En 2020, una pequeña película indie de ciencia ficción financiada por crowdfunding hizo mella en el Top 10 de Netflix, ‘Code 8‘ fue un pequeño éxito, lo que aparentemente fue todo lo que la plataforma necesitaba para dar luz verde a la continuación de título más bien pragmático ‘Code 8: Parte II‘. Bueno, más o menos: la secuela estaba programada para ser una serie de Quibi, pero cuando fracasó el proyecto se quedó en casa.

Ahora tenemos una película de verdad en lugar de una docena de pequeños fragmentos y Jeff Chan, el guionista y director ha vuelto a contar Robbie Amell y Stephen Amell, los primos protagonistas, que vuelven a ser los actores principales. La primera fue una película de bajo presupuesto que no estaba nada mal, ahora se ha aumentado la escala y presupuesto y se ha hecho un trabajo de continuidad con las raíces de humildes de la franquicia, que le dan un aire callejero interesante y más entidad a los efectos especiales.

Una distopía cercana

El mundo que presenta no está muy lejos de donde estamos ahora. El 4% de la población nace con superpoderes y, al estilo de los mutantes de Marvel, son rechazados por el resto de la sociedad: forman parte de la clase trabajadora pobre, y a los policías, sobre todo a los corruptos, les encanta acosarlos, acorralarlos y enviarles a sus agentes robóticos, más o menos ‘Robocops’ con forma de perro.

Han pasado cinco años desde el final de la primera película, Connor (Robbie Amell), un eléctrico, fue a la cárcel para cubrir a Garrett (Stephen Amell), un telequinético que dirige una red criminal que distribuye psyke, una droga hecha a partir del líquido cefalorraquídeo de PWPs (personas con poderes). Connor sale de la cárcel y quiere volver al buen camino. Mientras, los policías, dirigidos por el corrupto sargento «King» Kingston (Alex Mallari Jr.), están eliminando a los robots por perros robot programados para no ser letales.

Hay dos personajes nuevos, pero la importante es Pavani (Sirena Gulamgaus), de 14 años, que puede controlar y manipular cosas de naturaleza electrónica, entrando en la vida de los dos conocidos por el público porque la policía mata a su hermano y comienza una especie de ‘Único Testigo’ en una ciudad corrupta. Sigue teniendo mucho parecido con el cine de superhéroes más realista, pero la introducción de robots le da una personalidad que la alejan de otros productos postMarvel, aunque muchos se parecen al odiado ‘Chappie’.

Code2

‘Code 8: Parte II’  cuenta con una dirección, un ritmo y unos efectos visuales superiores a la anterior pero quizá no le llega para ser un gran estreno de cine. Es muy entretenida, conceptualmente sólida, explora la idea de los poderes sobrehumanos en un entorno realista mejor que muchas serie de Marvel y hace cosas a mediana escala con un presupuesto reducido de forma admirable. Le falta alguna gran escena de acción o un clímax espectacular, pero engancha y su integración del CGI hace palidecer muchos estrenos de la gran pantalla. Si hacen una tercera no es una mala noticia.

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