Se estrena en cines ‘La ermita‘,  lo nuevo de Carlota Pereda, la directora de ‘Cerdita’ que se vuelve a acercar al terror, pero ahora desde una óptica de cine de fantasmas afín a Mike Flanagan y una amplitud de miras más abierta, con un claro espíritu comercial común al de producciones de Mediaset, pero que se las arregla para rascar en el fondo del género dando algunos destellos poco habituales en este tipo de producciones enfocadas a un público amplio.

Uno de esos sellos ineludibles es que está protagonizada por Belén Rueda, aquí en el papel de una médium de capa caída a la que Emma, una niña cuya madre tiene una enfermedad terminal, le pide ayuda para contactar con el espíritu de otra niña que murió en una ermita en el siglo XVII durante la peste española. La presencia de la actriz marca el tono y los límites de lo que vamos a ver, aunque su presencia es divertida por su actitud descreída y supera a otros de sus intentos de género recientes como ‘No dormirás’ o ‘El pacto’, aunque su reciente ‘Fenómenas’ es mucho más estimulante en conjunto.

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Un hombre-pájaro viene a verme

Lo que llama la atención es el cambio de registro de Pereda, que viene de hacer una crónica negra del medio rural convertida en comedia grotesca sobre bullying que aproximaba el Spanish Gothic a la era Instagram y hasta seguía cierta herencia de Tobe Hooper en un clímax que se hacía esperar. Es cierto que ‘Cerdita’ usaba la cubierta del género para hacer una comedia costumbrista que no acababa de explotar con la fiereza de sus referentes, pero sí era al menos incómoda y con ciertos toques de humor macabro que aquí no se replican.

‘La Ermita’, de hecho, no penetra demasiado en el acervo castizo, pese a transcurrir en el País Vasco lleno de leyendas, sino que se basa en una historia que sucedió en el College de Edimburgo en el que se decía que se oían voces y una médium japonesa proclamaba que era una niña que lloraba porque echaba en falta su muñeca, con lo que la gente empezó a dejarle juguetes. Sí que se basó en la ermita de Olite y el encierro de Pamplona, ya que en Navarra se sufrió mucho la peste en la Península, lo que enlaza con la leyenda de los hombres pájaro.

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Quizá lo más decepcionante de esto es que utilice a los demasiado explotados doctores de la peste y sus máscaras, que el cine de terror de los últimos años ha sobreexplotado en ‘The Harbinger’ o ‘La maldición de Bly Manor’ entre otras, y han dejado de tener demasiado impacto. Aún así Pereda imagina un par de escenas efectivas con efectos especiales muy bien realizados que asientan la conexión sobrenatural del proyecto, que al menos no mira hacia otro lado al afrontar sus elementos terroríficos, por muy dosificados que estén.

Detalles de eurohorror inesperados

También demuestra el guion que hay cariño y preocupación por los personajes, sean más complacientes a la galería o no, y tanto los pequeños elementos de humor como a construcción de sus motivaciones es sólida guste más o menos el estilo que propone. Es un poco decepcionante que el melodrama post-Bayona acabe tomando las riendas hasta lo lacrimógeno. Hay que empezar a reconocer el daño en el cine español de género de propuestas de sentimentalismo naftalina como ‘El orfanato’ y ‘Un monstruo viene a verme’, que hacen aquí un combo letal sobrevolando su tercer acto.

Con todo sería injusto no reconocer la buena dirección de Pereda y su consistencia de principio a fin, dejando algunos guiños al cine de terror más experto es incluso inesperadas referencias a ‘El engendro del diablo’ en su mitología, tanto en su prólogo como en su clímax con detalle de body horror de ascendencia Yuzna que supone un bálsamo para el exceso de sollozos de su parte final, también un recordatorio de lo que podría haber sido el proyecto de abrazar su lado más gótico y misterioso.

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‘La ermita’ es al mismo tiempo un trabajo competente y una oportunidad perdida. Una decepción como nuevo trabajo de una directora prometedora y una demostración de que tiene una innegable eficiencia también para encargos. No es ni mucho menos el desastre que se argumentó en festivales como San Sebastián o Sitges, simplemente tiene un target diferente al del fan del cine de terror y fantástico más militante, aunque los amantes de tiempos de un género más clásico, amable y menos agresivo quizá se encuentren con una sorpresa.

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