Uno de los encargos más repudiados en la historia del arte es el del techo y el fresco del Juicio Final en el interior de la Capilla Sixtina, una de las joyas del Vaticano que fue el templo central del papado hasta que el sorprendente complejo de la Basílica de San Pedro quedó inaugurado, muchos años más tarde.

La Capilla Sixtina sigue jugando un papel esencial dentro de las instalaciones de los Museos Vaticanos, no solo es uno de los monumentos más visitados, también sigue siendo la sede oficial del cónclave en el que, cada cierto tiempo, se elige al cardenal que ascenderá al puesto de papa para liderar a la iglesia católica en el mundo, y es motivo de gran admiración por el trabajo de Miguel Ángel.

Miguel Ángel Buonarroti fue, junto a figuras como Leonardo Da Vinci y Rafael, uno de los principales maestros del Renacimiento y asumió el encargo de los frescos de la Capilla Sixtina por obra del papa Julio II, labor titánica que se convirtió en una de las peores pesadillas para el genio florentino, que se juzgaba ante todo escultor y no pintor.

Son muchos los secretos que los críticos e historiadores han descubierto en el techo de la Capilla Sixtina, códigos mediante los cuales el pintor se reveló contra la Iglesia, dejando plasmado que la inteligencia del hombre estaba por encima del poder divino, filosofía que se convirtió en el centro del espíritu renacentista.

Un buen ejemplo de ellos es la representación de Dios envuelto en un manto rojo en el panel de La creación de Adán, mancha que reproduce el corte transversal de un cerebro.

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