La transición entre octubre y noviembre tiene algo que atrae al misterio y al horror. Quizás sea por aquello de la ‘Noche de Brujas’ y el ‘Día de todos los Santos’. No se sabe. Lo que sí es seguro es que si específicamente a noviembre se le quiere dar ese cariz oscuro, existe una excusa perfecta: es el mes de natalicio de Bram Stoker, el autor de Drácula.

¿Y por qué no? Siendo Drácula una de las grandes obras por antonomasia de la literatura gótica y de horror, bien merece la pena usar cualquier pretexto para recordar al bueno de Abraham ‘Bram’ Stoker. Su legado se expande más allá de su momento y tiempo, y llega fresco a nuestros días, amenazando con no extinguirse jamás.

Lo dicho, Stoker nació en Clontarf, Irlanda, un mes de noviembre, específicamente el día 8 del año 1847. Fue el tercero de siete hermanos, todos producto de la relación entre Abraham Stoker y Charlotte Mathilda Blake Thornley, cabezas de una familia tanto burguesa como austera y trabajadora que tenía en los libros y la cultura su más preciada fortuna.

El pequeño Bram tuvo una infancia difícil. Muchos problemas de salud le obligaron a permanecer postrado en una cama, recibiendo educación en casa y con su madre alimentando su mente con historias de misterios y fantasmas. No es complicado adivinar de dónde provino gran parte del ingenio del autor.

Al avanzar su edad y superar sus males, Stoker terminaría matriculándose en la Trinity College de Dublín, y allí se graduaría con honores en matemáticas y ciencias en el año 1870. Muy pronto comenzó a trabajar tanto de funcionario como de crítico de teatro. En 1872 empezarían a aparecer sus primeros relatos de terror, La copa de Cristal y La Cadena del Destino, en publicaciones como London Society y la revista Shamrock. En esta última, por cierto, publicó en forma de serie su primera novela, la cual se llamó El Camino de la Primavera (1875).

Como crítico, un buen día una de sus reseñas llamó la atención del histrión Henry Irving (quien, por cierto, actuaba para la compañía de Sheridan Le Fanu, el autor de terror más importante de su época), y éste se lo llevó a trabajar a su lado en Londres en 1878. Allí, además de laborar para Irving, fue crítico en el Daily Telegraph.

Fue en su estancia en Londres cuando Bram Stoker ahondó en su propia obra y se dedicó de lleno a ella. Comenzó con la novela El Paso de la Serpiente de 1890, y no se detuvo más. Entre sus trabajos más destacados están, por supuesto, Drácula, su gran creación, de 1897. También son dignas de remarcar La Dama del Sudario y La Guarida del Gusano Blanco, de 1909 y 1911, respectivamente.

Lamentablemente, más allá de algunas recopilaciones, La Guarida del Gusano Blanco terminó siendo su última novela propiamente dicha. Bram Stoker falleció el 20 de abril de 1912 en la capital de Inglaterra… no obstante, y eso es innegable, dejó un cuerpo de trabajo impresionante.

Drácula (historia que trata el tema de la lucha entre el bien y el mal a través del vampirismo, y que tomó inspiración del príncipe real Valaquia Vlad III) fue en su momento, en palabras de Oscar Wilde, la obra de terror mejor escrita de todos los tiempos, así como la novela más hermosa, una opinión de la que también se hizo eco el gran Sir Arthur Conan Doyle. El próximo 8 noviembre se cumplirán 169 años del natalicio de Bram Stoker, y qué mejor manera habría de recordarlo que desempolvando parte de su historia y su rico legado.

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