Madrid,

Coinciden en la Fundación MAPFRE, una de las instituciones que con más empeño viene descubriéndonos fotógrafos casi desconocidos en España pero relevantes por la universalidad de su obra, dos exposiciones dedicadas a autores que abordaron a fondo en su trabajo la vigencia y prejuicios del racismo, uno en el contexto sudafricano (David Goldblatt) y otra en el estadounidense (Consuelo Kanaga). Además de su compromiso social y su atención a las injusticias, a ambos les une también, como ha apuntado hoy Nadia Arroyo, directora del Área de Cultura de esa institución, una estética alejada de la espectacularidad.

Tras su paso reciente por Barcelona, llega a Recoletos dicha retrospectiva de Kanaga, cuya trayectoria no había sido hasta ahora revisada a fondo ni en nuestro país ni en Europa, pese a que en vida sí alcanzó reconocimiento. Marcó su carrera una mirada dirigida al otro que sufre y su cuidado de la expresividad de los rostros, del lenguaje corporal y del uso de luz natural directa y de marcadas sombras; fue muy consciente, en época tan temprana como la que vivió, del valor artístico de la fotografía y su compromiso fue doble: contra la discriminación racial y por la modernidad artística en su país.

Nacida en 1894 en Astoria (Oregon), dedicó buena parte de su producción a la mujer y a la población afroamericana, inquietudes que probablemente comenzó a cultivar a raíz de su dedicación al periodismo: hija de abogado y escritora, ayudó a sus padres en tareas de edición y redacción antes de incorporarse, en 1915, al San Francisco Chronicle –medio que la convirtió, unos años más tarde, en fotógrafa en plantilla, la primera mujer- y después al Daily News de la misma ciudad. Se adentraría en aquellos momentos en el California Camera Club, donde pudo conocer su primer cuarto oscuro y a Imogen Cunningham, Edward Weston y Dorothea Lange, con quienes compartió una mirada social y amistad: la primera fue para ella todo un referente; dijo que era la mujer más grande que había conocido, generosa, humana y valiente. El descubrimiento de la revista Camera Work de Stieglitz le permitió, además, descubrir la fotografía artística.

Otro colectivo al que se asoció fue f/64, y en su primera exposición, en el M. H. de Young Memorial Museum de San Francisco, también participó antes de documentar distintas luchas obreras, recalar en Nueva York y vincularse a la Photo League. Steichen, con el tiempo, se convertiría en uno de sus mayores valedores y la incluiría en la exhibición “The Family of Man” de 1955, en el MoMA, a la que seguirían otras, ya individuales, en la Galería Lerner-Heller, el Brooklyn Museum (que le brindó una retrospectiva pequeña pero importante y al que donó su archivo de quinientas imágenes) y Wave Hill, Riverdale. Después de su muerte en 1978, formó parte de la colectiva “Recollections: Ten Women of Photography” en el International Center of Photography neoyorquino, y el Brooklyn Museum le dedicó otra antología.

Consuelo Kanaga. Young Girl in Profile, 1948. Brooklyn Museum
Consuelo Kanaga. Young Girl in Profile, 1948. Brooklyn Museum

La que hasta agosto podemos visitar en la Fundación MAPFRE, organizada junto al San Francisco Museum of Modern Art y comisariada por Drew Sawyer, incide en la impronta en su carrera de su labor primera como fotoperiodista (fue tomando imágenes para ilustrar sus reportajes como pudo aprender el oficio, animada por el director del Chronicle) y en sus testimonios del movimiento cultural llamado Nuevo Negro, que se desarrolló en los veinte y los treinta y que supuso un florecimiento de los artistas y escritores negros (Sargent Johnson, Langston Hughes, William Edmondson… a quienes cumplidos textos en las cartelas nos invitan a conocer), pero apeló también a los blancos, demandando su apoyo en defensa de la igualdad; Kanaga respondió a esa llamada. Contemplaremos, igualmente, los retratos que brindó a su extenso e influyente círculo de amistades femeninas, muchas de ellas fotógrafas a quienes inspiró o por quienes se dejó inspirar; es el caso de las citadas Imogen Cunningham y Dorothea Lange, Louise Dahl-Wolfe, compañera de viajes en Europa y África, Alma Lavenson, Tina Modotti y Eiko Yamazawa, su ayudante y luego pionera de la modernidad fotográfica en Japón.

Del mismo modo que privilegió su relación con ellas a la autopromoción, el centro de su trabajo lo constituyeron asuntos humanos: se fijó en la pobreza y las condiciones de vida de los marginados, en quienes eran víctimas del racismo o la desigualdad, sin dejar por ello de indagar en las opciones formales de la fotografía como arte. Sus composiciones dedicadas a ciudadanos afroamericanos han sido las más difundidas y Sawyer ha explicado que es propósito de este proyecto contextualizarlas histórica y políticamente y recalcar su alejamiento de los tópicos, además de su voluntad de estilo; compartió la idea de que toda foto es reflejo tanto del sujeto captado como de los sentimientos del fotógrafo hacia él, y afirmó: Cuando haces una fotografía, en gran medida es una imagen de ti mismo. Eso es lo importante. La mayoría de la gente intenta ser llamativa para captar la atención. Creo que la cuestión no es captar la atención, sino atrapar el espíritu.

Es complicado dilucidar las razones de que haya quedado hasta ahora a la sombra respecto a sus compañeras mencionadas, pero seguramente tendrían que ver con sus empleos a jornada completa, que le obligaban a coger la cámara sobre todo los fines de semana; con la dedicación a sus parejas, por quienes aparcó varias veces su carrera; o por su hallazgo de belleza en motivos en los que solo se esperaba la denuncia.

Cuando haces una fotografía, en gran medida es una imagen de ti mismo.

Consuelo Kanaga. Sin título, década de 1930. Brooklyn Museum
Consuelo Kanaga. Sin título, década de 1930. Brooklyn Museum

Contemplaremos de inicio una selección de las obras que llevó a cabo como fotoperiodista, primero, como dijimos, en San Francisco y luego en Denver y Nueva York. Se trata de escenas urbanas que suelen presentarnos retratos de esa desigualdad, entre ellos el de La viuda Watson (1922-1924) para el New York Journal-American: capta a una mujer enferma de tuberculosis junto a su hijo, pero acentuando la humanidad en sus rostros más que su situación de pobreza, esto es, aquello que tienen en común con todo espectador. Esta, y otras imágenes suyas similares de madres con sus hijos, circularon ampliamente y tendrían mucho que ver con la mirada de Lange hacia su Madre migrante, más de una década posterior a esta obra.

Entre sus fuentes de influencia en aquel momento se encontraba Arnold Genthe, autor de vistas callejeras siempre urbanas; profundizó, en cualquier caso, en el valor de la foto como medio de observación y en el enfoque de la fotografía directa que divulgó Sadakichi Hartmann, alejado del pictorialismo dominante en el cambio de siglo.

Consuelo Kanaga. La viuda Watson, 1922-1924. Brooklyn Museum
Consuelo Kanaga. La viuda Watson, 1922-1924. Brooklyn Museum

En paralelo a esos trabajos, y también tanto en San Francisco como en Nueva York, realizó Kanaga retratos por encargo que le permitían obtener ganancias adicionales y, por ello, mayor libertad: abrió estudio propio en los primeros años veinte y esa labor le posibilitó mantenerse, a sí misma y a sus maridos, en adelante. Sus clientes fueron, sobre todo, gentes adineradas y amigos situados en el entorno de las vanguardias, y en estas imágenes se concedía experimentar con poses, iluminación, recortes e impresiones para alcanzar la expresividad deseada; utilizaba la sobreexposición y la subexposición, manipulando los tiempos, y conseguía efectos teatrales acentuando luces y sombras y jugando con las manos. Para resaltar rasgos, además, viraba impresiones con metales y añadía lápiz o grafito. Si no siempre sus imágenes tomadas como fotoperiodista se conservan, de este género sí nos han llegado negativos y copias.

Consuelo Kanaga. Sin título, hacia 1925. Brooklyn Museum
Consuelo Kanaga. Sin título, hacia 1925. Brooklyn Museum
Consuelo Kanaga. Sin título, década de 1920. Brooklyn Museum
Consuelo Kanaga. Sin título, década de 1920. Brooklyn Museum

Avanzamos antes que Dahl-Wolfe fue su compañera de viaje en Europa y África; aquel periplo lo efectuó en 1927-1928, con el mecenazgo de Albert M. Bender, y le llevó a Francia, Alemania, Italia, Hungría y Túnez, donde visitó museos, monumentos e iglesias y buscó algunas oportunidades de aprendizaje en lo que tenía que ver con las técnicas fotográficas. De ese periodo destaca la serie de imágenes que dedicó a las calles y gentes de Cairuán (Túnez), bañados por una luz del sol que parece conectarlos con la naturaleza y la espiritualidad y plasmados en la cercanía de sus rostros, lo que de nuevo los aproxima a quien contempla; y las que brindó a los artistas expatriados que residían entonces en ese país. Comenzó en África a tomar conciencia del racismo, como escribió a Bender: Estoy harta de ver a hombres y mujeres de color maltratados por blancos estúpidos.

A su regreso a Estados Unidos, daría forma Kanaga a un personal modelo de escenas americanas: celebró en ellas a la gente corriente y las particularidades locales, fijándose ante todo en lo desatendido, desde las arquitecturas y objetos que solían pasar desapercibidos a los trabajadores de oficios comunes, a menudo afroamericanos. En paralelo, y en el marco del mencionado movimiento Nuevo Negro, retrató a aquellos artistas e intelectuales de color en imágenes que venían a celebrar su identidad frente a ataques y al terror racial que se extendería algunas décadas más. Manos (1930), donde une una negra y otra blanca, es la primera foto conservada de esta autora que refleja claramente sus ideas antirracistas y se incluyó en una exposición del Young Memorial Museum de San Francisco en 1932, “A Showing of Hands”.

Consuelo Kanaga. Manos, 1930. Brooklyn Museum
Consuelo Kanaga. Manos, 1930. Brooklyn Museum
Consuelo Kanaga. Kenneth Spencer, 1933.Brooklyn Museum
Consuelo Kanaga. Kenneth Spencer, 1933.Brooklyn Museum

El movimiento obrero fue otro de los polos temáticos de sus composiciones, especialmente tras las crudas condiciones laborales que llegaron con el crack del 29: desde 1935 y en Nueva York, fotografió para publicaciones de izquierdas e, involucrada en la Photo League, defendió la unión de los trabajadores al margen de razas y sexos. Entre los artistas que, en esa misma época de los treinta y los cuarenta, pasaron por su objetivo para ser retratados figuraron Alfred Stieglitz, W. Eugene Smith, Milton Avery, Mark Rothko o el diseñador Wharton Esherick; los veremos en la exposición.

Consuelo Kanaga. Wharton Esherick, 1940. Brooklyn Museum
Consuelo Kanaga. Wharton Esherick, 1940. Brooklyn Museum

En los cincuenta y los sesenta Kanaga volvió a viajar, pero por el sur de su país: continúo retratando a niños y trabajadores afroamericanos, algunos de ellos jornaleros en áreas pantanosas recuperadas para la agricultura (las mucklands); también la marcha por la Paz y la Libertad de 1964. Además, fotografió desde un enfoque abstracto el entorno natural de su nueva casa rural, al norte de Nueva York, y el estanque de su jardín; estas últimas instantáneas pudieron verse igualmente en el MoMA, en la colectiva “In and Out of Focus: A Survey of Today’s Photography”.

Al margen del propósito de la Fundación MAPFRE de reivindicar la producción de fotógrafas poco conocidas a este lado del océano, resulta difícil no emparentar las imágenes de Kanaga con las de otra autora estadounidense, también formada en San Francisco, que hace solo dos años pasó por las salas de KBr, su espacio barcelonés: Carrie Mae Weems, atenta al black power, comprometida con diversos movimientos antirracistas y con la no violencia.

Consuelo Kanaga. Tennessee, 1950. Brooklyn Museum
Consuelo Kanaga. Tennessee, 1950. Brooklyn Museum
Consuelo Kanaga. Two Women, Harlem, hacia 1938. Brooklyn Museum
Consuelo Kanaga. Two Women, Harlem, hacia 1938. Brooklyn Museum

 

 

“Consuelo Kanaga. Atrapar el espíritu”

FUNDACIÓN MAPFRE. SALA RECOLETOS

Paseo de Recoletos, 23

Madrid

Del 30 de mayo al 25 de agosto de 2024

 

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