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El cine también se escribe a
través de la materialidad de sus espacios. 

En las etapas finales de la
producción de Que Se Acabe Todo, la nueva película de JUNTOS, la
visualidad emerge como uno de sus componentes más radicales y atractivos.

Detrás de esta arquitectura
estética se encuentra Marichi Palacios, diseñadora teatral formada en la
Universidad de Chile y con más de 20 años trabajando en destacadas producciones
audiovisuales del país que van desde Sexo Con Amor, pasando los Los
80, hasta La Casa De Los Espíritus, serie recientemente estrenada en
Prime Video.

“Un diseñador de producción es
el encargado de idear el mundo donde esta historia va a existir. Es transformar
el papel en algo tangible: casas, vestuarios y caracterizaciones que contienen
a los personajes”, explica Palacios sobre su oficio.

Para la directora de arte, la
urgencia de Que Se Acabe Todo radica en la temática de fondo: abuso
financiero que inspiró el guion. “Me parecía que la historia era
importante porque nos toca el bolsillo a todos los chilenos en un nivel de
impunidad brutal. Es una película necesaria que retrata una molestia colectiva
que al país parecía importarle muy poco”, afirma.

El arte em el set de QUE SE
ACABE TODO

La apuesta estética de la
cinta es el resultado de un proceso de maduración de largo
aliento. “Marichi es una compañera de viaje de este proyecto que lleva
harto tiempo dentro de la película.

Esto ha permitido madurar las
propuestas visuales durante años”, comenta el director Moisés Sepúlveda,
quien define la relación con Palacios como un ejercicio de confianza absoluta:
“Es como ese juego de teatro donde te tiras al suelo y tus compañeros te
atrapan. Con ella nos permitimos arrojarnos a una zona de riesgo que fue súper
renovadora”.

La gran zona de riesgo de esta
producción fue el plano secuencia, una decisión que obligó al equipo de arte a
trabajar con una precisión coreográfica. Al no poder detenerse en mínimos
detalles, Marichi apostó por decisiones visuales radicales.

“Con el plano secuencia la
construcción visual tiene que ser un golpe imponente. Diseñamos un viaje de
color donde el rojo representa la ambición: la película parte en tonos fríos y
deshumanizantes para transformarse en una atmósfera roja llena de traición y
dolor”, comenta.

“Apostamos por un universo
cromático muy radical, que usa los contrastes visuales como un elemento
expresivo. El gran desafío fue construir puentes visuales y transiciones que
dieran la sensación de que los espacios se conectan entre sí de forma fluida”,
explica el director.

La filmación del plano
secuencia transformó al equipo de arte en ejecutores de una coreografía en
tiempo real. Detrás de la cámara, los técnicos operaron modificaciones
espaciales mientras el lente se mantenía en movimiento. En secuencias
específicas, como la del call center, las estancias pasaban del vacío
absoluto a estar completamente habitadas en cuestión de segundos.

Esta dinámica fue posible
gracias a un ecosistema de absoluta libertad creativa en el set. “Me
encontré con un Moisés muy maduro, con un guion masticado y una seguridad total
sobre lo que estaba haciendo. Éramos dos cerebros con una idea y un nivel de
libertad precioso. Hacía años que no disfrutaba tanto un trabajo”, concluye
Marichi.

En coproducción con Jaque
Content, hoy Que Se Acabe Todo afina los últimos detalles de la post
producción en Argentina, consolidando una propuesta donde el diseño de
producción no es mero telón de fondo, sino parte del cuerpo vivo de la narración.

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