París,

A Julia Margaret Cameron la dieron a conocer en España la Fundación Juan March, a mediados de los ochenta, y la Fundación MAPFRE, hace ahora siete años, y una y otra exposición subrayaron los planteamientos experimentales y abiertos de su fotografía y su intensidad emocional: practicó un uso deliberado de la imperfección sin temer subvertir convenciones, aspecto que le valió tantos elogios como críticas.

Hasta el próximo 28 de enero, es el Jeu de Paume parisino el que rinde tributo a esta autora, nacida en Calcuta y de vocación tardía pero intensa, en la que es su primera gran retrospectiva en Francia en cuatro décadas: bajo el título de “Capturer la beauté”, se han reunido un centenar de sus imágenes, desde experimentaciones tempranas hasta sus composiciones de trasfondo histórico, alegórico o literario basadas en un manejo muy particular entonces del retrato. Sin miedo, como dijimos, al desenfoque ni al error, integró en su estilo el accidente en una producción que hoy nos resulta a la vez original y atemporal y que llevó a cabo en apenas una década, entre 1864 y 1875.

Julia Margaret Cameron. Annie, 1864. © Collection de la Royal Photographic Society en V&A
Julia Margaret Cameron. Annie, 1864. © Collection de la Royal Photographic Society en V&A

Planteada a partir de los fondos del Victoria & Albert Museum de Londres, una de las primeras instituciones que se interesó por la figura de Cameron y sin cuyas colecciones apenas puede esbozarse ningún recorrido por su obra, y contando con préstamos también de la Biblioteca Nacional de Francia, Orsay y la Maison Victor Hugo, esta muestra recuerda el recorrido vital de la artista en cuanto que resulta indisociable de su producción: hija de madre francesa y de padre empleado en la compañía británica de las Indias Orientales, en Bengala, contrajo matrimonio en 1838 con Charles Hay Cameron, un jurista veinte años mayor que ella, y en un principio se instalaron en Ceilán, donde poseyeron plantaciones de café, hasta que en 1848 se establecieron en Reino Unido (para entonces la pareja había tenido ya seis hijos).

En su nuevo hogar, el matrimonio entabló contacto con poetas, pintores y escritores fundamentales de la Inglaterra victoriana, y en 1859 adquirió dos cabañas en la isla de Wight donde tuvieron como vecino al poeta Alfred Tennyson, que se convertiría en amigo cercano. La pasión por la fotografía le llegaría a Julia Margaret Cameron con ocasión de su 48 cumpleaños: ese día, su hija le regaló su primera cámara y en los años siguientes realizaría más de un millar de imágenes (también publicó un libro y escribió una autobiografía que quedó inacabada y se editó póstumamente).

Julia Margaret Cameron. The whisper of the muse. © Collection de la Royal Photographic Society en V&A
Julia Margaret Cameron. The whisper of the muse. © Collection de la Royal Photographic Society en V&A

Tres secciones articulan la exhibición, centrada la primera en los comienzos de esa trayectoria breve pero fecunda: veremos en ella el primer retrato de Cameron, ejecutado con la técnica del colodión húmedo y dedicado a Annie Philpot, una joven a quien conoció en Wight. Por una inscripción, sabemos que lo consideró su primer éxito y, a partir de este trabajo, empezó a desarrollar un procedimiento particular que se ha llamado enfoque suave y que consiste en difuminar los contornos; posibilita una mayor proximidad a los modelos, en el caso de esta artista siempre humanos y próximos a ella. Un segundo apartado examina sus retratos, el género que más extensamente cultivó: marcados por la ternura, se los brindó sobre todo a mujeres, tanto a sus familiares como a su personal de servicio; una de las presencias recurrentes en sus composiciones es su sobrina Julia Jackson, madre de Virginia Woolf. También fotografió a escritores, científicos y artistas británicos esenciales de esa época, como el astrónomo John Herschel, el científico Charles Darwin, el citado poeta Tennyson y el artista George Frederic Watts.

Julia Margaret Cameron. The Astronomer John Frederick William Herschel, 1867. © Collection de la Royal Photographic Society en V&A
Julia Margaret Cameron. The Astronomer John Frederick William Herschel, 1867. © Collection de la Royal Photographic Society en V&A

No es complicado apreciar un aura religiosa en estas fotos, y ella misma la explicitó, asegurando la cercanía entre retratar y orar en sus procesos; además, sus referencias claras pasan por la iconografía devocional del Renacimiento italiano, la escultura clásica (los mármoles del Partenón) y la poesía de sus contemporáneos. La forma circular del tondo, que apreció en Miguel Ángel y Leonardo, la aplicó en imágenes como Mi nieta (1865).

Julia Margaret Cameron. My Grandchild aged 2 years & 3 months, 1865. © Collection de la Royal Photographic Society en V&A
Julia Margaret Cameron. My Grandchild aged 2 years & 3 months, 1865. © Collection de la Royal Photographic Society en V&A

Y el último capítulo del recorrido recoge sus ilustraciones de escenas de temática bíblica, mitológica, literaria (Shakespeare, Milton y Tennyson) o brotadas de su imaginación. Su serie Idilios del Rey según Tennyson fue quizá la más ambiciosa hablando de este tipo de obras, por la narratividad en su puesta en escena; la ropa atemporal de sus modelos, por cierto, también favorece la lectura simbólica o histórica de sus imágenes. En París, sus trabajos se completan con la presentación de la autobiografía Annals of My Glass House, de objetos personales y de una lente de su cámara adquirida en 1866.

Julia Margaret Cameron. La Madonna Aspettante, 1865. © Collection de la Royal Photographic Society en V&A
Julia Margaret Cameron. La Madonna Aspettante, 1865. © Collection de la Royal Photographic Society en V&A

Cuestionada en vida por su intencionada distancia respecto a las preocupaciones estéticas y técnicas dominantes (se sirvió de la fotografía como medio de expresión artístico y no documental, pretendió la belleza y optó por los grandes formatos, los claroscuros y los tiempos de exposición largos), en las últimas décadas Cameron es reivindicada como retratista innovadora -en ello tuvo que ver la monografía que Woolf le dedicó, en la que le achacaba una vitalidad indomable; parece que su carácter fue también excéntrico, generoso y autoritario-. Su producción, que ella misma articuló en retratos, madonnas y temas imaginarios, protagonizó exhibiciones internacionales ya en el siglo XIX, adquirió difusión comercial -necesaria para favorecer el mantenimiento de su familia, afectada por el declive de los cafetales de Ceilán-, y ella misma la difundió entre sus cercanos, amigos y mentores. Sin embargo, nunca aceptó encargos ni abrió un estudio al público: prefirió buscar sus propios asuntos de interés.

Comprobaremos en el Jeu de Paume que en 1864, y en apenas unos meses, ya consolidó Cameron un estilo propio del que no se alejaría: no se interesó por paisajes o naturalezas muertas, únicamente por la captación de la figura humana; trabajó fundamentalmente en su estudio y no al aire libre y voluntariamente se acercó a la literatura, la fe y los viejos maestros. Se le reprochó su ingenuidad y su supuesta introducción de la disciplina fotográfica en un carril imposible, pero estas imágenes, relegadas por la crítica durante la mayor parte del siglo XX, hoy son reconocidas como ejemplos del potencial sugestivo de la cámara.

 

Julia Margaret Cameron. “Capturer la beauté”

GALERIE NATIONALE DU JEU DE PAUME

1, place de la Concorde

París

Del 10 de octubre de 2023 al 28 de enero de 2024

 

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