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Jardines, estanques, desvanes, pasajes, balaustradas, Háfrika, estancias. Son títulos de algunas de las series más significativas de Carlos León, pero también términos que el artista asocia a lugares de su vida, que lo fueron de conocimiento o de seducción y que por eso han adquirido para él simbolismo.

Entrando en detalle, y en palabras del pintor, un jardín es un lugar de simulacro (de un paraíso del que fuimos expulsados). Un estanque es un Lugar de inmersión en lo oculto. Un desván… un pasaje hacia ciertas estancias de la memoria. Han sido escenarios de su trayectoria desde que, en su juventud, indagaba en las posibilidades del expresionismo abstracto y, en el paso de los años, lograba convivencias entre la abstracción y la naturaleza no necesariamente románticas ni ligadas a una necesidad de escape.

Hasta el próximo octubre León ofrece en el MUSAC la muestra «Lugar del elogio», comisariada por Fernando Castro Flórez: no se trata de una antología al uso, pero sí reúne algunos de sus trabajos definitorios, piezas cuya estética bebe tanto de esos vergeles como de acumulaciones de desechos o chatarra, esquivando lo rutinario. De hecho, en León ofrece este autor, nacido en Ceutí pero ligado desde su infancia a Segovia, una instalación que sigue la senda de sus anteriores ensamblajes objetuales, quizá la vertiente menos conocida de su producción, y que está compuesta por ruedas viejas y por su propia voz pronunciando la pieza de Samuel Beckett Cascando, aquí vinculada al sentido deseante y a la urgencia vital con que el artista plantea sus creaciones.

Carlos León. Lugar del elogio. MUSACCarlos León. Lugar del elogio. MUSAC

Carlos León. Lugar del elogio. MUSAC

Carlos León. Lugar del elogio. MUSACCarlos León. Lugar del elogio. MUSAC

Carlos León. Lugar del elogio. MUSAC

Carlos León. Lugar del elogio. MUSACCarlos León. Lugar del elogio. MUSAC

Carlos León. Lugar del elogio. MUSAC

Podremos repasar, en las salas de este centro, las incursiones pictóricas y hallazgos que León hizo suyos desde finales de los sesenta, desde aquella abstracción gestual de impronta americana y la intensidad barroca a la consideración de que superficie y soporte podían identificarse en el ámbito pictórico o la compatibilidad de la vivacidad cromática y la potencia reflexiva. El conjunto de su obra es fácilmente identificable, al tiempo que se construye desde la gestación de diferenciaciones sutiles y digitalmente trazadas, derivadas de los cambios de ritmo y agitación, del movimiento del cuerpo, de la mayor o menor inclinación hacia la plasmación del motivo fuente o hacia su conversión en espectro evocador.

En el fondo, en esos espacios donde este autor se nutre de referentes (jardines, estanques) existe sobre todo lo efímero, aquello que es susceptible de caer y regenerarse y que remite tanto a la pasión como a la muerte. En cada raíz de una planta brota una lucha de contrarios, lo que naufragará y lo que se salvará; no es casual que algunas de sus composiciones últimas hagan alusión a la fecundación mítica de Dánae.

Veremos en el MUSAC piezas sobre tela, Dibond o madera, soportes diversos en los que León ha sembrado negritud, luciérnagas o vergeles orgánicos para la contemplación. Una y otra vez, en sus trabajos, la materialidad de la propia pintura deviene una guía de acceso hacia sus terrenos propios: trazos ligeros y juegos de superposiciones generan sensaciones táctiles.

Carlos León. Lugar del elogio. MUSACCarlos León. Lugar del elogio. MUSAC

Carlos León. Lugar del elogio. MUSAC

Carlos León. El jardín para Enrique Morente, 2010. Fotografía: Luis Marino CigüenzaCarlos León. El jardín para Enrique Morente, 2010. Fotografía: Luis Marino Cigüenza

Carlos León. El jardín para Enrique Morente, 2010. Fotografía: Luis Marino Cigüenza

Carlos León. La tarde de octubre, 2015Carlos León. La tarde de octubre, 2015

Carlos León. La tarde de octubre, 2015

 

 

Carlos León. «Lugar del elogio»

MUSAC

Avenida de los Reyes Leoneses, 24

León

Del 6 de junio al 18 de octubre de 2026

 

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