Tras algunos buenos papeles que han quedado en el olvido como ‘Leon’, el actor Dev Patel tuvo un resurgir gracias a la increíble ‘El caballero verde’, pero ha logrado transformar su imagen para siempre a base de sangre, sudor y suciedad, con alguna pelea muy dolorosa por el camino. Sin embargo, ‘Monkey Manestá lejos de ser «la mejor película de acción del año» con la que se viene presentando (esa corona de momento la lleva ‘Road House‘).

Lo mejor de esta producción con la marca de Jordan Peele son sus aspectos culturales más callejeros, su conocimiento de los bajos fondos de la India que crean una empatía instantánea por su protagonista y su mundo, lo que rima con su marcado carácter político y algunos momentos muy potentes de simbolismo visual no tan comunes en el cine de acción que confieren un aroma de prestigio en lo que no deja de ser una clásica película de venganza, acción y artes marciales según el patrón de Hong Kong.

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No por mucha seriedad amanece más trascendente

Por ello, el trabajo se baña en su mejor frecuencia cuando aboga por el humor cómplice, el splatstick y la encarnación marginal del mono que toma la vía del héroe falible. Es todo un acierto contar con Sharlto Copley, pero queda un poco desaprovechado en una historia que encuentra su talón de Aquiles cuando se pone demasiado solemne. Y es ahí reside su mayor bache, en su conexión con lo espiritual, que funciona durante un ratito, pero se acaba haciendo con el timón en su parte crítica.

Conforme llega a su último acto, Patel acaba gustándose como director «serio» y la película se acaba pasando de frenada con su coartada dramática, creando algunas arritmias venenosas y un final que no logra la conexión emocional que busca, pese a que logra ser satisfactorio en su baño de sopapos, cuchilladas y luchas con razón de clase, una marca de fábrica del nuevo cine indio de acción, que crea su épica en torno a la justicia social cortando por lo sano.

FireFire

Este impasse se genera por un parón criminal en el nudo que rompe la construcción del momento de la película, hasta el punto de recuperar un flashback completo que ya se había ido mostrando, hasta ese momento de forma contenida, con fragmentos que hasta hacían a la dirección casi parecer elegante. Pero el valle del templo y su “reset” se hace interminable, ubicando entrenamientos, nuevos personajes, conflictos y situaciones de partida en un espacio elongado sin contrapunto de guantazos.

¿Importación o apropiación?

Además, ese espacio no se utiliza para desarrollar y consolidar la relación del protagonista con los otros personajes, ya que durante el nudo la historia hace amago de dar peso a algunos secundarios con relación al “hombre mono” pero esto solo sirve para que queden desdibujados en una conclusión que se olvida de ellos. Uno se limita a abrir la boca de asombro, otra acaba resultando un recurso pseudoromántico-sexual que se queda a medias en todo, quedando como apoyo del mini anuncio «INVICTUS» de Patel al final.

Incluso el perro queda sin una aparición final que justifique la simpática relación que se entabla en medio del plan de inflitración. Es esa parte lo más valioso de la obra, una estrategia paciente que rivaliza a la de ‘Old Boy’ y hace funcionar la historia como un “Conde de Montecristo” oriental digno de un folletín en el que Patel pudiera ir librando batallas hasta encontrar a su némesis a lo largo de varias películas.

Monkey Man HeaderMonkey Man Header

En cierto modo esa es la idea, pero al comprimirlo en dos horas subraya la filosofía de videojuego en niveles, que a veces funciona gracias a su no poca violencia, pero al final deja la sensación de ser algo ya bastante visto. De hecho, hasta parece seguir el rastro (de sangre) de burradas indonesias comoThe Night Comes for Us’, que es más cafre, ágil y precisa en sus escenas de acción. Con todo, ‘Monkey Man’ es un valiente acercamiento a ese mundo de acción y mugre para un público más amplio, aunque siempre es una oportunidad para destacar y repetir que Timo Tjahjanto merece más la atención recibida por esta.

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