No en vano la arquitectura fue conocida por siglos como “la madre de todas las artes”, pues en ella convergen la pintura, la escultura, y su majestuosidad siempre ha sido referencia de progreso y poder a los largo de la historia.

No es de extrañar pues que los gabinetes de gobierno más emblemáticos del mundo funcionen a su vez en grandes obras arquitectónicas, como ocurre con el Palacio de Westminster en el Reino Unido, una obra que fue concebida por Charles Barry y Augustus Welby Pugin, que cuenta con tres torres; una de ellas alberga el Big Ben.

El Palacio del Parlamento de Rumania es uno de los edificios más grandes y más pesados de todo el mundo. Su artífice fue el dictador comunista Nicolae Ceausescu y la obra estuvo a cargo del arquitecto Anca Petrescu, quien inició la construcción de esta obra a mediados de la década de los ochenta, trabajo que se extendió por más de diez años.

Renovado en la década de los noventa por el arquitecto Norman Foster, el Edificio de Reichstag en Alemania es en la actualidad el parlamento de la Alemania reunificada. Su estructura es sorprendentemente moderna, a pesar de tratarse de una construcción neobarroca, diseñada originalmente por Paul Wallot a finales del siglo XIX.

 

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