
- ¿Cómo y cuándo nace Miquel Lacomba Architects y qué motivación había detrás del estudio en sus inicios?
Miquel Lacomba Architects nace en Mallorca en 1997, con la voluntad de desarrollar una arquitectura muy vinculada al lugar, al clima mediterráneo y a la experiencia emocional del espacio. Desde el inicio, la motivación fue combinar rigor técnico, sensibilidad estética y una manera de proyectar cercana al cliente, entendiendo cada vivienda como algo más que un objeto construido: como un lugar para vivir mejor.
- Vuestra visión habla de belleza y de despertar emociones a través de la arquitectura. ¿Cómo se traduce esa búsqueda estética en decisiones concretas que también mejoren el confort y la eficiencia?
Para nosotros la belleza no es algo añadido al final del proyecto. La luz, la orientación, los materiales, las texturas o el color son decisiones que afectan directamente al confort. Una buena orientación mejora la iluminación natural y reduce la demanda energética; una sección bien pensada favorece la ventilación; un material natural aporta calidez, regula la humedad y mejora la calidad ambiental. Intentamos que emoción, eficiencia y confort formen parte de la misma decisión arquitectónica.
- Estáis especializados en Passivhaus y edificios de demanda casi nula. ¿En qué momento decidís que un proyecto se desarrollará con estándar Passivhaus y qué requisitos consideráis innegociables?
La decisión debe tomarse desde el inicio, incluso antes del anteproyecto. El estándar Passivhaus no se puede “añadir” al final: condiciona la orientación, la compacidad, la envolvente, los huecos, los sistemas y los detalles constructivos. Para nosotros son innegociables una envolvente muy bien aislada, la eliminación de puentes térmicos, carpinterías de altas prestaciones, hermeticidad al aire, ventilación mecánica con recuperación de calor y una estrategia energética coherente con renovables. En nuestra web explicamos estos puntos como requisitos básicos del enfoque Passive House.
- En Mallorca el clima y el entorno imponen condicionantes muy específicos. ¿Qué estrategias consideráis obligatorias para que una vivienda funcione todo el año?
En Mallorca es esencial controlar el sol, no solo captarlo. Hay que trabajar muy bien la orientación, las protecciones solares, las sombras, la ventilación cruzada, la inercia térmica, la humedad y la durabilidad frente al ambiente marino. También es fundamental elegir materiales adecuados al clima: transpirables, resistentes y saludables. Una vivienda debe funcionar bien en invierno, pero sobre todo debe evitar el sobrecalentamiento en verano con soluciones pasivas antes que depender de máquinas.
- Defendéis la bioconstrucción y la vivienda como “tercera piel”. ¿Qué criterios seguís para priorizar salud interior, transpirabilidad e higroscopicidad?
Nos interesa que la casa respire en el sentido constructivo correcto: que regule la humedad, que evite condensaciones y que utilice materiales con baja toxicidad. Priorizamos materiales naturales, reciclables, de baja emisión de COV, morteros de cal, aislamientos naturales como el corcho, madera, piedra y acabados minerales. La vivienda como “tercera piel” significa que debe proteger, pero también permitir una relación sana entre cuerpo, clima y entorno. Esta idea forma parte de nuestra aproximación a la bioarquitectura.
- Ofrecéis servicios muy completos. ¿Qué ventajas aporta al cliente que todo se piense como un único sistema?
La principal ventaja es la coherencia. Arquitectura, interiorismo, paisaje, eficiencia energética, instalaciones, materiales y presupuesto no deberían pensarse por separado. Cuando todo se coordina desde una visión global, se reducen contradicciones, improvisaciones y sobrecostes. Para evitar que el proceso pierda claridad, trabajamos por fases, con decisiones ordenadas, documentación precisa y una comunicación constante con el cliente y los técnicos implicados.
- ¿Existe algún material o sistema constructivo sostenible por el que sintáis predilección?
Nos interesan especialmente los materiales naturales y locales: la cal, la piedra, la cerámica, la madera y el corcho. El corcho, por ejemplo, funciona muy bien como aislamiento natural en el clima mediterráneo, tiene buen comportamiento higrotérmico y una huella ambiental muy razonable. También nos gustan los morteros de cal porque son transpirables, duraderos y muy adecuados para rehabilitación y obra nueva en Mallorca.
- De vuestros proyectos, ¿cuál destacaríais para entender vuestra manera de trabajar?
Destacaría la Puigpunyent Eco-Passive House, una vivienda de 215 m² terminada en 2021 en la Serra de Tramuntana. Es un proyecto que resume bastante bien nuestra manera de trabajar: orientación sur, control solar, envolvente eficiente, ventilación mecánica con recuperación de calor, energía solar y materiales naturales como madera, piedra, cal y corcho.

El objetivo era construir una vivienda contemporánea, eficiente y saludable, pero al mismo tiempo integrada en el paisaje rural de Mallorca. Las decisiones clave fueron la orientación, la sección, la protección solar, la elección de materiales y la coordinación entre arquitectura, energía e interiorismo.
- Si pudierais pedir una cosa al sector, ¿qué herramienta, indicador o métrica os gustaría que se normalizara?
Nos gustaría que se normalizara una medición más completa de la sostenibilidad, no solo basada en consumo energético. Habría que incorporar de forma habitual la huella de carbono de los materiales, el ciclo de vida, la energía incorporada, la salud interior, la durabilidad y la capacidad de reparación o reutilización del edificio. Un edificio sostenible no es solo el que consume poco, sino el que está bien pensado desde su construcción hasta su mantenimiento futuro.
- ¿Creéis que la sociedad y los clientes están suficientemente concienciados? ¿Dónde está el mayor freno?
La conciencia ha aumentado mucho, pero todavía hay una distancia entre querer una arquitectura sostenible y entender todo lo que implica. El mayor freno suele ser económico y cultural: muchas veces se mira solo el coste inicial y no el coste de uso, mantenimiento, salud y confort a largo plazo. Lo que aceleraría el cambio sería más información, mejores incentivos, normativas claras y ejemplos construidos que demuestren que sostenibilidad, belleza y calidad de vida no son conceptos separados, sino parte de la misma arquitectura.
