Conforme progresa la obra de Damien Chazelle más complicado resultar concretar con rotundidad su posición en torno al éxito y la ambición. Muchos no dudan en que sus películas tratan de cómo hay siempre precios a pagar que son asumibles para conseguir la grandeza, pero siempre aparecen detalles que muestran cómo cumplir los sueños a veces trae miserias. Y cuando una industria termina involucrada, puedes terminar pisoteado por ella con facilidad.

Resulta sorprendente que una de sus exploraciones más deslumbrantes y extremas sobre el tema haya sido la que más ha sido pasada por alto en su momento. Tanto en su estreno en cines (fue un fracaso en taquilla) como en los Premios Oscars, que sólo nominaron la (grandísima) música de Justin Hurwitz y aspectos visuales como el vestuario y el diseño de producción (fastuosos). Que en su paso al mercado doméstico digital empezase a recibir más consideración muestra que ‘Babylon‘ es una película que merecía más.

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Sonidos que matan

Una explosiva odisea a través del Hollywood de antaño, con estudios todavía asentándose para formar lo que entendemos como una industria y las primeras estrellas de cine brillando. Margot Robbie, Brad Pitt y la revelación Diego Calva nos llevan de la mano por este viaje desfasado, lleno de drogas en polvo y mierda de elefante, que desde hoy se puede ver en streaming a través de Netflix.

El recorrido tiene lugar en Los Ángeles, ya aproximándose el fina de los años 20. Calva es un joven y ambicioso chico de los recados mexicano que quiere meter la cabeza en la industria del rodaje de películas, al igual que la aspirante a estrella Nellie LaRoy (Robbie) que busca su hueco entre la depravación y el espectáculo. El cine mudo da alegrías para la actriz y para gente como el personaje de Pitt, pero la llegada del cine sonoro trastocará su situación.

La película de Chazelle resulta más interesante cuanto más indaga en este cambio de paradigma que vive Hollywood por un cambio tecnológico. En esos albores de la industria fue probablemente el último instante donde «chonis» como el personaje de Robbie podían coger los bártulos y pasarse por allí a ver si les caía algo. Los rodajes eran una cosa frenética y sólo medianamente estandarizada. El cine sonoro impuso un nuevo modelo.

‘Babylon’, yendo al pozo

Babylon 2021 Damien ChazelleBabylon 2021 Damien Chazelle

No sólo cerró algunas puertas ya que también abrió otras (aunque también con precios a pagar, como comprueba el personaje del saxofonista de jazz de Jovan Adepo), pero sí que quedaron muchos en el camino. Podría decirse que es el precio a pagar por el progreso, pero Chazelle no se corta a la hora de mostrar el devastador impacto que el cambio tiene en algunas vidas, recuperando la estructura y la idea central de ‘Boogie Nights‘ con una realización propia de un ‘El gran Gatsby‘ ensuciado.

Incluso se atreve ir a pozos de oscuridad que corren el riesgo de desquebrajar la película, aunque esta logra recomponerse en su grandísimo e icónico final. Podría hablarse de ‘Babylon’ como la fea cara B de la más eufórica y elegante ‘La ciudad de las estrellas (La La Land)’.

Chazelle rueda como si el cine se fuese a acabar mañana, con unos movimientos de cámara espectaculares, una fotografía extraordinaria y una dirección de actores pasadísima y desternillante para hacer esto una grandísima y dolorosa comedia sobre un Hollywood en transición. Uno no tan distinto del que se presenta ahora con el streaming y la Inteligencia Artificial. En cierto modo, tiene todo el sentido que el director haga este órdago como si se tratase de la última película que le fuesen a permitir.

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