Se trasladó a la zona de Las Quince Letras en Macuto para apartarse definitivamente del mundanal ruido de Caracas y comenzar una vida muy particular, que influiría notablemente su labor artística. Se trata de Armando Reverón, uno de los artistas venezolanos más importantes del siglo XX.

Corría el año 1920 y Reverón había adquirido un terreno en el litoral donde crearía El Castillete, una edificación que construyó él mismo y donde viviría en compañía de Juanita Ríos hasta el fin de sus días. Fue su modelo y compañera sentimental y se conocieron en los Carnavales del año 1918, allí mismo, en La Guaira.

Entre los artistas que influyeron en su obra se encuentra el ruso Nicolás Ferdinandov, personaje al que visitaba frecuentemente en su rancho de pescadores en Punta de Mulatos y con el que reflexionaba acerca de los efectos que producía la incidencia de la luz del sol sobre los objetos. El estudio de la luz en la forma y el cromatismo se percibe en buena parte de la obra de Reverón, especialmente en sus marinas y playones.

A lo largo de su vida desarrolló cuatro períodos: el período azul, el período blanco, el período sepia y una etapa final que algunos historiadores y críticos han definido como objetiva, en la que la creación de determinados objetos, como sus conocidas muñecas de trapo, prevalece sobre el trabajo pictórico.

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