Valeri Guérguiev estuvo a la cabeza de una orquesta que ejecutó en las ruinas del anfiteatro romano de Palmira el concierto Oración por Palmira, al que asistieron alrededor de 400 espectadores, luego de que la convocatoria se hiciera sólo algunas horas antes de modo sorpresivo.

El anfiteatro de esta localidad siria se ha llenado nuevamente de música, luego de que hasta hace sólo unas semanas los miembros del Estado Islámico (ISIS), utilizaran las instalaciones de este patrimonio de la humanidad para dar muerte a algunos de sus rehenes.

El ejército del régimen sirio, con el apoyo de las fuerzas armadas de Rusia, pudo arrebatar este importante espacio a los integrantes de ISIS, por lo que el concierto dirigido por Guérguiev no sólo fue un homenaje a los inocentes allí caídos, sino también sirvió para homenajear la labor del ejército ruso, que además retiró las minas sembradas por Estado Islámico en el recinto arqueológico.

Putin se dirigió a la audiencia mediante una videoconferencia, recalcando que el concierto era un signo de esperanza y el director del teatro Maríinski se dirigió a la audiencia asegurando que el concierto era una protesta contra la barbarie y la violencia. La actuación de la orquesta rusa fue un llamado a la paz y a la unidad.

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