En la lucha contra el cambio climático, la eficiencia energética en los edificios juega un papel fundamental. Como ya apuntábamos en nuestro post anterior, el sector de la construcción es uno de los grandes responsables de la huella ambiental europea. Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), los edificios residenciales representan aproximadamente el 40% del consumo energético total en Europa. Además, se estima que alrededor del 75% de los edificios existentes en la Unión Europea son energéticamente ineficientes, lo que implica un derroche de recursos y un aumento de las emisiones contaminantes.  

En este contexto, la Comisión Europea lleva varios años tomando medidas para abordar el desafío medioambiental del sector introduciendo nuevas normativas. La más reciente, aprobada en marzo de 2023, obligará a todas las viviendas de los Estados miembros a obtener un certificado de eficiencia energética D en un plazo de diez años. De ella os hablamos en nuestro artículo de hoy.  

La nueva norma de certificación energética

Las certificaciones de eficiencia energética son elaboradas por expertos y empresas autorizadas que analizan y evalúan los diferentes elementos que afectan el consumo de energía en una vivienda o edificio, como los sistemas de climatización y ventilación. En la actualidad, estos certificados son obligatorios en muchos países de la Unión Europea.

Para que sean más comprensibles, estas certificaciones incluyen en su primera página una etiqueta identificativa. Esta proporciona de manera clara y sencilla la calificación obtenida por la propiedad en dos categorías que van de la A a la G, siendo la A la más alta y la G la más baja. La etiqueta también brinda información sobre el consumo de energía y las emisiones de dióxido de carbono (CO2) del edificio en condiciones normales de ocupación y uso. Si una vivienda es clasificada con una A, significa que consume un 90 % menos de energía que cualquier otra calificada con otra letra inferior. Una vivienda de clase B consume un 70 % y una de clase C, un 35 %.

Con el objetivo de cumplir los Estándares Mínimos de Eficiencia Energética para alcanzar el 100% de edificios de cero emisiones en 2050, la Unión Europea acaba de publicar la nueva modificación de la Directiva Europea de Eficiencia Energética de los Edificios (EPBD).

Según dicta la norma, a partir de enero de 2030 todas las viviendas deberán contar con un certificado de eficiencia energética de al menos la clase E.

La normativa, que se prevé que esté aprobada entre finales de 2023 y 2024, también establece otros plazos adicionales: a partir de enero de 2033, todas las viviendas deberán alcanzar al menos la clase D en su certificación de eficiencia energética. Para 2040, esta deberá ser A o B.

¿Cuál es la situación en España?

En el año 2010, la Unión Europea puso en marcha las primeras disposiciones para transformar el suelo construido en parques inmobiliarios con alta eficiencia energética y descarbonizados antes de 2050. A partir de este momento, todos los Estados miembros tuvieron que comenzar a elaborar estrategias a largo plazo para contribuir a este objetivo.

Siguiendo esto, en 2017, la legislación española, en trasposición de las normativas europeas vigentes en aquel momento, estipulaba que en el año 2020, todos los edificios nuevos tendrían que ser de consumo de energía casi nulo.

En los últimos años, el reto se encuentra en la rehabilitación energética del suelo ya construido, un objetivo que ahora pisará el acelerón con las nuevas disposiciones. En nuestro país más del 80% de edificios y viviendas tienen más de cinco décadas y cuentan con una calificación energética E, F o G, según datos del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE).

¿En qué consiste la rehabilitación energética de un hogar?

Transformar energéticamente nuestros hogares es más fácil de lo que pueda parecer gracias a distintos planes puestos en marcha por la Administración. Uno de ellos es el Programa de ayudas para la rehabilitación integral de edificios residenciales y viviendas, financiado por la Unión Europea. A través de este plan se espera ejecutar 510.000 actuaciones de rehabilitación, lo que implica un ritmo medio de 71.000 viviendas al año. En 2019 se rehabilitaron algo más de 31.100 hogares, una cifra que el Gobierno pretende multiplicar por diez de aquí a 2030, llegando a las 300.000 viviendas al año.

A través de esta y otras líneas de ayudas concedidas por el Gobierno se pueden realizar múltiples actuaciones en los hogares para ganar eficiencia energética. Algunas de ellas son:

  • Mejora del aislamiento y la carpintería de los edificios.
  • Instalación de ventanas con doble acristalamiento.
  • Digitalización.
  • Instalación de placas solares y fotovoltaicas.
  • Aerotermia.
  • Mejora de accesibilidad a los edificios.
  • Retirada de amianto.
  • Mejora de zonas verdes.

Beneficios que van más allá de la sostenibilidad

Mejorar la eficiencia energética de las viviendas no solo tiene un impacto positivo en el medio ambiente, sino que también conlleva una serie de beneficios económicos y sociales significativos.

  • Ahorro energético y reducción de costos: Al implementar medidas de eficiencia energética se consiguen facturas de energía más bajas, lo que a su vez ayuda a mejorar la capacidad adquisitiva y reduce la pobreza energética.
  • Mayor seguridad del suministro energético: Al disminuir la demanda de energía, se reduce la dependencia de fuentes de energía importadas y se fomenta la diversificación del mix energético, favoreciendo la utilización de fuentes renovables y menos contaminantes.
  • Mejora del confort y la calidad de vida: La eficiencia energética no solo consisten reducir el consumo de energía, sino también en mejorar el confort y la calidad de vida de los ocupantes de las viviendas. Al implementar medidas de eficiencia, como un mejor aislamiento térmico, ventanas de doble acristalamiento y sistemas de ventilación eficientes, se logra un ambiente interior más confortable y saludable. Esto se traduce en una temperatura más estable, una mejor calidad del aire interior y una reducción de problemas como la condensación y la formación de moho. Además, las viviendas eficientes energéticamente suelen tener una mejor calificación en términos de eficiencia acústica, lo que contribuye a un entorno más silencioso y tranquilo.

Aunque el reto que se plantea es ambicioso, gracias a las nuevas normativas y planes de ayuda cada vez estamos más cerca de un mundo en el que nuestros hogares no supongan la huella ambiental que ahora tienen. Esperamos que esta normativa impulse la innovación y la adopción de tecnologías más eficientes en el sector de la construcción, lo que a su vez creará oportunidades de empleo y contribuirá a la transición hacia la tan ansiada economía baja en carbono.

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