Jane Austen, la novelista que desbancó a las hermanas Bronte y al propio Charles Dickens como una de las narradoras inglesas más conocidas del siglo XIX, cumplirá doscientos años de su fallecimiento el próximo mes de julio. La creadora de obras como Orgullo y prejuicio y Sensatez y Sensibilidad murió a los 41 años, en circunstancias que aún son misteriosas.

Los dos siglos de la muerte de la controversial escritora, tan interpretada en el cine y en la televisión, reaviva la polémica sobre las verdaderas causas de su fallecimiento y Sandra Tuppen, comisaria principal de manuscritos en la Biblioteca Británica, ya difundió el rumor de un posible caso de envenenamiento.

No es la primera vez que alguien asoma la idea de que la creadora de novelas como Emma murió envenenada con arsénico. La escritora Lindsay Ashford, autora de novelas negras, abordó este tema en La misteriosa muerte de Jane Austen.

La teoría de Tuppen se basa en la evaluación de tres pares de lentes que la Biblioteca Británica conserva. Estos objetos personales pertenecieron a la escritora, y en ellos puede verse cómo varía la graduación de los cristales lo que indica que la novelista sufrió de cataratas, enfermedad que pudo haberse manifestado como consecuencia del envenenamiento por arsénico.

Aunque las hipótesis de Tuppen apuntan a un envenenamiento accidental. Durante aquella época, el arsénico se empleaba como uno de los mejores pigmentos naturales para conseguir hermosos tonos de verde. Extraían la sustancia de las nueces verdes y con ella teñían telas para cortinaje, tapicería y vestidos.

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