A finales de los años 90 e inicios de siglo, Matthew Lillard era un secundario de esos que siempre agradecías ver, agazapado y esperando su gran oportunidad. A base de muecas, histrionismo y con una expresión facial muy peculiar consiguió escalar en Hollywood trabajando con Wes Craven y John Waters. Sin embargo, poco a poco se fue perdiendo entre la niebla de la edad, aunque sigue trabajando de manera más o menos constante. Y es que, ¿qué fue de él? ¿Qué pasó con Matthew Lillard?

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Matthew Lyn Lillard nació el 24 de enero de 1970 (o sea, que tiene ya 54 años) en Michigan, de padres de clase obrera. De hecho, su infancia la pasó en Tustin, una pequeña ciudad de California de algo más de 80.000 personas donde también se criaron Cuba Gooding Jr o, en la ficción, John Locke (sí, el de ‘Perdidos’). Su vida iba a ser normal y corriente, hasta que la actuación llamó a su puerta. Literalmente.

El mismo verano que se graduó del instituto le ficharon como extra para la película ‘Ghoulies III: Los Ghoulies van a la universidad’, una gamberrada directa a vídeo que traicionaba el espíritu de la saga al dar a los bichos la capacidad de hablar. En los créditos, interpretando a Stork, nuestro héroe aparecía como «Matthew Lynn». Antes de que la cinta se lanzara, consiguió un puesto como presentador de un programa para Nickelodeon titulado ‘SK8-TV’.

‘SK8-TV’ es una de esas cosas que solo podían pasar en los 90: se trataba de un show basado exclusivamente en hacer piruetas con el monopatín y que se emitió desde julio hasta septiembre de 1990. Por aquel entonces, Lillard ya había decidido su futuro: estudiaría arte dramático en Pasadena, en la misma clase que -curiosamente- Paul Rudd. Lillard montó su propio grupo de teatro improvisado, estudió en Nueva York y, finalmente, tuvo su gran oportunidad de manos de un director underground algo domado por la industria: John Waters.

Entre asesinatos anda el juego

En 1994, Lillard consiguió su primer papel importante en ‘Los asesinatos de mamá’, donde interpretaba al hijo de Kathleen Turner. Cuentan que cuando llegó a plató, lo primero que vio fue que ella se había memorizado todos los nombres del equipo. Cuando él le preguntó por qué, Turner respondió «¡Oh, cariño, eso es lo primero que tienes que hacer!».

Serial MomSerial Mom

Su carrera empezó fuerte, y en 1995 ya estrenó cinco películas menores que los nostálgicos de la época puede que recuerden, como ‘Amor loco’ o ‘Hackers, piratas informáticos’. Poco a poco se fue labrando un papel hasta que llegó la hora de su salto a la fama gracias a Wes Craven y una películas de meta-cine titulada ‘Scream’. Lo curioso es que consiguió el papel de Stu de casualidad, mientras acompañaba a su novia de la época a la audición de otra película en el mismo edificio: la directora de casting le vio y le pidió que probara suerte. Lo consiguió de inmediato.

La pena es que, por motivos obvios, no pudieron seguir utilizándole en la franquicia… aunque hay quien rumorea que algún día se revelará que su personaje sobrevivió y lleva todos estos años maquinando en la sombra, sobre todo después de hacer un cameo como figurante en ‘Scream 2’. Poco a poco, los papeles en blockbusters fueron acumulándose y pudo dejar su papel de fiestero universitario: ‘Wing Commander’, ‘Alguien como tú’ o ’13 fantasmas’ pagaron las facturas hasta que llegó su momento de revolucionar (o masacrar, según a quien preguntes) una saga mítica.

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¿Dónde estás tú?

Cuando en 2002 se estrenó ‘Scooby-Doo’, Lillard (un casting perfecto, por cierto) no sabía que acabaría interpretando a Shaggy durante años y años. Y es que los críticos odiaron la película guionizada por un joven James Gunn, pero alabaron su actuación. De hecho, el actor también aborrecía la cinta hasta que vio que le podía abrir puertas en Hollywood y pasó a abrazarla con pasión. De hecho, repitió con todo el reparto en la segunda parte, también escrita por Gunn.

Desde entonces, su estatus no quedó muy claro en Hollywood: era lo suficientemente famoso como para estar en películas de los Teleñecos o hacer cameos con los Looney Tunes, pero su filmografía empezaba a resentirse y a necesitar buenas películas. Poco a poco su estrella se fue apagando, y llegó a aparecer en títulos de Uwe Boll (‘En el nombre del rey’) o en explotations surferas (‘Surf Party’). A sus 40 años, Lillard ya estaba en otra cosa.

No sé si fue por la crisis de la mediana edad, pero en 2010 aceptó un papel que le cambiaría la vida para siempre: ser la voz de Shaggy en todo -literalmente- lo que se haga en la franquicia ‘Scooby-Doo’. Hasta ahora ha aparecido en 26 películas, ocho especiales y más de 150 episodios de diferentes series del perro resuelve-misterios. Y, francamente, no parece que se arrepienta en absoluto. Al final, es como tener un trabajo de funcionariado artístico que le deja tiempo para participar en los proyectos que le apetecen sin preocuparse del dinero.

En la última década (más o menos) le ha dado tiempo a dirigir una película (‘Fat kid rules the world’) y aparecer en cintas como ‘Los descendientes’ y series como ‘The bridge’, ‘The good wife’, ‘Bosch’, ‘Halt and catch fire’ o ‘Chicas buenas’. El año pasado, de hecho, volvió a conseguir un papel de esos que toda una generación recordará en ‘Five nights at Freddy’s’. Puede que el público le haya perdido de vista, pero Matthew Lillard tiene muy claro dónde está.

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