Desde el año 2015 y, al menos, hasta que el escenario pandémico irrumpió en nuestras vidas, fuimos testigos de cómo la tan polémica piratería experimentó un descenso que muchos fuimos incapaces de prever. La irrupción de las plataformas de streaming y la solidificación de sus propuestas comerciales y sus catálogos hicieron que las descargas ilegales de contenidos digitales cayesen en torno a un 12% paulatinamente. Pero, en 2024, este optimista escenario ha cambiado drásticamente.

Durante, aproximadamente, los dos últimos años, las conocidas como guerras del streaming se han ido recrudeciendo con la aparición de nuevos competidores que aspiraban a llevarse una parte de un jugoso pastel que parecía no tener fin. A las hegemónicas Netflix, Amazon Prime y HBO —con sus múltiples rebrandings— se han ido uniendo nuevos contendientes como la gigantesca Disney+, SkyShowtime o Apple TV+, saturando el mercado y generando un efecto contraproducente.

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Tener el tan preciado contenido desperdigado en diferentes servicios con sus respectivas tarifas de suscripción ha hecho flaco favor a una ventana de distribución que empezó a ser puesta en tela de juicio por unos usuarios que arqueaban la ceja ante los que, probablemente, sean los dos grandes problemas derivados del estado actual de la factoría del entretenimiento audiovisual doméstico.

El primero de ellos no es otro que la cruenta batalla de precios y la búsqueda de nuevas vías de negocio para incrementar suscripciones y beneficios. Estas, en última instancia, pasaron por las restricciones a la hora de compartir cuentas y por unos criticados anuncios que evocaban la peor cara de la televisión lineal; medidas polémicas que han terminado dando resultados mucho mejores de lo que cabría esperar —sin ir más lejos, Netflix experimentó un crecimiento de casi un 5% pese a quedarse por debajo de las previsiones—.

El segundo elefante en la habitación, y aquí entra en juego la carta de la comodidad a la que tan malacostumbrados estamos, es el deseo frustrado de tener todas nuestras series y películas condensadas en un único servicio o aplicación. El sueño pasa por tener un único nombre de usuario, una única contraseña y un único cargo en nuestra cuenta bancaria que nos abra las puertas a un vasto catálogo, y los devenires de la industria han hecho que la Gran N del streaming sea la que más se esté acercando a esto.

Está claro que abrazar un modelo de mercado con una decena de plataformas operando de forma individual no es sostenible ya no a largo, sino a medio o corto plazo, y la compañía de Ted Sarandos, consciente de ello, está aprovechándose de la situación de sus rivales para empezar a obrar lo que no pocos calificarían poco menos que como un milagro.

Streaming Wars Earnings 2021 1

Por una parte, Warner, con su racha de batacazos económicos y sus recortes a discreción para intentar salvar los muebles de cara a los inversores, y que han incluido maniobras como desechar producciones ya rodadas —ahí está ‘Batgirl’ como ejemplo—, ha comenzado a vender sus licencias para que puedan verse fuera de HBO Max; tendencia a la que se ha unido una Disney que ya exporta títulos de Hulu o ABC —canales de su propiedad— como la prestigiosa ‘Anatomía de Grey’, que podrá verse en el Netflix estadounidense.

El regreso del parche y la pata de palo

No obstante, estos brotes verdes y el apunte a la tan ansiada concentración del contenido no han impedido el aumento de la piratería dentro y fuera de nuestras fronteras, en buena parte como consecuencia directa de los problemas mencionados con anterioridad. Según el estudio llevado a cabo por la consultora GECA a finales de 2023, las descargas ilegales se incrementaron en un 33%, con un 44% de las personas suscritas a alguna plataforma de streaming aportando su granito de arena.

Al otro lado del charco, la situación es similar gracias a la proliferación de servicios ilegales de pago que ponen al alcance del usuario catálogos inmensos a precios de saldo. En Estados Unidos, se estima que existen unos 130 sitios de este corte en los que cerca de 2 millones de usuarios abonan entre 5 y 10 dólares mensuales por una generosa oferta de cine, series y eventos deportivos. Si a esto sumamos los ingresos por publicidad, se calcula que estas webs reportan 2.000 millones de dólares de beneficios anuales a sus propietarios, y pérdidas de unos 30.000 millones para la economía del país de las barras y estrellas.

Vistos los precedentes, saber qué ocurrirá en el futuro con las streaming wars y la evolución de la piratería sólo sería posible con un buen Palantir; pero todo parece apuntar a que la solución pasa por un catálogo y suscripción únicos para gobernarnos a todos, para encontrarnos, atraernos a todos, y atarnos frente a nuestras pantallas.

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