A un año y medio de
su llegada a JUNTOS, la Productora Ejecutiva reflexiona sobre la trastienda de
la industria audiovisual, el desafío de traducir la abstracción creativa a las
planillas de Excel y por qué estructurar un proyecto es, en el fondo, la única
forma de blindar el cine de autor.
Apenas comenzó el año
2025, el 2 de enero para ser exactos, Karla Falcón cruzó por primera vez la
puerta de JUNTOS. Llegó recomendada por la guionista Catalina Calcagni en un
momento donde la productora experimentaba una ebullición interna: el equipo era
más acotado, pero la ambición de expandirse hacia un ecosistema digital y
diversificar los formatos ya estaba sobre la mesa.
Entró asumiendo una
cantidad vertiginosa de sombreros: distribución, postulaciones, administración,
recursos humanos y hasta la dirección interina del área digital en sus inicios,
un reflejo de la mutación constante y el crecimiento acelerado que ha vivido la
empresa en los últimos dieciocho meses.
Hoy, con el
crecimiento consolidado y las áreas descentralizadas, Karla ha concentrado su
radar en las dos columnas vertebrales que sostienen la viabilidad de la
productora: la administración financiera y el diseño estratégico de
postulaciones. Todo esto lo lidera bajo un modelo horizontal que esta misma
semana dio un paso clave: unificar a sus equipos, con Juan Camilo Molina
asistiendo la producción ejecutiva y Melanie Venegas en la administración y
finanzas, ahora en una sola mesa de trabajo.
Tras una década en la
industria, egresada de Realización de Cine y Televisión en la Universidad de
Chile y con un postgrado en Producción de Cine y TV en la New York Film
Academy, Karla defiende que la clave para postular a un fondo de financiamiento
está en diseñar la arquitectura invisible que hace que el cine ocurra.
La trastienda de la
ingeniería financiera
“En mi caso, hacer
cine es ordenar proyectos para que alguien los financie, y sostener detrás una
estructura para que después, mientras la película se filma y se distribuye, la
empresa que está produciendo pueda respirar”.
Para Karla, la mística
de su trabajo radica en traducir la abstracción al orden. “Me pasa que disfruto
darle estructura a proyectos que tienen muchas ideas, pero a los que se les va
la lógica”, explica. “Se trata de entender cómo conectar un presupuesto con la
mirada del director, lograr que la sinopsis tenga sentido y, al final, venda la
obra, y saber leer las bases para enfocar el proyecto hacia lo que el fondo
está buscando”.
Esa habilidad para
encauzar el caos la descubrió en la universidad, donde ya destacaba en las
clases enfocadas hacia la producción o la dirección, dos puestos que, según
ella, exigen lo mismo: ordenar y conducir un equipo. Luego partió a Nueva York.
“En la Universidad de Chile me enseñaron a pensar y lo agradezco mucho.
Pero en Nueva York me
enseñaron a hacer producción: a encontrar todas las partes de un proyecto,
unirlas y darles coherencia. Cuando volví a Chile y empecé a ganar fondos, como
los Corfo de empresas, los CNTV y los fondos audiovisuales; le mandé un mail a
un profesor de allá para decirle: ‘Todo lo que me enseñaste lo estoy
usando aquí’. Al final, la postulación es el mapa de navegación esencial de
cualquier película”.
El día a día de la
producción ejecutiva
En el circuito
audiovisual, los meses de cierre de fondos públicos suelen ser sinónimo de alto
estrés y jornadas interminables. Ante eso, en JUNTOS el proceso se plantea como
un ajedrez estratégico entre el equipo de postulaciones y los socios a cargo de
cada proyecto.
“Nosotros entramos, miramos las bases,
evaluamos los proyectos y le hacemos una recomendación al jefe de área. Cada
película debe seguir su estrategia desde el desarrollo hasta el final. Si una
postulación no se ajusta al perfil de la película, se rechaza. Es una
conversación constante”.
Un ejemplo reciente de
esta eficiencia fue la postulación de 7 VECES 7, una coproducción
con Animal de Luz (México) que rompió los récords de velocidad de la
productora: se postuló a finales de 2025, se adjudicó en febrero y en junio ya
se estaba filmando en el Valle del Elqui. “Fue el proyecto más rápido en
adjudicarse. Ahora estamos en pleno seguimiento de la rendición, viendo cómo se
cruza y se rinde el financiamiento de ambos países, México y Chile”.
Para Karla, el volumen
de postulaciones se ha expandido mucho más allá de los fondos tradicionales de
producción o distribución. Hoy su área diseña presentaciones para donaciones
culturales, busca laboratorios de guión, mercados de coproducción internacional
e incluso explora el complejo terreno de Mercado Público para abrir nuevas vías
de servicios.
Al evaluar su año y
medio en la oficina, Karla destaca que el verdadero valor de la productora no
está en el papel, sino en la audacia de su evolución:
“Valoro la búsqueda de
hacer las cosas de manera distinta. De crecer sin dejar de hacer el cine que
quieren hacer. Valoro esas ganas de hacer más, de probar cosas nuevas y, sobre
todo, creo que es muy importante que lo vayamos haciendo con cariño”.
