El 23 de febrero de 1653 se estrenó en
París el Ballet Real de la Noche, un espectáculo que se extendía hasta el
amanecer y conjugaba danza, música, poesía, textos y hasta comida. Fue un
evento extravagante, al que asistieron la corte francesa y embajadores de
diversos lugares de Europa. 

El momento estelar ocurrió cuando el rey Luis
XIV, entonces un adolescente de 14 años, apareció en escena caracterizado
como el dios Apolo: ataviado con un fastuoso vestuario, irrumpió como la
luz entre la oscuridad al comenzar el día. Fue la llegada del Rey Sol.



Luis XIV fue un avezado bailarín y esa fue la primera entre decenas de
actuaciones que ofreció en su vida, pero no solo fue un hecho artístico.
Ocurrida un año antes de su coronación, su aparición protagónica también fue
una declaración política en una Francia que había vivido años de
revueltas, que incluso habían puesto en peligro la vida del joven rey. A partir
de entonces, comenzó un periodo en que la monarquía recuperó su autoridad y su
influencia cultural se expandió mucho más allá de sus fronteras.

En su próximo concierto, Syntagma Musicum Usach mostrará cómo ese
esplendor monárquico se reflejó a través del sonido y el baile: Música en
tiempos de Luis XIV y Luis XV. El apogeo del estilo barroco francés es el
programa que el grupo de música antigua interpretará este miércoles 10 de
enero (19:30 hrs.) en el Teatro Aula Magna Usach, en la última
presentación de su temporada 2023. Las entradas son gratuitas y se encuentran en el sistema
Portaltickets.

“La música francesa tiene un lugar especial en el Barroco y está esencialmente
ligada al absolutismo de Luis XIV, cuando se convierte en una manera de
manifestar el poderío francés frente a la Europa de ese tiempo. La música
se tornó un discurso político”, explica Jaime Carter, clavecinista
de Syntagma Musicum Usach. “Después vino Luis XV, que
personalmente no encarna la figura de la Ilustración, pero sí vive el
periodo en que Francia ya está muy efervescente por todos sus problemas
sociales y por la influencia de nuevas ideas que van a llegar hasta la Revolución
Francesa”.

Ese periodo, entre los siglos XVII y
XVIII, es el que abordará el conjunto a través de una decena de piezas
compuestas por autores que vivieron al alero de la monarquía: Marin Marais (1656-1728), François
Couperin (1668-1733), Robert de Visée (1655-1733), Marc-Antoine
Charpentier (1634-1704), Jacques-Martin Hotteterre (1674-1763), Jean-Marie
Leclair (1697-1764) y Jean Baptiste Lully (1632-1687). Con
el Palacio de Versalles como principal núcleo, todos ocuparon cargos
en la corte y hasta cumplieron funciones domésticas. De Visée, por
ejemplo, llegó a tocar tiorba, laúd o guitarra en la alcoba del rey, durante
sus momentos de descanso.

Vocales e instrumentales, buena parte de esas piezas están directamente ligadas
con el baile: “El ballet tenía una importancia principal en la corte francesa. Luis
XIV era un gran bailarín y su principal compositor, Lully, era de
origen italiano, llegó como bailarín y fue el creador del estilo francés”,
explica Rodrigo Díaz, tiorbista de Syntagma Musicum Usach. “En
las obras que vamos a tocar hay mucho de danza. Una de las obras de Marais y
la suite de Hotteterre son danzas. Incluso la chacona de De Visée que
voy a tocar solo con la tiorba es una danza”.

El programa también contempla parte de la música que Charpentier y Lully escribieron
para El burgués gentilhombre (1670) y El enfermo
imaginario (1673), dos clásicos de Molière, y una pieza que luego fue
inmortalizada por el cine: Sonnerie de Sainte-Geneviève du Mont de Paris,
de Marais, que destaca en la banda sonora que Jordi Savall grabó
para la película Todas las mañanas del mundo (1991), dirigida
por Alain Corneau.

“El estilo francés se caracteriza por su refinamiento y por su ornamentación”,
subraya Rodrigo Díaz. “También se puede entender en comparación con
la otra gran rama del Barroco, que es la música italiana”, añade Jaime Carter.
“Francia no vivió el esplendor que había tenido Italia en el Renacimiento,
entonces tuvo que buscar su propio lenguaje y oponerse a ciertas cosas. Acá
no hay mucho virtuosismo, por ejemplo, y otra cosa es cómo la acentuación de la
lengua francesa fue traspasada a la música, incluso cuando no había
textos”. 

Décadas más tarde, la ruptura que significó la Revolución Francesa también
tuvo un efecto en la música. No solo cambiaron los estilos y repertorios, sino
que incluso hubo instrumentos que quedaron virtualmente proscritos. “Le
cortaron la cabeza a Luis XVI, quedó totalmente abolido el antiguo régimen
y hubo instrumentos que dejaron de usarse, como el clavecín y la viola da
gamba. Eran demasiado simbólicos de la época monárquica”, concluye Jaime
Carter.

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