Madrid,

Maggi Hambling nació en la misma villa inglesa que Thomas Gainsborough, en Sudbury (Suffolk), condado que por cierto también comparten con Constable, oriundo de la cercana localidad de East Bergholt. A priori tienen muy poco en común entre sí, sin embargo no podemos decir que esa geografía no incidiera en sus respectivos trabajos: los pintores dioeciochescos fueron grandes paisajistas, y la luz de ese entorno estará presente en su obra, pero Hambling también recreó la naturaleza atendiendo a sus matices, a las copas de los árboles zarandeadas por el viento, las variaciones lumínicas en los caminos o el mar bravo. Y si Gainsborough fue un excelente retratista que atendió a la personalidad de sus modelos, esta autora también trato de captarla, incluso la suya propia bajo distintos estados de ánimo, aunque fuera desde parámetros abstractos.

En aquel enclave de Suffolk daría Hambling los primeros pasos de su formación artística (en la East Anglian School of Painting and Drawing, dirigida por Cedric Morris y Arthur Lett-Haines); pasos que le llevarían, siendo aún muy joven, a Londres, donde ingresó en el Camberwell College of Arts y después en la Slade School of Fine Art, donde se graduó en 1969; en aquella etapa entabló amistad con David Hockney o Derek Jarman y, como ellos, se convirtió en una de las figuras señeras del panorama creativo londinense, una popularidad que facilitarían sus apariciones televisivas, su sentido del humor, una inteligencia aguda y sus dotes como actriz. Ha recibido desde entonces, su producción, muchas alabanzas de la crítica, pero también algunas opiniones duras y estas se dirigieron, sobre todo, a las esculturas públicas que quiso dedicar, entre finales de los noventa y 2020, a figuras de la cultura británica que hasta entonces no habían recibido amplios reconocimientos: Oscar Wilde, Benjamin Britten y Mary Wollstonecraft.

Maggi Hambling. Self-portrait, busy, 2018
Maggi Hambling. Self-portrait, busy, 2018

Regresando a 1969, aquel fue un año vital en su trayectoria: no solo por su graduación, sino especialmente porque recibió una beca para trasladarse a Nueva York que, como ella misma ha explicado en entrevistas recientes, supuso todo para ella; le permitió conocer la obra de Pollock, Mark Rothko o Andy Warhol, referencias fundamentales para cualquier artista de su generación. Tiempo después, en 1980, se convertiría además en la primera Artist-in-residence de la National Gallery de Londres, que posibilitó su contacto estrecho con los maestros antiguos.

Desde sus comienzos, pero sobre todo a partir de entonces, su trabajo profundizó en las posibilidades de la técnica pictórica a la hora de reflejar sus reflexiones sobre el ser humano, la violencia, la guerra o la muerte, asunto este último que Hambling ha afirmado querer llevar a sus lienzos con toda la vida posible. De hecho su estudio más estable hoy, que no se encuentra en su localidad natal pero sí en Suffolk, queda frente a una iglesia y su cementerio adyacente (en Inglaterra estos siguen rodeando los templos) y en sus telas encontraremos, no solo calaveras, sino a sus amigos y familiares fallecidos retratados; también a Henrietta Moraes, presente en muchas composiciones de Francis Bacon y Lucian Freud y de la que fue amante. Entre sus composiciones más recientes se encuentra Suicide with Buttlerflies, en la que una figura abstracta y negra cuelga sobre un fondo del todo blanco; no solo representa aquí un final voluntario, sino la aceptación de la decisión de alguien cercano.

Maggi Hambling. COVID solstice, 2021
Maggi Hambling. COVID solstice, 2021

Al margen de su temática, los tonos negros y grises sobre fondos claros son habituales en sus obras: aparecen en su serie de cabezas sonrientes Laughing, en las que las formas se diluyen y aplica toques rápidos de color. Sus risas no son agradables: tienen algo de mortuorias, de misteriosas e incluso de burlescas -apunta Manuela Mena que podrían situar al espectador ante un incómodo espejo-. En algunas más de sus imágenes últimas contemplaremos, asimismo, animales sacrificados por la acción humana o grandes olas del mar del Norte, escenas en las que la británica parece rebelarse energícamente ante las alteraciones del clima y el medio ambiente.

Maggi Hambling. Laughing, 2018
Maggi Hambling. Laughing, 2018
Maggi Hambling. Young elephant stunned, 2021
Maggi Hambling. Young elephant stunned, 2021

Mañana, 13 de abril, la Galería Marlborough de Madrid inaugura la primera exposición de Hambling en España: bajo el título de “4AM”, reunirá veinticuatro de sus pinturas más recientes, bellas y crudas. Dedicadas, como avanzábamos, a la muerte, la locura o el maltrato animal, resultan cercanas en ocasiones a la sensibilidad de la producción final de Goya: no podemos decir que la artista inglesa lo tome como referente, pero sí que comparten una inquietud natural hacia la captación pictórica de lo trágico y la voluntad de plasmarlo aprovechando la absoluta fuerza expresiva de las pinceladas, sus opciones de relieve, grosor, finura o riqueza matérica.

En la última década, la artista ha presentado muestras en la Marlborough neoyorquina, el British Museum, la National Gallery de Londres o el Hermitage de San Petersburgo.

Maggi Hambling. Aleppo IV, 2016
Maggi Hambling. Aleppo IV, 2016
Maggi Hambling. Night of the lotus eaters, 2019
Maggi Hambling. Night of the lotus eaters, 2019

 

Maggi Hambling. “4AM”

GALERÍA MARLBOROUGH

c/ Orfila, 5

Madrid

Del 13 de abril al 27 de mayo de 2023

 

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