El Ballet Nacional Chileno
vuelve al escenario del Teatro Universidad de Chile para presentar su segundo
ciclo de la temporada con el estreno de Página 16, del coreógrafo brasileño
Alan Keller, quien debuta en el país con esta obra.
La nueva creación –que contará
con funciones los días viernes 5, sábado 6, viernes 12 y sábado 13 de junio a
las 20:00 horas, además del domingo 13 a las 18:30– explora la memoria, la
resiliencia y las huellas que deja la experiencia humana en los cuerpos y en la
identidad colectiva.
Reconocido internacionalmente,
Keller ha desarrollado una destacada trayectoria como coreógrafo, docente y
gestor cultural. En 2022 fue distinguido como Mejor Coreógrafo en el Festival
de Danza de Joinville, que de acuerdo al Libro Guinness es el más grande del
mundo en cuanto a esta manifestación artística.
Además, su trabajo ha sido
presentado en importantes escenarios y festivales de Brasil, Francia, Alemania,
Austria y Portugal.
Página 16 nace de una
reflexión sobre la experiencia humana universal y la capacidad de la sociedad
chilena de reconstruirse. Así, el coreógrafo explica que la obra surge de la
pregunta acerca de qué virtudes definen a un pueblo.
“Al observar la cultura
chilena, identifiqué la resiliencia no solo como una característica social,
sino como una identidad colectiva, una manera de existir y de reorganizarse
frente a las transformaciones”, señala Keller.
Por otra parte, el título de
la obra tiene relación directa con su origen, pues fue concebida inicialmente
para 16 intérpretes, entendidos como “páginas vivas” de un mismo libro en
permanente transformación. Cada cuerpo porta experiencias, recuerdos y huellas
que se entrelazan sobre el escenario, configurando una dramaturgia construida
desde la memoria y el movimiento.
“No hay un nuevo comienzo sin
huellas. Los seres humanos no borran el pasado, lo reorganizan. Y toda
reorganización deja marcas en el cuerpo. Me interesa pensar la danza como un
lenguaje capaz de expresar aquello que las palabras no pueden decir: la memoria
como pliegue, tensión, interrupción o deformación”, explica el coreógrafo.
Con diseño de luces de Nicolás
Jofré y vestuario de Carolina Vergara, la puesta en escena refuerza la
dimensión simbólica, evocando una página rasgada o una cicatriz abierta. Uno de
los momentos presenta una imagen inspirada en el kintsugi, filosofía japonesa
que valora las fracturas como parte visible de la historia.
A lo anterior, se suma una
esfera suspendida sobre el escenario, concebida como metáfora del pasado y de
su influencia constante sobre el presente.
“El desgarro funciona como una
cicatriz. No destruye, sino que revela el paso del tiempo. La obra no romantiza
el dolor, pero sí propone que lo roto no necesita ser ocultado. Puede
reorganizarse y adquirir un nuevo significado. La cicatriz también es una forma
de escritura”, comenta Keller.
De este modo, la obra revela
la fragilidad y la transformación como parte esencial de la experiencia humana,
culminando al son de Todo Cambia, interpretada por Mercedes Sosa, lo que
refuerza la idea de la evolución.
Así, su creador afirma que
“empezar de nuevo no es borrar. Es cruzar. Y cada cruce deja una huella en el
cuerpo. La resiliencia, para mí, tiene que ver con aceptar la transformación y
seguir avanzando incluso cuando ya no es posible regresar al mismo lugar”.
Finalmente, añade que “el
público también forma parte de esta escritura. Mientras observa, se convierte
en lector y en parte de la propia narración. La obra solo existe plenamente
cuando encuentra a alguien que la recorra con su mirada, su escucha y su memoria”.
Las entradas se encuentran
disponibles a través del sistema Ticketplus (ceacuchile.ticketplus.cl), y en
las boleterías del Teatro Universidad de Chile y la Gran Sala Sinfónica
Nacional, con diversos descuentos disponibles para estudiantes y adultos mayores,
entre otros.

