Pocos intérpretes entienden tan bien los poderes curativos de la música como James Rhodes, un pianista que ha decidido acabar con la apropiación que las élites han hecho a lo largo de los años del género clásico, y que desea poner al alcance de la audiencia más variada el bienestar de esta vertiente del arte.

En España el pianista londinense dio a conocer su autobiografía Instrumental. Memorias de música, medicina y locura, en el que narra cómo dedicarse al piano lo salvó de una vida asediada por las drogas y los intentos de suicidio, luego de haber sido víctima de abuso sexual durante toda su infancia.

Rhodes debutó en Barcelona en el festival Sónar, un evento poco habitual para un pianista de música clásica, y ahora regresa a la ciudad española cinco meses más tarde para presentarse en la Sala Barts, donde ha agotado las localidades, por los que los organizadores del Festival de Jazz de Barcelona ya contemplan una segunda fecha en el Palau de la Música durante el mes de febrero.

La evolución de Rhodes en España es curiosa, porque su primera actuación se llevó a cabo en un festival de música electrónica, luego actuará en una sala dedicada especialmente al pop-rock y finalmente en el 2017 llegará al gran templo barcelonés de la música clásica, una progresión que no disgusta al músico británico, quien se juzga a sí mismo como un outsider de la música clásica.

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