Para sorpresa de nadie, la maquinaria de Hollywood, en lo que respecta a los grandes estudios, se mueve casi única y exclusivamente orientada por tendencias y modas. Si tuviésemos que quedarnos con una sola de las que han dominado producción y mercado durante los últimos años, esa sería, sin duda, la de los conocidos como «universos cinematográficos» que puso en el candelero Kevin Feige con su macroproyecto de superhéroes marvelitas en el MCU.

A raíz del éxito de Marvel Studios, fueron muchos los que quisieron subirse al carro de las narrativas compartidas en la gran pantalla. Algunos lo hicieron con mayor suerte, como la gente de Legendary Pictures con su ‘MonsterVerse’ que arrancó en 2014 con la ‘Godzilla’ de Gareth Edwards y que acaba de estrenar su última entrega bajo el título de ‘Godzilla y Kong: El nuevo imperio’. Otros, por desgracia, no tuvieron el mismo tino…

Entre los fracasos más sonados de este tipo de productos se encontró el conocido como ‘Dark Universe’, con el que Universal intentó traer de nuevo a la palestra a sus monstruos clásicos, pegándose un batacazo a la primera de cambio con la irregular ‘La Momia’ protagonizada por Tom Cruise. No obstante, en 2020 se obró un pequeño milagro fuera del fallido universo cinematográfico con una actualización brillante de una de las criaturas más icónicas de la compañía.

Hombre invisible, talento visible

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Esta no fue otra que El hombre invisible, la creación de H.G. Wells que recibió un más que notable lavado de cara de la mano de uno de los nombres más relevantes del cine de género contemporáneo. Leigh Whannell, guionista de títulos esenciales como ‘Saw’ o ‘Insidious’, y que brilló como director con el violentísimo jolgorio cyberpunk de ‘Upgrade’, aplicó buena parte de su repertorio técnico y dramatúrgico haciendo doblete como escriba y realizador de un thriller con una buena dosis de terror realmente escalofriante.

Con ‘El hombre invisible’, Whannell llevó el icónico villano al panorama actual abrazando el auge del movimiento #MeToo y envolviendo el relato con una dura lectura sobre las relaciones tóxicas y abusivas. El resultado no fue otro que un par de horas más que notables en lo técnico y lo narrativo, con una gestión del suspense impecable y asfixiante, con una inteligente dosificación de la información y, sobre todo, con una planificación y un trabajo de cámara inesperadamente efectivos.

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Entre giros sorprendentes de los acontecimientos, sustos en absoluto chabacanos y alguna que otra setpiece que volvió a hacer evidente el vigor de Whannell a la hora de jugar con la cinética, el cineasta hizo gala de talento al componer planos sacando oro de los espacios vacíos. De este modo, con encuadres descompensados y algún que otro truco digital, la angustia que experimenta su protagonista Cecilia Kass, interpretada por una magnífica —como de costumbre— Elisabeth Moss, se trasladó al patio de butacas, donde se sintió a flor de piel.

‘El hombre invisible’, a medio camino entre lo innovador y lo clasicista, se alza como uno de esos pocos remakes que reivindicar sin necesidad de hacer ningún tipo de concesión. Y es que pocos largometrajes son capaces de ponerte los pelos de punta con la imagen de una habitación —aparentemente— vacía mientras, al mismo tiempo, te golpea con contundencia a través de un discurso tan crudo como tristemente necesario cuatro años después de su estreno en cines.

Si quieres disfrutar de ella con tu suscripción a Netflix, tienes hasta el 9 de abril de este 2024 para hacerlo, fecha en la que abandonará el catálogo de la plataforma.

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