El mundo de las adaptaciones de videojuegos empieza a ser una fuente inagotable de material de éxito para la ficción tradicional, y por primera vez todos los fans de la fuente parecen estar contentos, tanto con ‘The Last of Us’ con, por ejemplo, esta ‘Fallout’, que no opta por una reproducción al uso de la trama sino, aportar nuevas historias dentro del lore previamente asentado.

Todo está en su sitio, se compromete con los detalles que todos buscan ver, hay un esfuerzo tanto de responsabilidad a nivel de diseño artístico como de proporcionar un gran presupuesto de casi 20 millones por episodio para que no queden tampoco carencias en el aspecto visual, pero toda esta ceremonia no nos puede contestar a la pregunta de si el objetivo de una adaptación, sea de un libro, sea de un juego o cómic, es la reproducción fidedigna reducida a la consigna de no enfadar a la gente.

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Buena adaptación, serie pasable

Una pregunta pertinente en un caso en el que el triunfo en un aspecto no es garantía de que alguien no demasiado interesado en el material de partida encuentre el resultado atractivo por sí mismo. De hecho, puede pasar que, ante esa exposición de bondades de la nueva adaptación, uno se encuentre preguntándose qué tiene realmente de especial el material del que parte para merecer esa atención de Amazon Prime Video tan desproporcionada. Porque esta primera temporada sabe hacerse entretenida, pero no acaba de hacer méritos suficientes para entrar en ella sin cuestionar nada más que su fidelidad.

Hay una macedonia de elementos que se hace empalagosa independientemente de que sea una buena adaptación, o de que le hayan puesto muchísimo mimo a los detalles en la producción. Pero todo se revela un tanto extraño al comprobar cómo la mezcla de tonos con la que juega no funciona, puesto que a ratos quiere ser divertida, ligera y absurda, y en otros se pone algo tremendista, seria y con cierta tendencia al dramatismo emocional telenovelesco. No significa que no pueda ser muchas cosas a la vez, pero es un objetivo muy caro.

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La entrada se hace especialmente escarpada por tres vías de trama muy poco conectadas entre sí, tanto que la distancia entre ellas hace que parezcan tres series diferentes. Pero a un nivel operativo sí funciona gracias a personajes que están bien planteados gracias a actores entregados. Tienen rasgos característicos a la vista y entran por los ojos, pero pronto notaremos que les falta algo, su situación está bien construida, incluso en el caso de la protagonista, que se pasa de minutos en el bunker, pero acaba fallando lo que mueve a los personajes a un nivel íntimo, más allá de sus objetivos. Lo que buscan está ahí, pero no coincide con lo que hacen.

Un pasatiempo tan caro como olvidable

Pero lo más llamativo es su esquizofrenia alterna, puesto que la serie a veces tiene desmanes violentos divertidos, pero casi nunca logran casar ese espíritu con el planteamiento de «tómame-en-serio-como-cienciaficción» que no sabes si quiere ser Asimov o Gart Ennis. A veces todo parece un cartoon y de pronto se pone seria, como un baño turco de agua hirviendo y helada. Ese tipo de extremos son parte de la esencia del juego, pero como ficción suelta hace esos cambios a trompicones, de la misma forma que plantea líneas narrativas o flashbacks de forma algo arbitraria, que se notan herederos de referentes como ‘La fuga de Logan’ —si juntamos con ‘Silo’, una favorita de las series actuales— o ‘Mad Max’.

Son bloques de cosas que molan, apechugadas, y luego ya, si acaso, cuajarán en algo con su propia personalidad. Un poco cocido madrileño de primero y de segundo ramen. Pero conforme vamos pasando de capítulos esta dualidad se torna en algo espeso, se abusan de las cancioncillas o bien western o bien ingenuas de los 40-50, para empujar una comicidad que no se refleja en un guion carente de brillo, o al menos de la espontaneidad que presentan series con ideas no tan distintas como ‘Daybreak’, de tal forma que la presencia repetida en la BSO de Nat King Cole o Bing Crosby en escenas llenas de gore se convierten en un recurso cansino, despojado de la frescura que parece querer transmitir, más bien como ver un chiste viejo repetido sin autoconciencia.

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El resultado es que es difícil encontrar graciosas sus concesiones a lo cafre, o implicarse con los personajes en lo dramático. No es fallida, pero sí menos loca y bizarra de lo esperado, o de lo que parecen vender. Tampoco esto es un pecado sin redención, ni mucho menos. ‘Fallout’ no es tanto un mal producto, sino una revoltina de conceptos apocalípticos, mutantes y zombies (muy bien hechos) que no acaban nunca de encontrar su identidad, a veces incluso parece una de esas divertidas series del canal SYFY como ‘Blood Drive’ pero con muchísimo más dinero (y complejos). Ningún problema con esa categoría, pero sí tiene ese punto de que da igual si te la pierdes o no, especialmente en estos tiempos de sobredosis streaming.

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