Esta semana hemos conversado con Helena Aguilar y Juan Ramón Cristóbal, cofundadores del estudio de arquitectura Mínima, situado en San Lorenzo de El Escorial (Madrid). Ambos arquitectos están especializados en los estándares Passivhaus y Minergie. Su filosofía a la hora de plantear los proyectos se basa en cinco pilares: enfoque bioclimático, bajo impacto ambiental, sencillez, eficiencia energética y ambiente interior saludable.

Entrevista

¿Cómo y cuándo nace el estudio de arquitectura?

Nos licenciamos en arquitectura en Madrid hace 20 años. En la primera etapa de nuestra carrera nos dedicamos a realizar concursos para grandes proyectos públicos. Es un entorno de trabajo en el que prima la calidad y el diseño, muy estimulante, pero también competitivo y estresante.

Cuando nacieron nuestros hijos aquello se volvió demasiado trepidante para nuestra familia. Decidimos buscar otro equilibrio, poniendo la calidad de vida y la sostenibilidad como eje central de nuestro trabajo.

Nos especializamos en arquitectura ecológica en Suiza y nos establecimos en El Escorial, un entorno natural a 40 minutos de Madrid. Aquí nació Mínima, nuestro estudio.

¿Cómo es vuestra metodología a la hora de afrontar los proyectos?

Suele tener una sólida base bioclimática. En una primera etapa, somos muy analíticos. La arquitectura bioclimática es una disciplina muy exacta y, aunque se puedan tener unas ideas previas del tipo de construcción que un determinado contexto va a pedir, conviene verificarlo con los datos climáticos precisos de cada lugar. A veces, los resultados sorprenden.

También nos gusta estudiar de cerca cómo es la arquitectura tradicional de la zona. Después de este primer análisis, con las pautas básicas bien definidas, entramos en una segunda fase más lúdica y creativa.

¿Existe algún material sostenible por el que sintáis predilección? ¿Por qué?

En España conviene no olvidarse de los materiales que confieren inercia térmica (masa) a los edificios, especialmente en la época cálida. La construcción tradicional con tierra, piedra, o cerámica se adapta muy bien a nuestro clima.

El enfoque bioclimático es la base de vuestros proyectos, ¿qué aspectos tenéis en cuenta a la hora de poner en práctica este modelo de diseño?

El diseño bioclimático busca adecuar el proyecto a las condiciones que ofrece el emplazamiento. En nuestro país, como en el resto de los climas templados, esta búsqueda del equilibrio entre el edificio y su entorno se centra en dos bloques estratégicos, que tienen relación con las estaciones.

En la época de frío, buscamos favorecer el aporte de calor que da la radiación solar y almacenarlo. Y en la época de calor, intentamos reducir el soleamiento y favorecer la refrigeración natural. En la época intermedia, los esfuerzos para generar un confort adecuado deberían ser prácticamente inexistentes.

Para perseguir estos objetivos, concebimos un edificio bioclimático como un verdadero organismo que transforma los elementos del clima exterior cambiante (y en ocasiones poco propicio) en unas condiciones climáticas interiores lo más favorables posibles.

Para esto, la arquitectura bioclimática tiene una colección de herramientas muy diversas. Unas tienen que ver con la elección del emplazamiento, otras con el diseño de la geometría del edificio y de su envolvente, y otras pueden estar relacionadas con la distribución del programa de usos del proyecto.

 Ambos os habéis formado en los estándares Passivhaus y Minergie, ¿qué diferencias apreciáis a la hora de diseñar vuestros proyectos bajo los criterios de cada uno de ellos?

Passivhaus nace en Alemania y Minergie en Suiza. Ambos sellos se basan en los mismos principios: una envolvente de edificio de muy alta calidad, una renovación automática del aire y un suministro de energías renovables.

Minergie, al igual que su equivalente alemán, tiene varios escalones. De menor a mayor exigencia, están Minergie, la etiqueta «básica»; Minergie-P, que designa los edificios de muy bajo consumo de energía y es un estándar equivalente a Passivhaus Classic; y Minergie-A, para los edificios de energía positiva, que se podría equiparar con Passivhaus Plus o Premium.

Pero el estándar Minergie tiene además un complemento con el que no cuenta Passivhaus. El complemento ECO, que puede combinarse con todos los niveles de Minergie y califica los edificios en los que se tienen en cuenta los aspectos relacionados con la salud y la ecología de la construcción.

Para conseguir un clima interior saludable en los edificios seguís las pautas del organismo Eco-Bau, ¿qué condiciones contempla este método para garantizar el confort de los usuarios?

Eco-Bau es precisamente el organismo que dicta los criterios del Complemento Eco del estándar suizo Minergie, que acabamos de mencionar.

El análisis que realiza Eco-Bau del ambiente interior de los edificios se basa en siete puntos. Por un lado, se estudian los factores biológicos, la posible aparición de mohos, ácaros o legionelas en función de las tasas de humedad presentes en el edificio. Los factores químicos, la presencia de sustancias tóxicas en los materiales de construcción, como el formaldehído, los disolventes o los biocidas.

También se estudia la posibilidad de que algunos materiales empleados en la construcción puedan, en determinadas condiciones, emitir fibras o polvo nocivo para la saludy la posible presencia de radón y el “electrosmog” producido por las corrientes electromagnéticas.

Por último, se analizan la calidad acústica de los espacios; los factores climáticos, si la renovación de aire, la protección solar y la humedad ofrecen un clima saludable; y por último la iluminación, si la iluminación natural es suficiente y la artificial adecuada.

¿Qué proyecto o proyectos destacarías especialmente? ¿Por qué?

Acabamos de terminar Casa Mínima, en los Valles Pasiegos (Cantabria), que es una obra que hemos hecho para nosotros, pero con la idea de que sea nuestro Show-Room y que sirva para difundir los principios de la arquitectura que profesamos. En breve, ofreceremos la posibilidad de realizar estancias allí. Quien esté interesado en este tipo de construcción podrá alojarse unos días en Casa Mínima y experimentar cómo se vive en una casa pasiva diseñada con criterios de biohabitabilidad.

Casa Passivhaus en los Valles Pasiegos (Cantabria).

Casa Mínima está en proceso de certificación Passivhaus, con el sello EnerPHIt (Sello Passivhaus para rehabilitaciones). Su demanda de energía es tan reducida que puede cubrirse con una pequeña turbina hidroeléctrica situada en un río cercano.

¿Existe un conocimiento real y extendido entre los profesionales del sector sobre la importancia de la sostenibilidad en la construcción?

Es cierto que cada vez hay más interés, pero nosotros no diríamos que es un conocimiento profundo y extendido. Por la situación de emergencia climática en la que nos encontramos y la importancia del sector de la construcción dentro del cuadro general, deberíamos estar muchísimo más implicados.

Gracias a Helena Aguilar y Juan Ramón Cristóbal por dedicarnos su tiempo y permitirnos conocer su trabajo.

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