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 Por Moisés Sepúlveda

La relación del cine (al menos
del cine con el que me siento cercano) con las redes sociales siempre ha sido
ambivalente. Existe un dogma en torno al formato cinematográfico; una idea
instalada sobre lo que «debe» ser el cine: elegante, complejo, innovador,
experimental y sobre todo reservado para la gran pantalla.

Recordando un examen
universitario, se me viene a la mente a un profesor diciéndole a un alumno, tras
ver su cortometraje: «Esto no es cine».

 Esa frase me golpeó. Me pareció de una
arrogancia enorme atribuirse los límites de lo que es o no es cine. Sin
embargo, con el tiempo me he dado cuenta de que es algo que los cineastas
hacemos todo el tiempo: levantar fronteras y actuar desde una supuesta
superioridad intelectual frente a los lenguajes audiovisuales más “ligeros”.

Hace poco, en una discusión
con otros colegas, se cuestionaba la idea de que los estudiantes pudieran
recibir formación sobre la creación de ficciones verticales, microrelatos o
historias diseñadas para pantallas pequeñas (celulares o tablets). La premisa
de fondo era que eso equivalía a rendirse y abandonar al cine. Pero, ¿qué
define hoy realmente al cine? ¿La duración de la pieza? ¿El tamaño de la
pantalla?

Las RRSS tienen una capacidad
fascinante para entregarnos información sobre visiones, comportamientos humanos
y tendencias. Qué le fascina a la gente y qué decide mirar el espectador
global. Sin ir más lejos, en Plata Fresca, nuestra próxima
película, hay una secuencia de la que estamos muy orgullosos que nació
observando los desafíos de TikTok: comportamientos sobre lo que las personas
están dispuestas a hacer con tal de pertenecer y ser incluidas.

Más allá de lo narrativo, está
el problema del público. Hoy, el éxito de una película depende de su capacidad
para convertirse en tema de conversación. Lo que antes dominaba el star
system
 tradicional o las adaptaciones de best-sellers.
Hoy, el gran desafío es cómo conquistar ese espacio masivo cuando no tienes
detrás la billetera de una franquicia de superhéroes ni la infraestructura de
una megaproducción.

A las redes sociales se las
critica por fomentar el consumo solitario, pero bien usadas pueden hacer
exactamente lo contrario: reunir, convocar, interpelar y generar comunidad.
Para el cine independiente son un aliado estratégico poderoso, una herramienta
para que el espectador se familiarice con temas, puntos de vista, atmósfera y
elenco, antes de sentarse en la sala.

En JUNTOS entendemos que el
cine es parte de un ecosistema donde todo dialoga. Por eso recientemente
lanzamos Juntos Elenco (proyecto que busca potenciar las RRSS de actores que
integran nuestras películas), a la par de trabajar en el desarrollo de podcasts
y contenidos de streaming vinculados a nuestras películas: para instalar
discusiones más amplias en las que la película sea un hito, no un grito aislado
en el bosque.

Si bien nuestra relación con
las RRSS comenzó desde la ambivalencia y la duda, estamos decididos a
transformarlo en una alianza estratégica. Elegimos ver el vaso medio lleno y
abrazar las virtudes del formato para cumplir nuestro objetivo final: seguir
haciendo un cine que conecte, emocione, haga reflexionar y, sobre todo, nos
vuelva a reunir a todos en la misma conversación.

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