El filósofo Andrés de Jesús María y José Bello López fue un escritor, jurista y pedagogo venezolano, que ha sido considerado una de las figuras más importantes del humanismo liberal hispanoamericano, quien tuvo el inmenso privilegio de asistir, en sus 84 años de vida, a la desaparición de un mundo y al nacimiento y consolidación de uno nuevo.

Realizó contribuciones en innumerables campos del conocimiento durante las tres últimas décadas de dominación española de América y así sucesivamente en el período de emancipación de las colonias españolas del nuevo continente, además la gestación de los estados nacidos del proceso de Independencia.

Este personaje tuvo una extraordinaria capacidad para comprender y estudiar desde dentro la verdadera realidad histórica que le tocó vivir. También obtuvo una gran influencia de la tradición inglesa, debido a que en el Reino Unido le tocó formarse filosófica y políticamente.

Bello tuvo el talento de saber trasladar a la esfera práctica su gran erudición en terrenos tan diversos como la filología, lingüística y gramática, pedagogía, edición, diplomacia y derecho internacional.

Por añadidura, aportó a las letras hispanoamericanas, en poemas nutridos de lecturas de los clásicos latinos, una incipiente conciencia autóctona. En su vasta erudición, en su talante político y en su sensibilidad literaria se refleja el ideal del clasicismo europeo, perfectamente aunado a la moderna sensibilidad nacional y patriótica de su tiempo.

Andrés Bello nació en Caracas en la Capitanía General de Venezuela, el 29 de noviembre de 1781. En su ciudad natal residió hasta los 29 años de edad. Sus padres, Bartolomé Bello y Ana Antonia López, no hicieron nada por impedir la voraz pasión por las letras que manifestó desde su niñez.

Después de cursar sus primeros estudios en la Academia de Ramón Vanlosten, pudo familiarizarse con el latín en el convento de Las Mercedes, guiado por la amable erudición del padre Cristóbal de Quesada, que le abrió las puertas de los grandes textos latinos.

A los 15 años, Bello ya traducía el Libro V de la Eneida de Virgilio. Cuatro años después, el 14 de junio de 1800, se recibía de bachiller en artes por la Real y Pontificia Universidad de Caracas.

Fue en aquel año de 1800 cuando se produjo su primer encuentro con un gran hombre, que abrió ya definitivamente los diques de su curiosidad e interés por la ciencia: Alexander von Humboldt, a quien acompañó en su ascensión a la cima del Pico Oriental de la Silla de Caracas, que entonces se conocía como Silla del cerro de El Ávila

Bello pertenecía a una familia modestamente acomodada, él mismo costeó en parte sus estudios dando clases particulares; junto a otros jóvenes caraqueños, figuró entre sus alumnos el Libertador, Simón Bolívar. Conjuntamente de estas actividades, a las que sumaba el estudio del francés y el inglés, Bello se sentía atraído sobre todo por las letras, y comenzó a escribir composiciones poéticas y a frecuentar la tertulia literaria de Francisco Javier Ustáriz.

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