Joaquín Torres-García se incorporó al mundo del arte y la arquitectura de la mano de grandes maestros. En el año 1903 trabajó con el arquitecto español Antonio Gaudí, haciéndose parte del movimiento noucentista de Cataluña.

El primer encargo grande del artista uruguayo llegó en el año 1910, cuando el escritor Roberto Payró lo contactó para desarrollar dos murales para el pabellón de Uruguay que estaría en la Exposición Universal correspondiente a aquellos años. Las piezas llevaron por nombre La Agricultura y La Ganadería.

En 1911 participó en la Exposición Internacional de Arte de Barcelona con una pieza titulada La Filosofía presentada por Palas en el Parnaso como Décima Musa. En esta obra ya notamos cómo Joaquín Torres García desea apartarse del simbolismo.

Conforme fue creciendo la popularidad del artista uruguayo, continuaron llegando encargos de relevancia, como los frescos del Salón de Sant Jordi en el Palacio de la Generalitat de Cataluña.

Este artista, que marca una gran huella en el arte contemporáneo del siglo XX, fue protagonista de una importante retrospectiva que estuvo en el MoMA de Nueva York hasta hace pocas semanas, y que actualmente se exhibe en la Fundación Telefónica de Madrid.

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