Desde el año 2009, las orquestas han visto cómo su audiencia se ha disminuido considerablemente. En vista de la pérdida del interés, muchos directores de orquesta buscan reinventarse, dejar de lado las posturas elitistas, y tratar de conseguir una zona de convergencia entre la música clásica y la audiencia más joven.

Edgar Marín, director de la Camerata Musicalis de España, es uno de ellos. Al dirigirse a los movimientos que componen la sinfonía Júpiter de Mozart se refiere a cada movimiento como Chuck Norris, Meg Ryan y el Pequeño Nicolás, y es que, más de 2.600 conciertos menos en cinco años ha encendido las alarmas de los músicos clásicos en la nación ibérica.

Muchas agrupaciones como la Camerata Musicalis, han decidido aligerar un poco tanto protocolo, con el único propósito de seguir difundiendo su música y ganar audiencia. Edgar Marín toma como ejemplo el trabajo de Mozart, quien llevó su música a lugares tan informales como los parques, por lo que plantea que no sólo en el Teatro Real o en el Palau de la Música se debe interpretar.

El Batel de Cartagena es un ejemplo de las ideas a las que están recurriendo los músicos para reconciliarse con el interés del público. “Música para todos” es una propuesta que no sólo ofrece conciertos de coros y orquestas universitarias, sino que además incluye cursillos express de apreciación musical para público de varias edades.

No hay comentarios

Dejar una respuesta

nueve − cuatro =