Esta semana hemos querido conversar con Rosa Cervera, directora de Cervera Arquitectos, profesional con una amplia trayectoria internacional y especializada en el ámbito de la arquitectura biónica. No os la perdáis:

Entrevista

Hace relativamente poco has abierto tu estudio en solitario, Cervera Arquitectos, ¿cómo te sientes en esta nueva etapa profesional? ¿en qué tipo de proyectos se va a enfocar más el trabajo?

Rosa Cervera:  Han pasado ya unos 8 años desde que inicié mi andadura en solitario y creo que este periodo ha sido y está siendo muy enriquecedor. Quizás, por la madurez que da todo el trabajo anterior y por la propia evolución personal, era necesario iniciar un camino más personal que me permitiera llevar al máximo las ideas propias, sin la negociación que requiere el trabajo en equipo. Los años pasados con mi anterior socio, Javier Pioz, en el estudio Cervera & Pioz, dieron a luz notables proyectos que fueron el resultado de la sinergia de dos mentes y dos personalidades diferentes, pero con intereses y conceptos próximos. Y es cierto que el diálogo, el intercambio de pareceres e, incluso, el apoyo mutuo, sirvieron para construir una arquitectura valiosa. Pero en un cierto momento de la vida, surge el deseo de explorar tu propio interior y volcarlo en el trabajo y eso requiere centrarse en uno mismo y permitir que afloren todas tus inquietudes.

Por fortuna, el camino recorrido en estos años ha sido fructífero y he podido realizar muchos proyectos y construir varios de ellos. De hecho, en este momento se están acabando 4 diferentes y otros a la espera de iniciar su construcción. Algunos proyectos son de carácter público, como un polideportivo que se inaugurarás en unos días o un centro de la juventud que esperamos pronto inicie la construcción. Y otros son de gran experimentación e innovación. De entre ellos destacamos el que estamos realizando para la empresa ESMASA del Ayuntamiento de Alcorcón incorporando fotobiorreactores de algas a un nuevo edificio. Será la primera fachada y los primeros elementos urbanos arquitectónicos -árboles artificiales- en España que cultiven microalgas en una propuesta rupturista de energía renovable.

A lo largo de tu trayectoria has sido pionera en muchos ámbitos, uno de ellos es “abrir las puertas” de la arquitectura española en Asia. ¿Qué te atrajo de China o India para implicarte en proyectos en oriente?

R.C.: Asia es el continente del siglo XXI. Lo que sucede allí es de enorme vitalidad y muy en contraste con la ordenada e impecable Europa. Mi primera visita a India fue en el viaje fin de carrera y ya entonces ese país me atrapó. Pero sería en el año 1999 cuando volví en un viaje profesional. Desde entonces he tenido la oportunidad de viajar con frecuencia allí y de realizar proyectos de gran envergadura en ciudades como New Delhi, Kolkata y Chandigarh. Y muy recientemente me acaban de nombrar profesora honoraria de una universidad en el Punjab.

Mi primera visita a China fue en las Navidades del 92-93. Se trataba de un viaje familiar y de vacaciones en Hong Kong, ya que mi hermano mayor vivía en aquel entonces en dicha ciudad. Desde aquel año mis viajes fueron continuos. El contraste con el mundo europeo y el americano, que también conocía por haber tenido oportunidad de vivir allí, me fascinó y abrió las puertas a una nueva manera de pensar y de entender el mundo. A partir del año 2000 comencé a realizar trabajos profesionales en China como arquitecto. Eso me llevó a numerosos viajes y estancias en diversas ciudades durante 14 años, especialmente Shanghai y Hangzhou, aunque también Beijing y Hong Kong.

La inmersión en el pensamiento chino ha sido grande, no solo desde el punto de vista estricto profesional sino también desde el campo del conocimiento, con lecturas, investigación y profundización en la filosofía china y en su arquitectura, lo cual me ha impulsado a escritos, a dirigir tesis doctorales sobre temas orientales e, incluso, a estudiar chino.

En New Delhi y en Singapur nos han galardonado con relevantes premios, como el Honors Award concedido por la “Foundation for Architectural and Environmental Awareness” y el Golden Global Award entregado en el Museo de las Civilizaciones Asiáticas de Singapur como mejores arquitectos internacionales fuera de la zona del sudeste asiático.

De toda esta experiencia, y especialmente de mi vinculación con China, ha resultado que hoy sea la presidenta -elegida en 2020- de “Cátedra China”, think tank que reúne a un relevante colectivo de la sociedad española, con académicos, empresarios, diplomáticos, profesionales, etc., todos ellos grandes expertos en China y con larga vinculación con este país.

Incluyo un muy reciente reportaje que me ha hecho la televisión china CGTN y noticias de mi reciente estancia en Beijing .

La arquitectura biónica es uno de tus puntales como prescriptora ¿Qué pilares destacarías de esta filosofía arquitectónica?

R.C.: La naturaleza es para mí una fuente constante de inspiración. Muchos de mis proyectos tienen referencia a formas naturales, a plantas y flores, a árboles, a huesos, etc. Pero no solo por la inspiración formal es por lo que considero que la naturaleza es una gran maestra, sino por todas sus estrategias de morfogénesis, de ahorro energético, de optimización estructural, de microestructura aligerante, de fascinante geometría dinámica que permite la variación y el crecimiento, de obtención del más con el menos, etc. Por citar un ejemplo, la flor de loto, que no solo destaca por su gran belleza, sino que posee propiedades asombrosas como el repeler la suciedad y ser impermeable. Esto se debe a su estructura a escala microscópica que por su configuración geométrica impide la entrada de las partículas ajenas. En todo ello llevo investigando desde recién terminada la carrera. Al respecto he publicado diversos artículos y libros y organizado talleres anuales. En 2019 salió el libro de mi autoría “Biónica, Biomimética y Arquitectura. Aprendiendo de la Naturaleza/Bionics, Biomimicry and Architecture. Learning from Nature” por la editorial By Architect Publications, de Barcelona, que recoge en edición bilingüe español-inglés gran parte de la investigación y estudios realizados sobre el tema y reflexiona sobre la manera de aplicar y trasladar estos conocimientos a la arquitectura.

El próximo mes de julio de 2023 se expondrá parte del trabajo realizado en los diversos talleres anuales sobre arquitectura biónica de los últimos 8 años en el Dimitrie Leonida Technical Museum de Rumanía en Bucarest.

En este momento, cuando es imperioso ahorrar recursos y convivir en entornos más amables y naturales, parece oportuno aprender de la naturaleza que nos lleva la ventaja de millones de años en sabiduría. Y por ello la importancia de la Biónica y la Biomimética y de las ciencias afines.

¿Qué arquitectos consideras tus referentes estéticos y filosóficos? ¿Por qué estos?

R.C.: Siempre me ha sido difícil contestar a esta pregunta que me han hecho en repetidas ocasiones. Hay tantos maestros de los que he aprendido que me llevaría tiempo ir pasando por todos ellos. Sin embargo, si puedo citar a dos que por diversas circunstancias han tenido impacto en mi trayectoria. Uno ha sido Le Corbusier. Siendo muy jóvenes tuvimos la oportunidad Javier Pioz y yo junto con el tempranamente fallecido Sigfrido Martín Begué de montar la exposición del centenario del nacimiento de Le Corbusier en el Reina Sofía en 1987. Ello nos hizo familiarizarnos enormemente con su obra, acceder a documentos originales, palpar incluso sus objetos.

Como resultado de aquella exposición, tengo en mi casa dos grandes murales réplica de las puertas del Parlamento de Chandigarh y unas litografías del poema del Ángulo Recto regaladas por Heidi Weber, fundadora del Museo de Zurich. Y, curiosamente, tengo larga relación con la ciudad de Chandigarh donde he realizado diversos proyectos construyendo alguno de ellos y donde estoy en relación con las universidades desde hace tiempo. Así que con todo esto no puedo dejar de decir que “la sombra de Le Corbu ha sido larga en mi vida”.

El otro es Gaudí, como no podía ser menos. Su enorme relación con la naturaleza y su extraordinaria arquitectura siempre ha sido para mí una fuente de inspiración.

¿A alguien que consideres tu mentor arquitectónico? ¿Por qué? ¿En qué te influyó?

R.C.: Mis mentores han sido los grandes arquitectos de todos los tiempos. Pero no puedo decir que haya tenido un mentor arquitectónico que guiara mi etapa de formación o apoyara mis primeros pasos. He llevado una línea independiente, lo que, por una parte, me ha dado libertad para ir generando una arquitectura personal; y lo que, por otra, me ha restado la ayuda intelectual y profesional que proporciona un mentor.

Eres una referente en la Arquitectura Sostenible, ¿cuáles son los materiales sostenibles por los que sientes predilección y por qué?

R.C.: Para mí la sostenibilidad empieza por el sol y la luz, los mejores “materiales” que podemos utilizar. Si desde el primer momento que abordas un proyecto diseñas con el sol, tienes recorrido la mitad del camino hacia la sostenibilidad.

A lo largo de mi vida he utilizado muchos materiales en mis edificios, el hormigón armado visto, el ladrillo visto, la piedra, el acero corten, el vidrio, el sate y revocos, etc. La arquitectura es para mí como un gran puzle. Hay que encajar numerosos parámetros que van desde los más conceptuales y abstractos hasta los más prosaicos y materiales. Los materiales son una pieza más en este gran mosaico de piezas. Por ello no considero que haya materiales más sostenibles que otros.

Sin embargo, sí me ha interesado mucho la investigación en estructuras que minimizaran material a fin de ahorrar energía en el proceso de construcción. Las investigaciones en las estructuras naturales, por ejemplo, la estructura de un tronco de árbol o el hueso neumático de las alas de las aves, han sido inspiradores en la búsqueda de estructuras sostenibles. Baste pensar que un águila real, animal de una envergadura próxima a la del ser humano, llega a pesar solo entre 4 y 7 kg por un sistema estructural donde el vacío es tan importante como la materia. Así, estructuras con diferente configuración geométrica y con búsqueda del aligeramiento nos llevan a soluciones eficientes de menor consumo energético. En ese campo sí creo que hay mucho por hacer. 

¿Crees que la descarbonización del sector de la construcción, de forma total o parcial, será posible en el corto/medio plazo? ¿Sería necesario una mayor implicación de las administraciones públicas?

R.C.: La descarbonización en el sector de la construcción tendrá que ser posible. No obstante, nos estamos moviendo despacio mientras que los problemas sociales y medioambientales avanzan a velocidad. El hecho de que la energía, por las situaciones actuales de la guerra de Ucrania, haya incrementado su precio de manera exponencial está sensibilizando a la población para construir de otra manera basada en energías renovables y con mucha mayor atención al aislamiento o a la protección de las inclemencias. Pero queda mucha tarea por hacer. Por un lado, tenemos un parque construido envejecido que se hizo con otros estándares y que se renueva muy lentamente. Por otro lado, no se trata solo de la edificación, sino de la ciudad y del territorio. Cuestiones como la extensión de la mancha urbana, la movilidad, la ciudad insana por contaminación y por calor, el excesivo o mal consumo de agua, etc. son temas de máxima prioridad que requieren cambios muy radicales, y por ello difíciles de implantar. Se requiere la implicación de todos: las administraciones públicas, pero también la ciudadanía, la industria y los profesionales.

En tu faceta como docente has trabajado con diferentes universidades, ¿qué crees que te aporta esta actividad en tu labor arquitectónica?

R.C.: La docencia ha sido mi gran escuela de aprendizaje. La enseñanza te obliga a un estudio permanente. Jamás puedes bajar la guardia y no te puedes quedar en lo que en un momento aprendiste. De ese estudio permanente y de la oportunidad de compartir continuamente con otros, bien sean consolidados compañeros o bien jóvenes en formación, se va destilando una riqueza que se traspasa a tu quehacer profesional. De hecho, siempre digo que en mi trayectoria hay tres ramas de actividad de las que no puedo prescindir: la docente, la investigadora y la profesional. Las tres se nutren entre sí continuamente. Y aunque cada una tiene sus objetivos, su dinámica, su diferente velocidad en obtención de resultados, al final confluyen y cada una alimenta a la otra en el momento oportuno.

Hoy es difícil pensar en la profesión sin incluir la investigación. En muchas conferencias y congresos internacionales me he encontrado con los grandes estudios internacionales que aportan tanta investigación como los representantes del mundo académico. Hoy en día la profesión se entrecruza en numerosas ocasiones con la investigación.

¿Qué opinión te merecen los sellos sobre sostenibilidad, cada vez más numerosos? ¿Crees que son un sistema que fomenta las obras ecofriendly y acerca esta perspectiva a los ciudadanos?

R.C.: Los sellos sobre sostenibilidad, al igual que los códigos técnicos, sirven para impulsar un cambio en el modo de pensar y construir la arquitectura. Están contribuyendo a tener unos estándares más exigentes en la eficiencia energética. Sin embargo, y todo tiene un pero, los sellos de sostenibilidad son, en muchos casos, sistemas comerciales privados que tienen su marco de certificación dentro de un proceso mercantilista. El objetivo que deberíamos tener es que, en un tiempo razonable, la arquitectura recupere la lógica de la mejor utilización de los recursos, tanto en el proceso de construcción como en la vida útil, sin necesidad de avales externos o de imposiciones obligadas, sino como hecho natural del proceso proyectual, constructivo y de uso.

¿Algún proyecto o proyectos que destaques especialmente? ¿Por qué?

R.C.: Son varios los proyectos que destacaría de mi trayectoria. El primero es el Centro de Salud Santa Isabel de 1994. Supuso el cambio de una época de búsqueda, al inicio de la profesión, a la de definición de una arquitectura que inicia una línea propia, impregnada ya por las influencias de las formas naturales. El edificio, con una geometría dinámica inspirada en el molusco “Nautilus” como patrón de la estructura y realizado en hormigón visto blanco, genera una forma novedosa que juega con los espacios fluidos y cambiantes que, además, giran según el recorrido del sol, consiguiendo máxima luminosidad y el control de su impacto. Para nosotros, este edificio fue el arranque de un modo de hacer arquitectura que encuentra su inspiración principal en la naturaleza. Y muy similar fue el Centro de Especialidades Numancia, en Madrid.

Centro de especialidades Numancia, Madrid

El segundo proyecto que destacaría es el de las V Towers en Kolkata. Son dos rascacielos gemelos, unos para viviendas y otro para hotel, en una zona de extensión de la ciudad. Los conceptos innovadores estructurales, que se apoyan en las vértebras de forma triangular de los peces por su resistencia a la torsión, permitieron cambiar la tipología convencional de los rascacielos. Con una diferente y atractiva volumetría, las V-Towers optimizan la estructura, incrementan el factor de fachada y consiguen cuestiones inusuales en los edificios en altura, como la ventilación cruzada. Estos edificios gemelos fueron un reto, realizados en colaboración con uno de los grandes estudios de India, CP Kuk reja, y llevaron gran empeño y esfuerzo para llegar a su culminación en 2018.

Y por supuesto, no puedo dejar de citar la Torre Biónica. Este proyecto, que nació por la necesidad de buscar alternativas a las megaciudades que encontramos en Asia en nuestros primeros viajes, se convirtió con el tiempo en un campo de experimentación, un proyecto piloto al que se fueron sumando aportaciones rupturistas que provenían de diferentes campos. Esta ciudad en vertical o ciudad de ciudades, capaz de alojar a 100.ooo personas, es un nuevo modelo de urbanismo que ahora se desarrolla en vertical a fin de reducir la cantidad de territorio necesario para dar cabida a una población mundial en aumento. Constituida con 12 barrios verticales, tiene su espacio público, su plaza-jardín a pie de cada barrio multiplicando el espacio público a diferentes niveles. Su gran altura, 1228 m, nos llevó a explorar diversas soluciones estructurales que finalmente encontraron en la naturaleza la pauta para desarrollar un sistema estructural válido. La Ciudad Vertical se plantea completamente autosuficiente. Sacando provecho de su dimensión se ha desarrollado un sistema de generación de energía a partir del sol, del viento, del agua y humedad que permite cubrir sus necesidades de consumo.

El proyecto de la Torre Biónica en Shanghái.

Por último, resaltar un proyecto que deriva de un proceso largo de investigación sobre la utilización de microalgas en la arquitectura. En 2010, junto con un grupo de empresas lideradas por Iberdrola, ganamos en convocatoria nacional competitiva un proyecto pre-productivo del CDTI, del Mº de Ciencia e Innovación, proyecto de largo alcance tanto en años como en presupuesto. Con esta investigación base finalizada en 2014, retomé hace unos años la investigación, junto a otros investigadores de la UAH y la UPM. Y ahora nos encontramos a punto de comenzar la construcción de un proyecto altamente experimental que el Ayto. de Alcorcón, a través de la empresa de servicios municipales ESMASA, ha asumido y apoyado y esperando verlo finalizado tan solo en unos meses.

Gracias a Rosa Cervera por dedicarnos su tiempo y permitirnos profundizar en su visión sobre la Arquitectura Sostenible.

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