Siempre he creído que la
curiosidad puede cambiar el rumbo de nuestras vidas. Basta con darle a un niño
o una niña la oportunidad de hacerse una pregunta y las herramientas para
buscar su respuesta.
Ahí nace el pensamiento crítico, la creatividad y la confianza
de que es posible adquirir nuevos conocimientos y aportar al mundo desde
cualquier rincón de nuestro país.
Por eso, iniciativas como la
Feria Antártica Escolar (FAE) del Instituto Antártico Chileno, organismo
técnico del Ministerio de Relaciones Exteriores, representan mucho más que una
competencia estudiantil. Es sobre todo un espacio de colaboración, aprendizaje
y encuentro.
La convocatoria 2026 superó
todos los récords: 742 estudiantes y 282 docentes de establecimientos de las 16
regiones presentaron 413 propuestas de investigación inspiradas en la Antártica
Chilena.
Esta es la versión con mayor
participación en 23 años de historia de este encuentro juvenil financiado por
el Ministerio de Ciencia. De estos trabajos, saldrán los equipos que vendrán a
Punta Arenas en agosto.
Aquí tendrán la oportunidad de
mejorar sus propuestas y presentarlas a un jurado científico y a uno ciudadano.
Los mejores tres grupos viajarán al Territorio Chileno Antártico en una
expedición pedagógica donde conocerán a las y los integrantes del Programa
Nacional de Ciencia Antártica que hacen trabajo de terreno en extremas
condiciones.
En una época marcada por la
desinformación y el uso cada vez más frecuente de herramientas digitales,
existe el riesgo de dejar de cuestionarnos y asumir que la tecnología tiene
todas las respuestas.
En este sentido, la FAE tiene
un sello único: asume la Antártica como un laboratorio natural para estudiar
fenómenos tan relevantes como el cambio climático, la biodiversidad, la
conservación y el funcionamiento de ecosistemas extremadamente frágiles.
Esto permite que estudiantes
de cualquier región de Chile conecten problemáticas locales con desafíos
globales y desarrollen ciencia con una mirada interdisciplinaria.
La FAE es mucho más que un
concurso: es una inversión en el futuro de Chile. Somos un país que necesita
más investigación, más innovación y más personas capaces de enfrentar los retos
del futuro y que conozcan la historia y los derechos soberanos que unen a Chile
con el Continente Blanco.
Este camino no comienza en un
posgrado ni un centro de investigación: comienza mucho antes, cuando un
estudiante descubre que sus preguntas tienen valor y que, con curiosidad,
esfuerzo y las herramientas adecuadas, puede transformarlas en conocimiento y la
apropiación social de este.
