Todo parecía dicho sobre el líder alemán Adolf Hitler, hasta que llegó a las librerías El gran delirio. Hitler, drogas y el Tercer Reich una obra que editó recientemente Crítica y que le pertenece al periodista alemán Norman Ohler, un hombre que deja a la vista las más profundas adicciones de uno de los protagonistas de la Segunda Guerra Mundial.

De acuerdo a esta controversial obra, la imagen que los medios proyectan de este líder impasible, queda completamente desdibujada, pues las recientes investigaciones de Ohlet demuestran que Hitler consumía drogas duras como la cocaína y ciertos opiáceos, sustancias que le permitían luchar contra su profundo complejo de inferioridad.

Theo Morell, el médico de cabecera de Hitler desde mediados de la década de los treinta, era el encargado de suministrarle al Führer estas sustancias. Aparentemente Morell carecía de ciertos conocimientos, sin embargo su ligereza le gustaba a Hitler, pues el médico no indagaba demasiado antes de recetarle nuevas drogas.

Fue así como en un poco más de una década, Morell le suministró a Hitler alrededor de 75 sustancias, cócteles de drogas que permitían al líder alemán mantener el estoicismo en una época en la que cualquier se hubiese derrumbado, tal y como ocurrió en 1945, en el bunker donde se ocultaba.

Ohler cuenta en su libro que para ese momento Morell se había quedado sin medicamentos por la destrucción de las fábricas farmacéuticas, y Hitler no dudó en prescindir de los servicios del galeno.

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