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 De las grabaciones en el Metro
a la vibración de cientos de tarjetas de crédito: descubre cómo Paulo Gallo
está capturando el ruido y la furia de una sociedad herida para convertirla en
el motor rítmico de nuestra película

¿A qué suena un fraude
financiero? En Que Se Acabe Todo, el encargado de dar forma a esta pregunta es
Paulo Gallo, destacado compositor chileno radicado en Berlín, cuya carrera
internacional lo ha llevado a ganar prestigiosos galardones como el Peer
Raben Award en Alemania y el Music and Sound Award en
Inglaterra.

Paulo, formado en la Escuela
Moderna de Música y con una sensibilidad que le ha permitido trabajar desde el
cine hasta la música para danza contemporánea (como TOKE, la pieza
dirigida por Nono Ayuso en colaboración con Jacob Jonas Dance Company), no es
un extraño para el equipo JUNTOS. Gran Avenida, la segunda película de
Moisés Sepúlveda, fue su debut en la composición musical para largometraje
(Mejor música original FICVIÑA 2020). A lo que siguió su trabajo en Inmersión,
cinta dirigida por Nicolás Postiglione que JUNTOS estrenó en 2021.

Al respecto, Moisés destaca
esa primera colaboración: “Es un músico con un nivel de asertividad alucinante.
Desde que me envió las primeras pistas para Gran Avenida, supimos que
tenía una sensibilidad increíble; por eso hemos seguido en contacto
permanente”.

En palabras de él, “el oficio
del soundtrack es entender que la música es el actor que no está en pantalla.
Puede dirigir la emocionalidad e inducir expectativas,
pero, sobre todo, es una guía energética para amplificar lo
que vive el protagonista. Mi labor es desplazar el ego musical para estar al
servicio de una visión más grande”.

COMPONER QUE SE ACABE
TODO

La relación de Paulo con este
proyecto comenzó hace años, cuando leyó las primeras versiones del guion. Al
confirmarse que la película se articularía a través de planos secuencia, el
desafío musical significó potenciar el motor que sostuviera la continuidad y la
vorágine del relato.

Sobre la propuesta sonora
para Que Se Acabe Todo, Paulo comenta: “Quería proponerle a Moisés un
soundtrack rítmico que naciera de la sociedad inquieta y enrabiada por los
abusos. Por eso, decidimos construir la música con grabaciones de campo: voces
de gente en el metro, ruidos urbanos a las 6:00 de la mañana y el sonido de
cientos de tarjetas de crédito de plástico chocando entre sí”.

Para el director, esta
capacidad de Paulo de traducir la imagen en sonido es clave: “Tiene un
acercamiento súper flexible y orgánico. Se adapta al idioma que cada director
le trae y logra que la música sea una capa que hace crecer la película hacia
nuevos niveles”.

El resultado es una banda
sonora orgánica y contestataria que utiliza elementos no convencionales para
marcar el ritmo.

 “En vez de un shaker tradicional, usamos el
sonido de las tarjetas en una bolsa que sacudimos en una salida de emergencia
que recibe la reverberación de los estacionamientos”, cuenta Paulo. El
soundtrack de la película es, literalmente, una constitución de tarjetas de
plástico y voces de personas enojadas, mezclado con percusiones latinas y una
energía tipo Rage Against the Machine o Red Hot Chili Peppers.

Que Se Acabe Todo se está
musicalizando actualmente en Chile, donde Paulo se encuentra en una residencia
temporal para finalizar el trabajo junto al equipo. “Moisés te otorga una
confianza creativa que solo un gran director sabe dar.

Él entiende los procesos y
respeta la identidad de cada artista”, concluye.
Ahora el proceso entra en su etapa definitiva: esa
donde el choque de cientos de tarjetas de crédito y el eco del Metro dejan de
ser simples grabaciones para convertirse en la banda sonora de Que Se
Acabe Todo.

El resultado es una obra que
abandona la distancia de la pantalla para instalarse en el cuerpo, vibrando con
la misma urgencia de un fraude al borde de estallar.

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