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Londres,

La National Gallery de Londres acaba de inaugurar, el pasado 2 de mayo, la primera gran muestra monográfica en Reino Unido dedicada a Zurbarán, una exhibición histórica que como tal ha sido recibida por la crítica internacional: hasta el próximo verano se instalan en la capital británica algunas de las mejores trazas del naturalismo, la franqueza y la fuerza emocional del barroco sevillano, que después serán celebradas en el Louvre y en el Art Institute of Chicago.

El recorrido se compone de cerca de cuarenta trabajos representativos cedidos por colecciones públicas y privadas, algunas de ellas españolas (destacan el Agnus Dei, pleno de simbolismo y verosimilitudy Cristo crucificado con un pintor del Museo del Prado, y Santa Casilda del Thyssen) y, en un buen número, internacionales. El Louvre ha prestado San Buenaventura en su féretro y Santa Apolonia; del Museo de Bellas Artes de Lyon llega San Francisco de Asís; del Cleveland Museum of Art procede Cristo y la Virgen en la casa de Nazaret, y del Norton Simon Museum, Naturaleza muerta con limones, naranjas y una rosa. La exposición se completa con algunas de las piezas de su hijo y pupilo Juan de Zurbarán.

El maestro nació en Fuente de Cantos (Badajoz) cuando declinaba el siglo XVI; era hijo de un tendero (en buena posición) que debió apreciar pronto su talento, ya que a sus quince años recibió el permiso paterno para formarse con el pintor de imaginería Pedro Díaz de Villanueva en Sevilla.

En esta ciudad, entonces una de las más ricas de Europa y centro neurálgico del comercio internacional por sus conexiones con América, Zurbarán desarrollaría la mayor parte de su trayectoria, trabajando principalmente para las órdenes religiosas de la ciudad y creando retablos y ciclos de pinturas de enorme envergadura e ingenio. Se empleó, igualmente, para mecenas privados e incluso, durante un tiempo y en Madrid, para el rey de España. Tanto en sus composiciones religiosas, mayoritarias, como en sus bodegones demostró ser un agudo observador de la realidad, que supo captar con viveza.

Zurbarán. La Crucifixión, 1627. Art Institute of Chicago
Zurbarán. La Crucifixión, 1627. Art Institute of Chicago
Zurbarán. Agnus Dei, hacia 1635-1640. Museo Nacional del Prado
Zurbarán. Agnus Dei, hacia 1635-1640. Museo Nacional del Prado

La exposición se articula en siete secciones, comenzando por una primera introductoria en la que se adentra al espectador en su visión del mundo y su estilo concentrado y carente de anécdota; de ella forman parte La aparición de san Pedro a san Pedro Nolasco y Cristo crucificado con un pintor, ambas del Prado.

Contemplaremos a continuación una selección de los lienzos que Zurbarán realizó para las numerosas órdenes religiosas de Sevilla, por las que fue cada vez más demandado; podemos mencionar La visión de Alonso Rodríguez, llegada de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Comenzaba a dar pruebas de su destreza en los grandes formatos y en la pintura narrativa, y a atestiguar su inventiva a la hora de conceder estructura y soluciones iconográficas a sus composiciones.

No podía faltar una sala en la que se nos rodeará de vestiduras blancas y canela de texturas increíblemente veristas y originales. El de Badajoz alcanzó una habilidad inmensa al representar a los santos como figuras de nuestro mundo, especialmente a través de la evocación de las telas, los drapeados y los tactos de la lana, el bordado, el cuero o el cordón fino. No conviene olvidar la condición de mercero de su padre, por lo que es posible que el artista desarrollara un gran interés por los textiles desde joven; también se inspiró, sin duda, en las numerosas procesiones religiosas, desfiles y representaciones teatrales que formaban parte de la cultura visual sevillana en el siglo XVII.

En un cuarto apartado iconográfico gana protagonismo la Inmaculada Concepción. Al reunirse en Londres diferentes representaciones del mismo tema en distintos momentos de la carrera de Zurbarán, los visitantes apreciarán cómo este autor se esforzó continuamente por encontrar nuevas formas de evocar emociones intensas a través del pincel.

Zurbarán. Cristo y la Virgen en Nazareth, hacia 1640. Cleveland Museum of Art
Zurbarán. Cristo y la Virgen en Nazareth, hacia 1640. Cleveland Museum of Art

El capítulo Más allá de Sevilla examina las pinturas que realizó para mecenas ajenos a la capital hispalense, con la que nunca perdió el vínculo. En 1634 recibió el encargo más prestigioso de su carrera: una invitación para viajar a Madrid y participar en la decoración del recién construido Palacio Real del Buen Retiro. En concreto, fue escogido para contribuir a la decoración del Salón de los Reinos, en el centro de ese complejo palaciego y muy amplia: de unos treinta y cinco metros de largo y diez de ancho. Para este espacio, Zurbarán llevó a cabo una docena de pinturas, incluyendo una serie centrada en los trabajos de Hércules: el Prado ha prestado para la ocasión Hércules y Cerbero y Hércules y el toro cretense.

Una sexta sala muestra bodegones, incluyendo cuatro del citado Juan Zurbarán. Se cree que Francisco no realizó más de una decena de naturalezas muertas en toda su vida, así que la muestra supone, para los visitantes internacionales, una oportunidad única para descubrir algunos ejemplos notables de su inmersión en ese género, que abordó con tanta austeridad como dignidad y sin recurrir nunca a objetos suntuarios. Por primera vez pueden verse unidos Naturaleza muerta con limones, naranjas y una rosa y Taza de agua y una rosa, de la propia National Gallery. Se ha escrito que esta vasija podría ser una referencia simbólica a la pureza de la Virgen y que la flor remitiría a María como Rosa Mística -en la letanía de la Virgen en el Rosario se habla de ella como vaso espiritual, vaso digno de honor o vaso de insigne devoción-. En todo caso, aquí conmueve, otra vez, la sobriedad: la taza de cerámica blanca, que se muestra con algún defecto de perspectiva, como si esa insuficiencia fuese también modestia, descansa con gracia sobre una mesa. Incluso con delicadeza, como si sus asas fueran extremidades. Una bandeja de plata, material traído de Perú, la refleja levemente en uno de sus bordes, al igual que la rosa que empieza a marchitarse, mientras el fondo oscuro resalta los objetos, favoreciendo su luminosidad.

Sánchez Robayna encuentra en este bodegón una humilitas que no está presente en otros trabajos de Zurbarán; cuente o no con significación mariana, sí posee el sentido hondo de lo cercano, de la calidez de lo cotidiano, sustrato de este tipo de composiciones en el artista barroco.

Culmina el recorrido explorando las pinturas que Zurbarán realizó para la devoción y la contemplación privadas (ha viajado La familia de la Virgen, de la colección Abelló, o El velo de Verónica, del Museo Nacional de Escultura). Su tamaño es menor, pero no su fuerza emocional.

Zurbarán. Bodegón con limones, naranjas y una rosa, 1633. Norton Simon Foundation
Zurbarán. Bodegón con limones, naranjas y una rosa, 1633. Norton Simon Foundation

 

 

 

Zurbaran 

NATIONAL GALLERY OF ART

Trafalgar Square

Londres

Del 2 de mayo al 23 de agosto de 2026

 

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