El pintor Juan Manuel Díaz-Caneja
nace en Palencia en 1905, ciudad en la que pasará su infancia y juventud.

En1923 se traslada a Madrid con
la intención de estudiar la carrera de arquitectura, donde acude al taller de
Vázquez Díaz para preparar la asignatura de dibujo. Pronto dejará los estudios
para dedicar todos sus esfuerzos a la pintura en el taller de Vázquez Díaz. Al
mismo tiempo, participa, de manera activa, en la vida cultural madrileña de
vanguardia, estableciendo relación con pintores y artistas de la vanguardia
española como Benjamín Palencia, Alberto Sánchez, Maruja Mallo y posteriormente
con Bores, Cossio o Ramón Gómez de la Serna.

Pasa en París el invierno de
1929, donde descubre el arte moderno y en especial el cubismo. A su regreso a
España participa en el I Salón de los Independientes, inaugurado en el local
del Heraldo de Madrid.

Su obra mas característica
comienza a partir de la década de los años 40 y está presidida por el influjo
de dos figuras claves en el arte del siglo XX: Braque y Matisse. El primero le
enseñó a estructurar analíticamente la geometría de las cosas y del segundo
aprendió el uso rico y sensual del color.

Podríamos calificar la pintura de
Díaz Caneja como la de un postcubísta, que se deja arrebatar por el poder del
color. Tras la Guerra Civil los cuadros de Caneja son básicamente paisajes
castellanos, en los que se mantuvo siempre en un punto equilibrado entre el
análisis compositivo y el colorismo sin caer en la descripción.

En los primeros años, su obra
presenta una fragmentación geométrica en combinación con un colorido apagado en
que dominaban los marrones y tierras, muy en línea con las propuestas del
Cubismo Analítico. A la luz de este influjo del cubismo hay que analizar obras
como Fábrica (1929) o Composición (1930).

Esta forma de hacer fue
progresivamente sustituida por unas manchas de color, más o menos fragmentadas,
que se iban enriqueciendo con diversas tonalidades y matices, obras como
Tierras (1962) o Pueblo (1974) son un ejemplo de ello.

La creación de tonalidades
propias hace que sus obras ofrezcan una imagen mucho más rica y sensual del
paisaje castellano de lo que es habitual. apartándose así de la imagen tópica
de aridez v dureza creada a partir de la generación del 98. Pinturas como
Tierras Amarillas (1976), Dos manzanas (1950) o Tierra azul (1982), muestran
esa riqueza de color que Caneja ve en el paisaje de Castilla en la cual
encuentra ‘todos los violetas, todos los malvas, todos los colores que
quieras».

La dirección y fuerza de la
pincelada evoluciona junto con el color y los tonos que, en una conjunción y
evolución ejemplar, desembocan prácticamente en la abstracción en la última
etapa de la obra del pintor. Aunque los títulos nos indican que Caneja sigue
tomando como referencia última lo que ha sido su tema más querido: el paisaje
de Castilla. Un buen ejemplo de esta etapa son dos pinturas tituladas Tierra
roja y Mancha negra, realizadas ambas en el año 1987, el año anterior a la
muerte del pintor.

Desde 1954, año en que recibe la
tercera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes, la obra de Caneja
tendrá un reconocimiento en el contexto del arte español y universas. En 1958
se le concede el Premio Nacional de Pintura y años mas tarde, en 1984, la Junta
de Castilla y León le concede la medalla de oro de Bellas Artes.

En 1988 muere en Madrid.

Fuentes:

www.diaz-caneja.org

http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Manuel_D%C3%ADaz_Caneja

Nota: La propiedad intelectual de las imágenes que aparecen
en este blog corresponde a sus autores y a quienes éstos las hayan cedido. El
único objetivo de este sitio es divulgar el conocimiento de estos pintores, a
los que admiro, y que otras personas disfruten contemplando sus obras.

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