Las consecuencias del cambio climático cada vez son más evidentes y afectan a muchos y muy diversos aspectos de nuestras vidas. Además del aumento de la temperatura global y la sucesión de catástrofes ambientales, los patrones de precipitación están cambiando, las fuentes de agua se agotan y los ecosistemas acuáticos se ven amenazados. Esta situación es alarmante y pone de manifiesto la urgencia de abordar la gestión del agua de manera más eficiente y adoptar medidas sostenibles que ayuden a preservar este recurso esencial para la vida y el desarrollo humano.

En este sentido, el sector de la construcción juega un rol clave para conseguir una mejor gestión del agua en las ciudades, algo que se puede conseguir con el planteamiento de proyectos de arquitectura sostenible.

Un consumo de agua excesivo

Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de España revelan que, en 2019, el consumo promedio de agua por habitante y día en los hogares españoles fue de aproximadamente 132 litros. Este valor incluye el consumo de agua para diversos fines, como higiene personal, limpieza del hogar y riego de jardines, entre otros.

Según un informe del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de España, el consumo de agua en los hogares se distribuye de la siguiente manera: aproximadamente el 67% se destina al uso en interiores, incluyendo la cocina, el baño y la limpieza doméstica, mientras que el 33% restante se utiliza para actividades al aire libre, como regar y llenar las piscinas.

En este momento en el que muchas regiones europeas ya hacen frente a sequías más frecuentes, graves y prolongadas, debemos ir un paso más allá de las acciones individuales de ahorro de agua y diseñar infraestructuras más eficientes que nos ayuden en ese propósito.

Según recoge El País, un estudio de la Universidad Autónoma de Madrid ha estimado que la construcción de una zona residencial tipo (100 viviendas de 100 metros cuadrados cada una) en España genera una huella hídrica similar a la que se necesitaría para llenar 20 piscinas olímpicas. Este índice calcula el agua utilizada a lo largo del ciclo de vida de un producto, proceso o actividad midiendo la cantidad de agua consumida (directa e indirectamente) y contaminada, teniendo en cuenta los diferentes tipos de recursos hídricos.

En el caso de los edificios, el cálculo de la huella hídrica generalmente se realiza a través del análisis del ciclo de vida, considerando el uso del agua en todas las etapas del proceso de construcción, desde la extracción de materiales hasta la demolición del edificio.

Gestión eficiente del agua desde la arquitectura

La huella hídrica de los materiales de construcción varía significativamente según el tipo de material y los métodos de producción específicos utilizados. No todos los materiales de construcción suponen el mismo impacto: mientras que metales como el aluminio o el acero inoxidable son de los que más agua requieren, materiales naturales como la pizarra, la piedra natural, la arcilla o la cerámica están muy por debajo de su nivel de consumo. En el caso concreto de la pizarra, se trata del material para cubiertas que requiere de menor consumo de agua en su producción. Por tanto, la elección de los recursos que empleamos para construir es uno de los pasos que más atención merecen.

Una vez superadas las primeras fases de construcción, son muchas las estrategias que se pueden implementar para lograr un menor consumo de agua en las viviendas. Es el caso de los sistemas de captación de aguas pluviales para su reaprovechamiento en usos como el riego o el suministro de la cisterna del inodoro. Incluso se pueden incorporar sistemas que recojan el excedente de agua de la ducha, el lavavajillas o la lavadora (las llamadas “aguas grises”) para estos usos.

Propuestas innovadoras en la India para el ahorro de agua

En la India podemos encontrar algunos ejemplos de excelente gestión del agua en el trabajo de estudios de arquitectura especializados. Uno de ellos es Biome Environmental Solutions, un estudio con sede en Bangalore especializado en sostenibilidad y eficiencia hídrica.

Uno de sus proyectos más destacados es la residencia Chari, una vivienda que incorpora sistemas de recogida de aguas pluviales de la terraza, recarga de aguas subterráneas y reciclaje de aguas grises para su reutilización en cisternas y jardinería.

La residencia cuenta con un depósito subterráneo que, cuando se desborda en períodos de lluvias intensas, recarga de agua el acuífero a través de un pozo. Esta acción permite, además de alimentar los acuíferos naturales, controlar las inundaciones urbanas al transportar los excesos de aguas pluviales al subsuelo.

Para las aguas grises —según explican los arquitectos y se recoge en Archdaily — “se emplea un depósito de decantación con deflectores y un biorreactor con tierra, agregados, cultivos bacterianos, lombricultura y plantas seleccionadas. La depuración se realiza mediante adsorción, filtración y reacciones biológicas. Como el proceso es aeróbico, no hay malos olores. Las plantas de la capa superior permiten que la zona de tratamiento se integre en el paisaje existente.”

Interior de la Residencia Chari. Imagen: ArchDaily

Ante el gran desafío del cambio climático, en el que la escasez del agua es un problema cada vez más alarmante, las acciones individuales son importantes, pero no son suficientes para enfrentar sus consecuencias cada vez más notorias. El sector de la construcción debe incorporar las herramientas que brindan los avances en arquitectura sostenible para promover espacios y ciudades que hagan un uso más respetuoso de los recursos. Hacer una buena elección de materiales e implementar sistemas de aprovechamiento de agua en los edificios que diseñamos, como los que propone la residencia Chari, es un gran paso para conseguirlo.

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