Una opción viable para mejorar la eficiencia energética de los edificios es la apuesta por el uso de energías renovables. Son fuentes de energía limpias y su demanda es cada vez mayor, ya que son una de las principales vías de cara a conseguir un planeta más sostenible.

Entre otras, podemos encontrar energía eólica, solar, hidráulica, geotérmica, mareomotriz, undimotriz, la biomasa y el biogás. De todas ellas, los paneles solares son, a día de hoy, la apuesta renovable más común en el ámbito de la edificación, pero no es la única. En el post de hoy nos centraremos en las posibilidades de la energía eólica.

La energía del viento

La energía eólica es aquella que se obtiene del aprovechamiento del movimiento del viento. A través de aerogeneradores compuestos por hélices, se captan las corrientes transformando su energía cinética en mecánica y, posteriormente, en energía eléctrica.

El aprovechamiento óptimo de este movimiento dependerá de la fuerza con la que se produzca en el lugar donde se ubica el aerogenerador. Para que sus aspas comiencen a moverse, se necesitan vientos de aproximadamente 15 kilómetros por hora como mínimo, lo que equivale a una brisa ligera en la Escala de Beaufort, que mide la intensidad del viento.

En la actualidad se emplean dos tipos diferentes de energía eólica: la terrestre, producida a partir de los generadores ubicados en tierra; y la marítima, que aprovecha la fuerza de los vientos que se levantan en alta mar.

La energía minieólica, una buena alternativa para el autoconsumo

Al pensar en aerogeneradores, la imagen que nos suele venir a la cabeza es la de los clásicos “molinos gigantes”, que alcanzan los 120 metros de altura. En cambio, existen otros de menor tamaño destinados al autoconsumo. Se trata de la llamada energía minieólica, que proporciona potencias de hasta 100 kw y supone una alternativa energética limpia y sostenible para el hogar.

Podemos encontrar dos tipos distintos de aerogeneradores según el eje de sus aspas. Por un lado, los horizontales, que necesitan una veleta para orientarse hacia la dirección del viento; y los verticales, que captan las corrientes de aire desde cualquier ángulo. Los primeros son más comunes en explotaciones agrícolas o naves industriales, mientras que los segundos se suelen utilizar en edificios, ya que ocupan menos espacio.

La instalación de estos dispositivos es sencilla: apenas requiere obra y su mantenimiento no es muy costoso. Además, puede generar entre un 50 y un 70 por ciento del consumo eléctrico doméstico sin necesidad de grandes velocidades de viento, por lo que es una opción que supone un importante ahorro en el gasto doméstico. 

Requisitos para tener un generador de energía minieólica en casa

En caso de querer implementar esta energía verde en una vivienda privada, antes hay que asegurarse de cumplir una serie de requisitos:

  • En primer lugar, disponer de un espacio que tenga las dimensiones suficientes y que reciba una trayectoria del viento favorable a una velocidad recurrente.
  • Como mínimo, los minigeneradores deben colocarse a 8 metros de altura para que puedan funcionar.
  • Además, es necesario tener un permiso especial tanto del ayuntamiento donde esté ubicada la vivienda como de la comunidad de vecinos.

El papel del viento en grandes proyectos sostenibles

En los proyectos de arquitectura sostenible es importante tener en cuenta los recursos naturales disponibles en el lugar en el que se quiere edificar. Es el caso de las viviendas bioclimáticas, aquellas que aprovechan las características climatológicas de su entorno. En Tenerife, podemos encontrar un gran ejemplo de aprovechamiento de la presión del viento en el proyecto de Ruiz Larrea y Asociados, del que ya os hablamos en este post.

Una flor de ciruelo en el corazón de Taiwán

La implementación de la energía minieólica ya ha conseguido ir más allá de los hogares, estando presente en proyectos tan ambiciosos como rascacielos totalmente abastecidos con pequeñas turbinas.

Un ejemplo es la propuesta que diseñó en 2014 el estudio chino Decode Urbanism Office, que está inspirada en una flor. Es un rascacielos de 350 metros de altura con una fachada compuesta por miles de pequeñas turbinas eólicas con forma de diamante que serían capaces de producir la energía suficiente para el funcionamiento de toda la construcción.

El diseño del edificio está inspirado en la flor del ciruelo, símbolo nacional de China y Taiwán, con el objetivo de simular el efecto de estallido de los capullos en floración cuando se producen cambios en la dirección e intensidad del viento.

Además, el proyecto contempla la instalación de luces LED en cada generador, cuyo color e intensidad también variará en función de la de las corrientes de aire y los cambios de temperatura y estación.

‘Strawscraper’, el rascacielos peludo

Otra iniciativa ingeniosa que aprovecha la energía eólica es la que propone el estudio sueco Belatchew Arkitekter. Se trata del diseño de un “capuchón” compuesto de miles de fibras que producen energía eléctrica al ser movidas por el viento. Estas fibras, al ser vistas desde lejos, producen en el edificio el simpático efecto óptico de tener una especie de melena. La ventaja de esta tecnología a base de filamentos con respecto a los aerogeneradores es que no produce ruido y necesita bajas velocidades de viento para funcionar.

Este trabajo fue diseñado por los arquitectos como una ampliación de la Söder Torn, una torre residencial de 24 plantas ubicada en Estocolmo. Con la incorporación de la estructura eólica, el edificio alcanzaría la altura de 40 pisos con la que inicialmente fue diseñado.

Sin duda, la eficiencia energética y la apuesta por la implementación de energías renovables en el hogar trae consigo importantes mejoras, tanto a nivel individual, por el ahorro que suponen, como para el bien colectivo, allanando el camino hacia un planeta más sostenible.

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