Desde hace años, España está considerado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como el país más ruidoso de la Unión Europea y el segundo después de Japón a nivel mundial. El jaleo es parte de nuestra cultura, en la que el bullicio de las calles y las conversaciones de alto volumen son una constante en el día a día. Aunque este rasgo del pueblo español es parte de nuestra esencia y estamos acostumbrados a convivir con él, lo cierto es que tiene efectos demostrados en nuestra salud a los que no se les suele dar la suficiente importancia y es lo que conocemos como contaminación acústica, la gran olvidada cuando se habla de sostenibilidad ambiental.

En el post de hoy descubriremos los efectos de la contaminación acústica en nuestro organismo y cómo un aislamiento potente y sostenible en nuestros hogares es una excelente medida para hacer los espacios más habitables y, por ende, saludables.

Imagen de cookie_studio en Freepik.

El problema de la contaminación acústica

Según la Agencia Europea del Medio Ambiente, uno de cada cinco europeos sufre niveles de ruido que los científicos y expertos consideran peligrosos. Informes de la OMS lo constatan: en Europa la contaminación acústica es la responsable de provocar la mortalidad prematura de 12.000 personas al año, de alterar el sueño a 6,5 millones y de generar grandes molestias a 22 millones. Y es que este tipo de contaminación es uno de los riesgos ambientales más dañinos, concretamente, el segundo factor de riesgo más alto por debajo de la contaminación del aire.

El exceso de ruido procede de diversas fuentes: el volumen elevado de nuestras voces al charlar, los gritos y el sonido del tráfico, de la actividad industrial y de distintas maquinarias y aparatos. Cuando los edificios los que habitamos no tienen un buen aislamiento, estos ruidos se cuelan en nuestros hogares y lugares de trabajo, perturbando nuestra tranquilidad, interfiriendo en la concentración e interrumpiendo los momentos de descanso. Esto es especialmente importante para los niños, que al estar en pleno desarrollo sufren en mayor medida las consecuencias del exceso de ruido.

Opciones de aislantes sostenibles

Como vemos, prestar atención al aislamiento acústico no es solo una necesidad más de la construcción, sino una forma de cuidar de nuestra salud. Además, si nos decantamos por opciones naturales y ecológicas, también estaremos contribuyendo al cuidado del medio ambiente.  

En un post anterior de nuestro blog, hablábamos de diversas opciones sostenibles con un estupendo resultado para el aislamiento acústico: la fibra de madera , la celulosa, el corcho, o la fibra de cáñamo. Pero estos no son los únicos recursos naturales útiles para la reducción del ruido. Otros materiales como la lana de roca o las fibras vegetales de fique, coco o algodón tienen también excelentes prestaciones.

La lana de roca, también conocida como lana mineral, está hecha de un conglomerado de fibras de roca volcánica, principalmente basalto, que se comercializan en diversos formatos, siendo el más común las planchas rígidas de fácil colocación. Otras formas en las que podemos encontrarla son en baldosas, mantas o fibras a granel, que se utilizan para colocar en espacios de difícil acceso o para rellenar pequeños huecos.

Para obtener este producto, la roca se funde a altas temperaturas hasta convertirse en líquido, el cual se somete a una corriente de aire a alta presión y luego se hila en largas hebras de fibra. Para obtener las planchas, estas hebras se comprimen en tejidos gruesos y densos que posteriormente se cortan en las dimensiones deseadas, habitualmente de 3 x 1,2 metros.

Gracias a la estructura abierta y porosa de estas lanas, se absorbe el sonido de manera natural y muy eficaz, reduciendo tanto la transmisión como las reverberaciones. Al mismo tiempo que protegen del ruido, son también potentes aislantes térmicos y son altamente resistentes al fuego.

Planchas de lana de roca comercializadas por Leroy Merlin.

Según un estudio reciente desarrollado por investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid, las fibras vegetales de fique, coco y algodón reciclado de tejidos son otro recurso natural que demuestra prestaciones de aislamiento muy similares a la lana de roca. En él también se analizó su capacidad de aislamiento térmico, con resultados igualmente satisfactorios.  

Imagen de UPM.

Como vemos, son muchas las opciones entre las que podemos escoger para garantizar que nuestras construcciones no solo sean respetuosas con el medio ambiente, sino que además contribuyan a que disfrutemos de espacios más habitables, confortables y saludables. Una cuestión que muchas veces pasamos por alto pero cuya importancia a largo plazo es vital.    

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