Por Luis Guerra

Los hechos que configuran nuestro contexto histórico sirven a menudo de inspiración a los artistas. Estos no son ajenos a su tiempo y, por eso, se acercan a los grandes temas que atraviesan el mundo en el que viven –y crean– de maneras diferentes; los “representan” de modo original y subjetivo, revelando, a quienes nos acercamos a conocer sus obras, perspectivas y enfoques que otras aproximaciones nos vedaban. Las diferentes disciplinas artísticas nos brindan así un tiempo y un espacio para el encuentro con formas distintas de apreciar el entorno.

Los movimientos migratorios son sin duda uno de esos grandes temas que definen las sociedades contemporáneas. El antropólogo Thomas Eriksen, al delimitar el concepto de globalización, señaló la movilidad humana como uno de los ocho factores que la definen. Los siete restantes –deslocalización, aceleración, estandarización, interconectividad, mezcla, vulnerabilidad y relocalización– están asimismo muy presentes en las creaciones artísticas actuales, y merecen también una síntesis análoga a la que presentamos aquí para las migraciones.

La importancia que la movilidad humana tiene en la sociedad actual se refleja en las prácticas artísticas dedicadas a ella: si la XI Bienal de Lanzarote –celebrada entre septiembre de 2022 y marzo de 2023– consideró las migraciones uno de sus ejes articuladores, la sexagésima edición de la Bienal de arte de Venecia, que podrá visitarse entre el 20 de abril y el 24 de noviembre de 2024, ha tomado como título Stranieri Ovunque – Foreigners Everywhere (‘extranjeros por todas partes’), para incidir, en palabras de su comisario Adriano Pedrosa, en la doble idea de que, por un lado, vayamos donde vayamos nos encontraremos siempre con extranjeros y, por otro, en que todos somos también extranjeros, estemos donde estemos.

El concepto aglutinador de ‘extranjero’, vecino a los de ‘ajeno’, ‘foráneo’ o ‘extraño’, permite mostrar juntas propuestas de diferente carácter: por un lado, aquellas que se centran en la denuncia del racismo y la xenofobia; por otro, las producidas por artistas (auto)definidos por su condición de extranjeros (migrantes, expatriados, exiliados, refugiados…). Además, en sentido figurado, podemos considerar extranjero también a quien cruza otro tipo de fronteras, de carácter simbólico (como el artista queer; el artista que se sitúa en los márgenes del mercado o, señala Pedrosa, el artista indígena que, en ocasiones, es tratado como extranjero en su propia tierra), por lo que la selección incluirá también trabajos generados en estos ámbitos.

Sandra Gamarra Imágenes crocantes es un ambiente húmedo I, 2020 Imágenes crocantes es un ambiente húmedo II, 2020 Foto: Juan Pablo Murrugarra
Sandra Gamarra. Imágenes crocantes es un ambiente húmedo I, 2020 / Imágenes crocantes es un ambiente húmedo II, 2020. Foto: Juan Pablo Murrugarra

España presenta en la Bienal el proyecto Pinacoteca migrante, obra de la artista peruano-española Sandra Gamarra. Como en trabajos precedentes (cercano aún en el tiempo está la exposición “Buen Gobierno”, que se mostró, con alguna que otra polémica, en la sala Alcalá 31 de Madrid entre septiembre de 2021 y enero de 2022), Sandra Gamarra propone una visión crítica de las relaciones entre las sociedades peruana y española –originadas a partir del encuentro entre ambas propiciado por la conquista española– inserta en los enfoques que revisan el periodo colonial español. La exposición de la Bienal está comisariada por Agustín Pérez Rubio, que también se encargó de la exhibición madrileña.

Esta preocupación por los movimientos de personas en el mundo contemporáneo constituye también la idea central de la instalación audiovisual y textil En busca de la vida, que la artista filipino-canadiense Stephanie Comilang muestra en TBA21 Thyssen-Bornemisza Art Contemporary entre el 5 de marzo y el 26 de mayo de 2024. Mediante dos grandes pantallas enfrentadas, la autora construye un relato en el que se integran los flujos migratorios de nuestro tiempo con precedentes coloniales –vinculados en este caso a la presencia española en Filipinas–, las migraciones de algunas especies animales –en concreto las mariposas monarca– y el transporte de mercancías, creando un producto audiovisual que nos permite pensar los desplazamientos humanos en un contexto que incorpora otras modalidades y tiempos. La disposición de la muestra crea un espacio –y un tiempo– que enriquecen la experiencia del espectador, pues facilita la percepción del conjunto y las posibles reflexiones derivadas de ella. Comisariada por Chus Martínez, la exposición se completa con la exhibición de varias piezas textiles creadas con fibra de piña –que se convirtió en el tejido tradicional filipino tras la introducción de esa fruta en el archipiélago por los españoles–; los mantones con mariposas bordadas refuerzan la coherencia de la instalación al vincular las piezas textiles con las mariposas que coprotagonizan el vídeo.

A la espera de conocer con detalle las distintas exposiciones de la Bienal de arte de Venecia, la instalación de Stephanie Comilang tiene la capacidad de entrelazar, de ese modo singular que solo la mirada artística es capaz de ofrecer, muchos de los temas de fondo –interconectividad, mezcla, movilidad, vulnerabilidad, relocalización– que caracterizan nuestras sociedades.

 Stephanie Comilang En busca de la vida. Díptico, 2024-2025 Captura de vídeo. Producido por TBA21 y Sharjah Art Foundation. © Stephanie Comilang
Stephanie Comilang. En busca de la vida. Díptico, 2024-2025. Captura de vídeo. Producido por TBA21 y Sharjah Art Foundation. ©Stephanie Comilang

 

Luis Guerra es doctor en Filología e investigador en comunicación y migraciones.

 

 

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