Fue Catalina de Médicis la encargada de llevar a las cortes francesas la danza clásica que ya se practicaba en Italia, y que en tierras galas adquirió su máximo apogeo. Allí, en los palacios de Francia, se concibieron los primeros argumentos y coreografías, la música, los hermosos decorados y todos los ingredientes que darían vida a la primera función de ballet.

El ballet cómico de la reina realizó su primera función el 15 de octubre del año 1581. Esta primera función resultó ser un éxito, por lo que se abrió paso a más puestas en escena similares, fusionando la danza con las mascaradas y dando así origen al Ballet Mascarada, que luego pasó a llamarse Ballet de Corte.

Con la llegada al trono de Luis XVI el ballet alcanza en Francia su impulso definitivo, puesto que el monarca no solo era un gran aficionado a la danza clásica, sino que también participaba de ella. Abre sus puertas en esta época la Academia Francesa de Ballet, con la debida orientación de Pierre Beauchamps.

Beauchamps es el responsable de crear los códigos universales del ballet. A él se le atribuyen las cinco posiciones básicas de los pies, lo que en la actualidad siendo la base de la danza clásica. Pronto el ballet dejaría de ser una actividad meramente cortesana y sale de los palacios, para convertirse en un espectáculo en sí mismo, escenificado en grandes teatros.

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