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Jorge Cáceres, director de Licenciatura en
Letras mención Literatura UNAB.

 El año 2025, el Sistema Nacional de
Bibliotecas Públicas (SNBP) del Servicio Nacional de Patrimonio Cultural
(Serpat) realizó el
undécimo
Concurso Nacional de Bookfluencers
(sí, ¡el undécimo!), contemplando seis
categorías (desde niños hasta bookfluencers medianamente consolidados) y tres
plataformas donde se podían compartir las recomendaciones: YouTube, Instagram y
TikTok.

 

A la par, el mismo año 2025, el Ministerio
de Educación, a través del Centro de Lectura y Biblioteca Escolar (CRA),
organizó la
quinta
versión de la iniciativa Booktubers Bibliotecas Escolares
, concurso abierto
para estudiantes desde el Primer Nivel de Transición hasta cuarto año medio.

 

Ambos concursos tienen por finalidad el
fomento lector y han contado con numerosos participantes en sus diferentes
versiones, sin embargo, lo destacable es la “antigüedad” de ambas instancias:
2015 y 2021, respectivamente. Parece poco tiempo, pero en realidad no es tan
así si consideramos que el fenómeno booktuber explotó recién entre 2011 y 2012,
es decir, solo tres o cuatro años antes del primer concurso organizado por el
SNBP (que originalmente aludía sólo a booktubers).
 

Una de las cosas llamativas es que, pese a
que han pasado más de diez años desde la primera convocatoria, el interés por
estudiar el fenómeno bookfluencer y su impacto en el fomento lector ha sido
escaso a nivel nacional, mientras que en países como España, México y Argentina
se vienen haciendo investigaciones desde hace más de una década.
 

El término bookfluencer (o bookinfluencer)
es muy reciente, y se ha acuñado en el intento de agrupar a las diferentes
personas que publican recomendaciones de libros en YouTube, Instagram y TikTok,
esto es, booktubers, bookstagrammers y booktokers. Como se hace evidente, la
palabra se deriva de la combinación de otras dos, ambas provenientes del
inglés: book e influencer.
 

La primera tiene traducción: libro; la
segunda, en cambio, no cuenta con una traducción sencilla. La RAE propone
hablar de influyente, influidor o influenciador, no obstante, no ha tenido
éxito con estas sugerencias y el anglicismo sigue imperando. De allí que
también se hable de “influencers literarios”.
 

Quizá el término bookfluencer no sea
plenamente aplicable a todos los casos, pero no deja de ser elocuente en varios
sentidos. De partida, el concepto de influencer remite al ámbito del marketing,
entendiéndolo como alguien que tiene la capacidad de influir sobre un público o
sobre un cierto grupo social.
 

Esa influencia se logra, dice Pilar
Muiños Morales
, gracias a una serie de recursos: generar confianza e
identificación a partir de la propia experiencia; contar con habilidades
comunicativas; dominar el tema sobre el cual se crea contenido; tener
reciprocidad con los seguidores; y realizar publicaciones constantes.
 

Los y las bookfluencers comparten esta
serie de rasgos con la generalidad de los influencers, aunque no necesariamente
se mueven por objetivos comerciales. Posiblemente lo que más se destaca en su
caso es la relación afectiva y horizontal que establecen con la audiencia, la
que valora su honestidad y el hecho de que le hablen de igual a igual, no desde
una posición académica o docente.
 

Es cierto que pueden monetizar el
contenido que crean, y que las editoriales pueden valerse de su éxito para
promocionar su catálogo e incluso para invitarles a publicar sus propios
libros, pero eso no siempre ocurre o no siempre es garantía de tranquilidad
económica.
 

La investigadora argentina Victoria
Sáez
ha indagado en las presiones que viven los y las jóvenes que publican
contenido en redes, evidenciando la necesidad que muchas veces tienen de
publicar constantemente para competir por el público y para que los algoritmos
sigan dando visibilidad a sus contenidos.
 

Hoy en Chile existen un número no menor de
bookfluencers. Entre los nombres más conocidos, se puede mencionar a Celso
Iturra (@xelsoi), Javiera Iglesias (@javibookschile), María Ignacia Urzúa
(@te.conlibros), Joaquín Reynaud (@albo_lextura), Antonia Sepúlveda
(@plumademujer), Isidora Bermedo (@isi.bermedo) y Ricardo Carrión. Además, el
interés por comentar libros en redes también ha crecido.
 

Para la quinta versión del concurso
Booktubers Bibliotecas Escolares, el Centro
de Lectura y Biblioteca Escolar (CRA)
informó que se recibieron 2965 videos
a nivel nacional, lo que implicó un aumento de 1100 videos en comparación con
2024.
 

Ello da cuenta del interés por leer y por
promocionar la lectura, lo que es una noticia importantísima cuando sabemos que
los niveles
de comprensión lectora en Chile
están por debajo del promedio de la OCDE.
Ojalá que esos resultados estimulen más estudios sobre el impacto de los y las bookfluencers
en el fomento lector, y que se pueda hacer seguimiento también a los resultados
de los concursos destacados más arriba, cuyos números han ido en alza.
 

Y todo esto a la luz de la actual
regulación sobre el uso del teléfono celular en establecimientos educacionales
,
que es una herramienta muy valiosa a la hora de crear y de leer, observar y
escuchar el contenido literario de redes sociales y plataformas digitales.

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