiones de carbono de aquí a 2050. El sector de la construcción, responsable del 40% de las emisiones del planeta, es sin duda una de las industrias en el punto de mira para el cambio.

A pesar de cada vez son más las alternativas de materiales de construcción naturales y sostenibles que conocemos y aplicamos, la demanda de cemento en todo el mundo es todavía tan grande que resulta casi imposible imaginar un total desuso de este material en el corto plazo.

Por ello, desde hace años se han dedicado esfuerzos a intentar reducir los efectos dañinos de esta industria. En esta línea, uno de los avances más destacados ha sido Leilac, un proyecto financiado con fondos europeos que, a través de una innovadora tecnología, es capaz de capturar carbono en el proceso de producción del cemento.

Este proceso, denominado «Calix», funciona calentando la piedra caliza con un reactor de acero especial, que permite separar y capturar CO2 puro conforme se libera de la piedra caliza y mantener separados los gases de escape del horno.

Según explica Daniel Rennie, coordinador del proyecto, lo que hace destacar a Leilac por encima de otras tecnologías de captura de carbono es que no implica procesos ni productos químicos adicionales. Por lo tanto, es un método muy económico.

Para poner a prueba esta tecnología, se construyó una planta piloto en la fábrica de HeidelbergCement, en Lixhe (Bélgica). Este ensayo inicial, realizado en 2022, tuvo el éxito esperado. Si bien aún no se ha llevado a su capacidad máxima, la planta piloto está diseñada para separar CO2 a una velocidad de aproximadamente 18 000 toneladas al año, el equivalente a las emisiones anuales de unos 10.000 coches.

Planta piloto en HeidelbergCement, en Lixhe (Bélgica). Imagen: Comisión Europea

El éxito del proyecto Leilac ha posibilitado este año la puesta en marcha de su sucesor Leilac2, en el que se aplica el proceso a mayor escala en una cementera en funcionamiento, con el objetivo de capturar el 20% de sus emisiones. Esto supone unas 100.000 toneladas al año, el equivalente a las emisiones anuales de aproximadamente 55.000 coches.

El objetivo del proyecto, en el que ya se lleva trabajando ocho años, es conseguir aplicarse en el futuro próximo al conjunto global de la industria cementera.

Alternativas sostenibles

Esta tecnología innovadora es sin duda una buena noticia y un importante paso de cara a la descarbonización del planeta. Pero a pesar de estos avances, debemos tener siempre en cuenta que la mejor forma de garantizar un bajo impacto ambiental en nuestras construcciones es apostar por aquellos materiales que, por naturaleza, son respetuosos con el medio ambiente.

Gracias a los avances en el sector de la arquitectura, hoy sabemos que existen infinidad de recursos naturales con excelentes propiedades para la edificación, de los que ya hemos hablado en muchas ocasiones en este blog. La piedra natural, la pizarra, la madera, la celulosa, las algas o incluso materias tan cotidianas como el arroz, la sal o las cáscaras de café son excelentes opciones para construir hogares de baja huella medioambiental.

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