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 Hay lugares a los que solo se
llega si el mar lo permite. Barquitas, en Chiloé, es uno de ellos.
Allí aterriza la nueva apuesta de JUNTOS, un proyecto que ha mutado
durante siete años hasta convertirse en La Velera (o Truquilawén). Francisco Bermejo, director de El
Otro, se reencuentra con JUNTOS para sumergirse en una historia donde el cine
de autor y el de género se funden bajo la neblina.

En el corazón de esta historia
está Lalo. Carpintero, artesano y ciego, Lalo construye botes a escala y
reforesta su bosque con una precisión que desafía la lógica. “Él toca todo
y percibe el mundo a su manera; yo digo que tiene ojos en los dedos”, explica
Bermejo.

Esta cinta se enmarca en una
inquietud de JUNTOS por explorar nuevas formas de contar
historias. “Estamos buscando películas de autor que dialoguen con los
géneros comerciales. Viajero Inmóvil era un documental de
zombies; Una Señora Invisible era de terror. Y ahora con La
Velera aparece la fantasía. Es una búsqueda, usar el ingenio
cinematográfico para poner en escena algo que no se logra solo prendiendo la
cámara.”, explica Pancho Hervé, productor de la película.

Hay lugares a los que solo se
llega si el mar lo permite. Barquitas, en Chiloé, es uno de ellos.
Allí aterriza la nueva apuesta de JUNTOS, un proyecto que ha mutado
durante siete años hasta convertirse en La
Velera (o Truquilawén). Francisco Bermejo, director de El
Otro, se reencuentra con JUNTOS para sumergirse en una historia donde el cine
de autor y el de género se funden bajo la neblina.

En el corazón de esta historia
está Lalo. Carpintero, artesano y ciego, Lalo construye botes a escala y
reforesta su bosque con una precisión que desafía la lógica. “Él toca todo
y percibe el mundo a su manera; yo digo que tiene ojos en los dedos”, explica
Bermejo.

Esta cinta se enmarca en una
inquietud de JUNTOS por explorar nuevas formas de contar
historias. “Estamos buscando películas de autor que dialoguen con los
géneros comerciales. Viajero Inmóvil era un documental de
zombies; Una Señora Invisible era de terror. Y ahora con La
Velera aparece la fantasía. Es una búsqueda, usar el ingenio
cinematográfico para poner en escena algo que no se logra solo prendiendo la
cámara.”, explica Pancho Hervé, productor de la película.

El rodaje se ejecutará en cuatro actos. Un
ejercicio donde el equipo vuelve a la sala de montaje tras cada viaje para
dejar que el material, y el propio Lalo, dicte el siguiente paso. Mientras lees
esta nota, en algún rincón del bosque chilote, la cámara ya está encendida.
Como explica el director de la cinta: “Es un ejercicio que está dentro y fuera
del cine a la vez. La tesis de este trabajo es filmar lo que no se deja
filmar.”

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