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La exposición más reciente del Museo del Prado no es monográfica ni temática, sino completamente distinta a las que habitualmente nos ofrece: la propia institución se convierte en sujeto y objeto de reflexión, en la línea de la muestra que celebró su bicentenario en 2019. Comisariada por Alfonso del Palacio y Elena Cenalmor, repasa una selección de piezas que se han incorporado a los fondos del centro en el último cuarto de siglo y también evoluciones ligadas a su museografía y espacios o a sus modos de hacer en los ámbitos de la educación, la restauración o la edición.

Como los responsables del Prado recalcaron ya en el curso de verano El Prado del siglo XXI, que tuvo lugar en 2024 y que anticipó claves de esta exposición, los hitos fundamentales en la historia del museo desde 2000 han sido la aprobación de la ley que ha permitido su autonomía jurídica, aprobada con el consenso de todos los partidos en 2003, y su ampliación a cargo de Rafael Moneo, cuyos frutos vimos por primera vez en 2007. Javier Solana, presidente de su Patronato, ha señalado que han sido estos veinticinco años un periodo extraordinariamente positivo para el museo, salvedad hecha de la etapa pandémica, a la que se dio salida con “Reencuentro”, una serie de diálogos excepcionales en la Galería Central.

Los cambios han sido, en esta etapa, numerosos y han ido dirigidos hacia una mayor apertura hacia la sociedad: el Prado abre hoy al público cuarenta y nueve días más al año que en 2000, el número de miembros de su Fundación de Amigos se ha multiplicado por once (hoy superan los 40.000) y la web del museo y sus redes sociales acercan el conocimiento de sus fondos a los usuarios en cualquier parte del mundo.

Además, como museo que no está hecho sino en constante evolución, que en palabras de Miguel Falomir será lo que la gente quiera que sea, ha incrementado su acervo en 14.200 obras de las que más de 2.000 pueden verse en sus salas.

Cerca de cien integran “Prado XXI”, que arranca con una maqueta que examina los espacios con los que actualmente cuenta el Prado y los que próximamente se sumarán (el Salón de Reinos, cuya apertura se prevé para 2028, y el llamado Campus Prado) y una infografía que repasa en datos ese cuarto de siglo de cambios. Confía Falomir en que esta nueva ampliación contribuya a la distribución de visitantes para aliviar la elevada afluencia, que ha doblado igualmente sus datos desde 2000.

A continuación, nos presenta el museo ese conjunto de trabajos que se han sumado a su acervo en este periodo, muchas de ellas obras bien queridas por el público o que han formado parte de exposiciones recientes. Se dividen en cuatro apartados cronológicos -correspondientes a la etapa medieval, el Renacimiento y el Barroco, el siglo XVIII y Goya y la época contemporánea- y distinguen las cartelas, a través de distintos colores, la fórmula por la que han ingresado en esta institución: adquisiciones propias o del Estado, donaciones, depósitos, etc.

Pieter Bruegel el Viejo. El vino de la fiesta de san Martín, 1566-1567. Adquirido con una dotación extraordinaria del Ministerio de Cultura y con fondos propios del Museo Nacional del Prado, 2010Pieter Bruegel el Viejo. El vino de la fiesta de san Martín, 1566-1567. Adquirido con una dotación extraordinaria del Ministerio de Cultura y con fondos propios del Museo Nacional del Prado, 2010

Pieter Bruegel el Viejo. El vino de la fiesta de san Martín, 1566-1567. Adquirido con una dotación extraordinaria del Ministerio de Cultura y con fondos propios del Museo Nacional del Prado, 2010

No faltan la talla policromada y anónima de Nicodemo, perteneciente a un Descendimiento de fines del siglo XIII o El vino de la fiesta de san Martín de Bruegel el Viejo, que vinieron a completar los fondos del Prado en cuanto al arte europeo bajomedieval. En el apartado renacentista y barroco, veremos trabajos de Juan de Juanes; la Alegoría de la templanza de Berruguete, claramente deudora de Miguel Ángel; el bello Retrato de niña con paloma de Vouet, para cuya entrada en el Prado se recurrió al micromecenazgo; retratos velazqueños; el Sueño de san José de Herrera el Mozo, que vimos en su reciente retrospectiva; y la monumental Resurrección de Lázaro de Ribera, en la que destacan los volúmenes de Cristo excepcionalmente trabajados a partir de la luz.

Diego Velázquez. Ferdinando Brandani, 1650. Adquirido por el Museo Nacional del Prado con presupuesto extraordinario del Estado, 2003Diego Velázquez. Ferdinando Brandani, 1650. Adquirido por el Museo Nacional del Prado con presupuesto extraordinario del Estado, 2003

Diego Velázquez. Ferdinando Brandani, 1650. Adquirido por el Museo Nacional del Prado con presupuesto extraordinario del Estado, 2003

José de Ribera. La resurrección de Lázaro, hacia 1616. Adquirido por el Estado como pago de deuda tributaria, dación de Caja Madrid, y adscrito al Museo Nacional del Prado, 2001

En el capítulo dieciochesco, saldrán a nuestro paso La muerte de Adonis de Boucher, el retrato de José Nicolás de Azara de Mengs, varias composiciones de Luis Paret y, sobre todo, La condesa de Chinchón de Goya, anterior a La familia de Carlos IV y muy delicado en sus tonalidades y simbología.

Por último, de la etapa contemporánea veremos las vistas de ciudades españolas de Pérez Villaamil, una vista bruselense de Regoyos, composiciones de Fortuny o Anglada-Camarasa, un atardecer de Ramón Gaya inspirado en Tiziano o el retrato de Manuel Bartolomé Cossío por Sorolla.

Un tercer episodio de “Prado. Siglo XXI” repasa algunas de las líneas particular de adquisiciones a las que el Prado ha venido atendiendo para enriquecer sus fondos en aspectos antes  considerados menos relevantes; es el caso de los dibujos, ensayos o grabados que documentan el proceso creativo de artistas fundamentales y de obras, en ocasiones, ya en su colección; de miniaturas, fondos documentales y bibliográficos, de mujeres artistas (Sofonisba Anguissola, Rosario Weiss, María Blanchard, Rosa Bonheur) o de fotografías, a las que se viene dedicando una nueva línea expositiva comisariada por Beatriz Sánchez Torija.

Salpican el recorrido paneles que dan cuenta de transformaciones en nuestro modo de visitar el museo: no vemos las mismas cartelas (hoy más grandes y también en inglés) ni respetamos las mismas catenarias. Tampoco recogemos las mismas entradas.

El desenlace de la exposición, planteado sobre todo a partir de audiovisuales, repasa la producción editorial cuantiosa del Prado en este siglo; los frutos de la actividad de su Centro de Estudios, creado en 2009; la excelencia alcanzada en su Área de Restauración (es obligatorio detenerse ante la blanca réplica de la superficie de la Anunciación de Fra Angelico, para saber dónde aquel insistió); y las transformaciones de su acción educativa.

“Prado. Siglo XXI” es una exhibición a un tiempo celebrativa y reflexiva, también didáctica para los interesados en profundizar en las tripas, nada sencillas, de un museo de estas dimensiones. Culmina con agradecimientos: a todos los que han formado parte del Prado y a los que lo harán.

Imagen de las salas de la exposición “Prado. Siglo XXI”. Foto © Museo Nacional del PradoImagen de las salas de la exposición “Prado. Siglo XXI”. Foto © Museo Nacional del Prado

Imagen de las salas de la exposición “Prado. Siglo XXI”. Fotografía: © Museo Nacional del Prado

Imagen de las salas de la exposición “Prado. Siglo XXI”. Foto © Museo Nacional del PradoImagen de las salas de la exposición “Prado. Siglo XXI”. Foto © Museo Nacional del Prado

Imagen de las salas de la exposición “Prado. Siglo XXI”. Fotografía: © Museo Nacional del Prado

Imagen de las salas de la exposición “Prado. Siglo XXI”. Foto © Museo Nacional del PradoImagen de las salas de la exposición “Prado. Siglo XXI”. Foto © Museo Nacional del Prado

Imagen de las salas de la exposición “Prado. Siglo XXI”. Fotografía: © Museo Nacional del Prado

 

 

«Prado. Siglo XXI»

MUSEO NACIONAL DEL PRADO

Paseo del Prado, s/n

Madrid

Del 9 de junio al 27 de septiembre de 2026

 

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